Kevin Mancojo

Diario de a bordo

Un final feliz

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Es alucinante los avances que hacemos los seres humanos apenas en unos pocos días, en cuatro para ser exactos.

Llevaba toda esta semana haciendo un curso sobre las técnicas de expresión y comunicación (fue el motivo de no haber publicado casi). Ya lo hice hace unos meses, fue por lo que inicié en las charlas, pero quise repetir, nunca sienta mal volver a recordar algunos trucos.

En esta ocasión el profesor tuvo un gran reto, uno que encima llegó un día más tarde que los demás. La primera vez no hubo un caso tan extremo, pero supe que él iba a buscar la forma de que el alumno superara la timidez. Los detalles de mirar hacia abajo, de mantener una postura muy estática y rígida y de no usar las manos, eran síntomas claros de la incapacidad de comunicarse debidamente con los demás. Todos nos dimos cuenta de ello.

Con cada ejercicio que fuimos haciendo, había una mejoría en este alumno: las miradas se repartían por todo el público (nosotros), las manos empezaron a moverse y las palabras empezaban a salir poco a poco. Las veces que él salía, se creaba un ambiente expectante, todos nos callábamos y esperábamos con qué nos podía sorprender.

Hoy lo hizo… hoy nos dejó con la boca abierta a todos, con ganas de escucharle durante la hora y media que quedaba de clase. Se convirtió en el mejor con el lenguaje no verbal; los movimientos tan gráciles y sutiles lo transformaban en algo mágico. Sentimos como lo que nos contaba era algo que le encantaba de verdad, tanto que al final le gustó estar delante de nosotros y hablarnos sobre otros detalles.

Sinceramente, resultó indescriptible aquel momento. Creo que era de esas cosas en las que hay que estar presente para sentirlo. Posiblemente hablo por todos cuando digo que cada uno de nosotros se sintió muy orgulloso por su logro en estos escasos días.

El último día de este curso ha sido verdaderamente alucinante. Necesitaba escribir sobre esto porque ha sido lo que más me ha marcado en esta semana. Supe que iba a haber progresos, pero no esperaba que me dejara embobado. Y sin embargo, podría escuchar a aquel chico durante el tiempo que él estuviera hablando…

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