Kevin Mancojo

Diario de a bordo

De nuevo en secundaria

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Hacer una visita de vez en cuando a algunos profesores del instituto sienta bien, sobre todo si hay confianza con ellos y se puede hablar de todo.

Fue este miércoles cuando decidí pasarme por aquel lugar del que saqué buenas experiencias; quise reencontrarme con algunas personas que me dieron clase y en esta ocasión me crucé solo con dos, eso sí, lo aproveché mejor.

El vínculo ya no es profesor y alumno, eso quedó atrás, y lo he notado mucho más esta vez. Ahora solo somos adultos (yo menos que ellos) que plantean sus ideas, opiniones y experiencias. Y lo que más me gusta de esto, es que aún mantienen el interés por mí, como si todavía fuera ese charlatán que daba la lata de vez en cuando. Supongo que en cierto modo se sienten como nuestros padres o al menos, como los que tuvieron parte de responsabilidad en nuestra educación.

Esta vez fui a una hora en la que ninguno de ellos tenía clase, por lo que hablamos largo y tendido. Les conté mis reflexiones, mis proyectos, lo que estoy llevando a cabo actualmente, mis indecisiones y mis decisiones, mi escaso interés por estudiar algún ciclo o grado por ahora… A lo que me respondieron con su opinión y su experiencia. Indudablemente la mejor visita que he hecho hasta el momento.

Creo que merecen esta entrada, sobre todo la profesora que me contó algo con lo que me quedé: “El matrimonio unipersonal”. La frase surgió cuando yo le expliqué que aprendí a convivir con la soledad y ella me relató una pequeña anécdota.

Esas palabras hacían referencia a la típica oración del cura cuando casa a dos personas (está difícil casar a tres): “¿Decides amarla y respetarla el resto de tu vida?” (O algo así preguntaba). En cuanto me lo dijo, mi cerebro lo comprendió todo; era una manera de decir que primero te tienes que querer a ti mismo, respetarte y serte fiel, algo que para muchos es difícil y que yo he tenido la suerte de haber aprendido.

No quiero explayarme con esto porque ya tenía pensado escribir una entrada de una manera más extensa. Pero al menos ahora podré iniciarla de una forma más curiosa y con algo más personal.

A partir de ahora, le daré uso de vez en cuando a su frase. Gracias por haberla compartido conmigo.

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