Kevin Mancojo

Diario de a bordo

Capítulo 5: La verdad

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Mi abuela preguntó desde el salón qué había ocurrido, le dije que solo se me cayó una cosa. No quise que viniera, logré averiguar algo y ya podía dar un paso hacia adelante en todo este asunto sin entrometerla.

En aquel hueco había dos sobres. Saqué uno de ellos, no tenía remitente ni destinatario. Lo abrí con cautela. Contenía una carta escrita a mano; era la letra de mi padre. Me puse tenso, muy tenso. No creí lo que estaba viendo, desconocía todo lo que estaba averiguando al leer esto. Al menos, ahora había cosas que cuadraban. Comprendí por qué antes de venir a vivir aquí nos mudábamos tan a menudo y también entendí por qué me dejaban con el tío Johnny cada vez que hacían un viaje. No era porque a papá le mandaran a trabajar a otra ciudad o porque quisieran tomarse unas vacaciones. Había otra razón… en realidad era espía. Bueno, eran; supuse que en el otro sobre iba a encontrarme con lo mismo, pero de mi madre. En ambos ponían su verdadera profesión y sus últimos deseos en caso de morir en alguna misión.

Si llego a tener algo donde reflejarme, hubiera visto lo pálido que estaba en aquel momento. Me sentía muy inquieto cuando averigüé lo que mis padres eran en realidad. Mi vida cambió en ese instante. Parecía estar dentro de una película de acción. Me quedé paralizado unos minutos con la mirada perdida hasta que me llamó Víctor al móvil.

-Alex, según mi padre, hay cuentas bancarias fantasmas que ha podido relacionar con tus padres- me explicó en cuanto cogí el teléfono-. Dijo que ha sido muy complicado, tuvo que remover cielo y tierra, incluso llamar a un muy buen amigo informático de esos frikis porque creyó que algo no cuadraba en todo esto. Hubo una época en que, tanto tu madre como tu padre, desaparecieron al acabar el instituto más o menos y años más tarde volvieron al mundo real por decirlo de alguna forma- no pude responderle, hubo un silencio que se hubiera hecho infinito de no ser porque me preguntó si estaba bien. Le conté lo que descubrí yo y empezamos a hilar todos los cabos que había.

-Podríamos preguntar en el departamento para ver quién es en realidad el profesor- Víctor y yo estamos ya en la entrada de la facultad. Yo sigo bastante ido, todavía me cuesta digerir todo este asunto. Me resulta difícil incluso pensar con claridad.

-Sí, vamos.

Al llegar nos encontramos con el jefe del departamento. Le preguntamos, pero no hay nada fuera de lo normal; nos dice el nombre, su formación y varios detalles que, al parecer formaban parte de una identidad falsa. Supongo que eso es lo normal entre espías.

-A lo mejor no es más que un sustituto- piensa Víctor.

-Imposible; la noticia del accidente, la sonrisa llena de intriga, la sensación de que alguien me sigue…- fue mi conclusión tras saber lo de mis padres- Sin duda es cosa suya- trato de mantener la mente despejada lo mejor que puedo para llegar al final de todo este follón.

-¿Qué hacemos entonces?- pregunta vacilante.

-No estoy seguro…- mi mente está en mil cosas a la vez: pensando en la mentira que me ocultaron mis padres, en qué hacer a continuación, en cómo resolver este lío.

Comienzo a caminar absorto y Víctor me sigue, observándome minuciosamente como si previera algún desmayo o mareo. Vamos por el pasillo que conecta el departamento con una de nuestras clases. Pero a mitad de camino ocurre algo.

-No estoy seguro- Víctor, que parece escuchar algo que yo no, se para en seco y al darme cuenta me detengo.

-¿Qué ocurre?- pregunto sorprendido. Él se pone el dedo en los labios, indicándome que me mantenga callado. Se acerca a una puerta opaca y pega el oído a ella. Lo observo con curiosidad y lo imito.

-Creo que el chico no sabe nada- se oía levemente a alguien, que al parecer hablaba por teléfono, pues no había una segunda voz que respondiera-. Es por eso que quiero seguir aquí. Necesito averiguar si de verdad lo ignora- surge un pequeño silencio-. Claro, pero eso todavía no hace falta, no hemos llegado a ese punto- de nuevo no se escucha nada-. ¡No!- la exclamación ahogada traspasa aquella puerta con fuerza y de nuevo se apodera el susurro- Ni loco me gusta este papel. No me gustan estos chavales ni nada de lo que a la facultad concierne, pero no quiero que… De acuerdo- no pudo terminar la frase, tal vez la otra persona le haya interrumpido-. Pues lo haremos a tu manera si no consigo nada hasta mañana- la voz parece ceder con desgana ante la propuesta del otro. Víctor y yo sentimos como la conversación acaba y nos alejamos silenciosos, pero a toda velocidad de allí. Cuando nos sentimos seguros nos paramos, nos miramos y decimos a la vez:

-¡Era la voz del profesor!

 

Capítulo 6: El plan

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Un pensamiento en “Capítulo 5: La verdad

  1. LOS CORAZONES BLANCOS DE 1ºG

    Kevin acabo de leer tu comentario de la clase del lunes 3, me imaginaba que habrías expresado por escrito lo inexpresable vivido ese día. Este comentario te lo estoy queriendo hacer desde ese mismo día, pero no he podido sacar el tiempo y la tranquilidad que requería el sentarme a escribirlo y revivir esa hora.
    Para mí entrar a cada una de estas clases es muy enriquecedor porque nunca sabes qué va a salir, puede que no hagas nada de lo programado, ni plan A, ni plan B… pero lo que sí sé es que siempre mis maestros de 1ºG me van a enseñar a evolucionar de la manera más rápida que jamás habría pensado.
    La clase empezó más o menos en la tónica de siempre, pero a raíz de tus comentarios sobre su comportamiento y lo que vino después con tu pregunta;¿ Quién ha perdido un ser querido? Todo lo que allí se vivió no tiene precio, al igual que tú, yo era la persona más feliz del mundo porque pude hacerles ver a esos corazones blancos que todos estábamos en un mismo nivel, que éramos iguales y que nuestros corazones estaban empatizando como nunca lo habían hecho, se rompieron todas las jerarquías y las autoridades, y por una vez se sintieron iguales a todos.
    Yo lucho cada día por sacar lo mejor de ellos , porque desde el primer día sé que merecen la pena pero que la vida no los ha tratado como se merecían y esos corazones blancos llevan muchas grietas y heridas a pesar de lo jóvenes que son. Creo que esa es la base para poder entenderlos, aunque nos cueste mucho trabajo y no siempre tengamos la fuerza necesaria
    Sé que son mis maestros de este año y a los que les estoy muy agradecía, y sobre todo por los que seguiré luchando y dándoles lo mejor de mí.

    Juana

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