Kevin Mancojo

Diario de a bordo

No hay playa de sobra

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Vuelvo con algo curioso que solo pasa en verano y que curiosamente no se me había ocurrido hasta que una mañana di un paseo y escuché a unas personas en la playa hablar de ello.

Dicho esto, os pongo en situación: a una hora temprana os apetece ir a la playa y os lleváis todo lo necesario, las toallas, sombrillas, las mochilas, etc. Estáis prácticamente solos, salvo una parejita a unos 300 metros al lado izquierdo y al otro lado, a algo menos de distancia, unos padres con su hijo.

Empezáis a disfrutar del baño, del agua, de todo lo que suele hacerse en estos casos hasta que pasa una hora y volvéis al lugar donde habíais dejado vuestras cosas. Ahora entre la parejita y vosotros ya hay un par de viejitos y al otro lado unos adolescentes. Sin embargo, hay mucho espacio aun entre todos los que estáis allí.

Repetimos la acción y ahora, tras otra hora de baño volvéis, o más bien lo intentáis, puesto que se os ha plantado encima de vosotros una familia entera. Las toallas se tocan por completo, las típicas sillas de playa están pegadas a vuestras mochilas y la sombrilla… ¿para qué? La vuestra ya les da sombra de sobra para no poner la suya. La cara de estúpido no os la quitará nadie y las ganas de mandar la familia entera a otro lado os la aguantáis porque si no os acabáis llevando la bronca vosotros.

Os hacéis la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez en esos casos: ¿no tenéis otro trozo de playa que no sea el mismo que el mío? A parte de esta duda existencial, se nos pasan miles de cosas por la cabeza, pero no dejamos que ninguna salga a la luz y sinceramente no sé por qué. Soltarles todo lo que pensamos en ese momento no llega a ser ni una mínima parte de la falta de respeto que han tenido ellos invadiendo la intimidad de esa forma.

Teniendo playa de sobra, sienten esa necesidad de ponerse justo al lado y de verdad que no sé qué les pasa por la cabeza a esas personas. Me ha llegado a pasar en alguna ocasión y otras situaciones que también me han contado y es que siempre hay casos así año tras año. No hay forma de llegar a ninguna conclusión ante algo así salvo la de que no piensan y es que me resulta imposible creer que esas personas se paran a pensar en si molestan o no a la persona que está ahí porque creo que si lo hicieran sentirían esa incomodidad que tiene que dar y no lo harían. A nadie le gusta que le respiren detrás de la oreja sin ni si quiera conocerse de nada.

Por suerte estoy disfrutando el verano sin tener que ir a la playa así que no he sufrido acoso de nadie y espero que siga siendo así.

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