Kevin Mancojo

Diario de a bordo

Capítulo 1: El fin

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No sé dónde estoy, acabo de despertarme. Lo último que recuerdo es que me empujaron hacia el interior de una furgoneta. Y encontrarme atado de pies y manos a una silla de madera no hace que me sienta especialmente seguro.

Creo que estoy en alguna planta de algún edificio abandonado; la mayoría de las ventanas están rotas y todo a mi alrededor está despejado, salvo una mesa metálica frente a mí con un arma sobre ella.

El vacío de este lugar hace que todo parezca inmenso. Siento mi corazón acelerado, como si quisiera salirse de mi pecho. El sudor corriendo por mi frente lo empeora más aún. Los nervios crecen desmesuradamente cuando comienzo a oír gritos y disparos. El eco que provoca este lugar aumenta la sensación de peligro. Parece que todo está sucediendo debajo de mí.

Trato de calmarme a pesar de la situación, cierro los ojos y respiro profundamente. Necesito pensar con claridad. Forcejeo para liberarme de las cuerdas que me tienen atado, pero no consigo más que hacerme daño. Solo se me ocurre balancearme en la silla, tal vez tenga la posibilidad de que se rompa. Hacia un lado… hacia el otro…

Vuelven a aflorar los nervios; no se ha roto. Ahora incluso estoy más limitado, apenas puedo moverme.

Encima, los disparos no cesan. Espero que sea la policía porque oigo sirenas fuera.

Por debajo de la mesa veo cómo se abre una puerta de emergencia al fondo. Solo consigo ver unos zapatos caros y elegantes, no logro ver nada más desde aquí abajo. Se acerca cada vez más, viene hacia mí. Trato de erguir la cabeza para verle la cara, pero todavía está lejos.

Mi pecho empieza a arder. Siento como todo mi cuerpo tiembla. Cada paso que da retumba en estas paredes y con cada uno de ellos me pongo más histérico.

El arma encima de la mesa… seguro que la cogerá y me matará.

Ya está, ya logro verle el rostro. Es uno de ellos. No cabe duda… todo esto tiene que ser por lo que pasó hace una semana.

-¿Listo?- su tono frío, al igual que su mirada, no muestran piedad para asesinar a un chico tirado en el suelo. La pistola me apunta directamente a la cabeza, miro a ambos alternativamente, tratando de prever cuando va a disparar.

-¿Por qué?- pregunto intentando mostrarme seguro, aunque sea en balde. Alguien como él sabe lo que hay en estas situaciones.

-Lo sabes, no creo que sea necesario explicártelo- a diferencia de mí, no tiembla. Su pulso es firme y tiene claro lo que tiene que hacer-. Cuanto antes lo haga, mejor- parece que aquí acaba todo.

 

Capítulo 2: La noticia

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