Kevin Mancojo

Diario de a bordo

La primera experiencia

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Como ya dije en el otro post, me llamaron para dar una charla motivadora a gente de Aidemar, chicos del centro de Santa Rosalía. Gente con diversos problemas que necesitaba un pequeño empujoncito o una perspectiva diferente.

No fue la primera vez que hablé delante de un público (las locuras del colegio y del insituto no cuentan). Ya tuve otra ocasión en la facultad de una amiga mía que estudia magisterio infantil. No fue nada oficial, pero me llegué a poner mucho más nervioso. Una tarima que te hace parecer más alto (sobre todo en mi caso), un aula bastante grande y tener unas 50 personas delante hace que se realce ese nerviosismo. A pesar de todo pude contarles lo que necesitaban para aquella asignatura que jamás recordaré su nombre. Yo era el ejemplo vivo de lo que estaban estudiando; las adaptaciones y la integración en el aula para una persona con problemas. Y les resulté de utilidad contando mi experiencia escolar. Tal vez algún día haga una entrada de esto, ya os sorprenderé.

Pero volviendo a algo más reciente, a mi charla oficial. Tuve la ocasión de centrarme en algo de lo que me gusta hablar. De mi manera de afrontar la vida. Eso no os lo voy a contar, hoy no. Quiero centrarme en el hecho de la necesidad que tenemos de aprender constantemente, día tras día, para poder seguir adelante. Algunos de estos chicos aprendieron con mis historias (espero que sea así). Y noté en ellos el interés en mí; las caras curiosas, las bocas abiertas como decía en el post anterior, los ojos fijos en mí…

Cuando acabé mi monólogo comenzaron las preguntas, las cuales eran una parte muy importante de aquello. Dudas que tienen constantemente de sí mismos o del resto del mundo… Tener tantas incertidumbres y no poder aclararlas es duro. Así que traté de darles mis mejores consejos para resolverles todo aquello. Enseñarles que se puede afrontar las cosas como lo hice yo a lo largo del tiempo.

Me gustó aquella sensación de haber aportado una pequeña parte de mí a otras personas, cuando yo mismo me compongo de muchas otras que me enseñaron cosas o me aportaron una manera de pensar.

Por fin pude encontrarle un sitio en mi cuarto a uno de vuestros regalos. Gracias.

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