Kevin Mancojo

Diario de a bordo

Capítulo 2: La noticia

Deja un comentario

UNA SEMANA ANTES

-¿Lo has terminado ya?- pregunto en un susurro a mi amigo Víctor al verlo en la biblioteca.

-Casi, me falta pasar unas cosas a limpio.

-Después hay que hacer otra redacción. Desde que llegó este sustituto, no hemos acabado una y ya nos manda otra- mi voz refleja algo de rabia; hacer trabajos constantemente agota.

Estudiar periodismo es un no parar: debemos hacer un análisis exhaustivo de los artículos que nos da, y es una dificultad añadida cuando encima nos obliga a analizar casos antiguos. En otras asignaturas debemos escribir un artículo de opinión o un comentario de texto sobre alguna noticia.

La parte divertida viene cuando hacemos entrevistas o presentaciones en directo, entre muchas otras cosas que no tienen ni punto de comparación.

-Lo sé… Empiezo a odiarle un poco- su resignación es clara-. Espero que no se quede mucho tiempo, no sé cuánto tardaría mi cabeza en explotar.

-Vamos hombre. Se supone que esto nos gusta, ¿no?- trato de animarlo, aunque parece inútil. Su mirada desesperada y vacía está fija en el montón de folios que tiene encima de la mesa.

-Eso creía. Tal vez esto no sea lo mío- ya no es susurro lo que suena, es tristeza.

-Mira, para la siguiente redacción te ayudo, ¿te parece?- más positivo no puedo sonar y menos en una biblioteca.

-Bueno… si me veo agobiado te llamo- alza la cabeza y me mira a los ojos con esfuerzo.

-De acuerdo- le sonrío con intensidad-. Ahora te dejo que pases eso a limpio. Luego nos vemos- me giro y camino hacia la salida. Aún trato de mantener mi mirada fija en él

-Vale- su mano se levanta para despedirse, pero lo hace con desgana.

 

-Supongo que ahora sí has acabado- estamos en clase esperando al profesor. Víctor está a mi lado bastante más animado.

-Sí- una sonrisa de oreja a oreja me demuestra que algo sucedió durante mi ausencia.

-¿Qué ha pasado? Esto no es cosa mía, mis palabras no fueron tan motivadoras- me entra la curiosidad y me muestro insistente.

-Cuando te fuiste, una chica se sentó a mi lado- creo que si no fuera porque estamos en el aula con los demás alumnos, estaría gritando de alegría.

-¿Y qué pasó?- consigue transmitirme su euforia y empiezo a sentirme igual de feliz.

-Nada.

-¿Cómo que nada?- el mundo se me acaba de caer encima. Me siento como un cristal que se acaba de resquebrajar.

-Solo me sonrió. ¿Sabes cuánto tiempo llevo sin…- el silencio surge de golpe. Víctor ni siquiera puede terminar la frase.

El profesor va al escritorio, coloca la chaqueta del traje en el respaldo de la silla, deja su maletín en la mesa y se ajusta la corbata.

-Hoy os traigo otra noticia que debéis analizar- inicia un paseo para repartir un folio a cada uno que ha sacado de su maleta.

Cuando llega a nosotros, me mira con firmeza, mostrando una leve sonrisa llena de intriga. Bajo la vista hacia el artículo y…

-¿Alex?- oigo murmurar a Víctor. Apenas capto su voz, suena muy lejana a pesar de estar a unos escasos centímetros- Alex, ¿me oyes?

Una sensación de vacío acaba de apoderarse de mí, como si no existiera nada más a mi alrededor. Me siento rígido como una piedra, cada uno de mis músculos está tenso. Mis ojos abiertos como platos.

-Vamos, Alex. Estoy aquí- su voz todavía sonaba distante-. Eso fue hace cinco años. Lo superaste- noto su mano en mi hombro. Me agita levemente para traerme de vuelta y, con dificultades, lo consigue-. ¿Estás bien? ¿Quieres que nos vayamos?- estoy en clase nuevamente, aunque muy desconcertado y confuso.

-No, no te preocupes- dirijo mi mirada hacia él y sonrío levemente-. Me he acostumbrado a vivir con mi abuela desde que murieron mis padres en aquel crucero. Además, eso fue hace mucho tiempo.

Me encuentro desolado, como si apenas sintiera todo lo que me rodea. Mi cabeza no para de darle vueltas al asunto, me atormenta esta extraña situación.

Cuando por fin es la hora, Víctor insiste en llevarme en coche hasta mi casa; solo son 15 minutos andando, por lo que me niego. Posiblemente la caminata me relaje y me sirva para aclarar mis ideas nuevamente.

-Tú sabrás- dice apenado.

-No te preocupes, gracias- nos despedimos.

 

Algo no va bien. La silenciosa oscuridad de la calle iluminada por la tenue luz de las farolas, junto al aire fresco, debería de haberme despejado la mente, pero tengo una extraña sensación. Sigo incómodo, ahora incluso me estoy poniendo nervioso. El paseo no ha sido una buena idea. Mis pasos se aceleran. De vez en cuando hecho un rápido vistazo hacia atrás, solo hay una calle desierta.

Es tarde y quiero llegar a casa cuanto antes. Solo me quedan unos pasos. Necesito atravesar esa puerta que me hará sentir seguro.

-¿Qué sucede, hijo?- mi abuela sale lo más rápido que puede de la cocina al oír el portazo que doy.

Respiro fatigado apoyando una mano en la pared. Doy fuertes bocanadas de aire y me relajo para tratar de responder.

-Creo que…- respondo entrecortadamente-, creo que alguien me sigue.

 

Capítulo 3: El accidente

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s