Kevin Mancojo

Diario de a bordo

Días negros

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Tenemos los días claros, preciosos y llenos de luz que nos ofrece el sol. Esos días en los que nos sale una sonrisa de oreja a oreja por nada, porque simplemente sale y ya está. Son momentos en los que atravesaríamos cualquier muro sin importarnos lo que haya detrás, a ciegas. Abriríamos una puerta tras otra, dejándonos sorprender por lo que pudiera venir. La alegría nos inunda por completo y nos sentimos llenos, capaces de enfrentarnos al mundo nosotros solos porque creemos en nuestras capacidades.

Pero luego aparecen los días negros… y no llegan lentamente, llegan de golpe. Impactan contra nosotros, nos golpean, como si en una pelea recibiéramos el puñetazo decisivo que nos noquea. Como si una ola gigante chocara contra nosotros, como si fuera nuestra peor pesadilla y nos despertara de repente. Como si alguien pusiera el freno y el mundo se detuviera mientras nosotros… nosotros nos caemos de morros. Con toda la cara al suelo, sin tiempo para reaccionar para evitar la caída.

Una buena hostia, eso es lo que nos llevamos. Y encima en medio de la tormenta, de la oscura tormenta; rayos impactando cada segundo cerca de nosotros, atemorizándonos constantemente: uno y otro, uno y otro… Solo nos queda permanecer quietos mientras nos acurrucamos y temblamos de miedo, sin saber qué hacer. Sin ver salidas. No podemos verlas porque cerramos los ojos, creemos que es un sueño y apretamos más los párpados para intentar despertar, nos esforzamos en ello, pero no hay forma. Es imposible; la pesadilla es real, el miedo lo es. Sinceramente, todo forma parte de la realidad a pesar de resultar tan inverosímil.

El sol que nos daba alegría, desapareció. El último rayo de luz se marchó y nos quedamos indefensos, al igual que una cría abandonada por su madre… Las patas le tiemblan de miedo, de inseguridad, de impotencia… La tormenta es demasiado grande y oscura como para poder avanzar sola. Hay una parte de la criatura que se ha ido y lo siente, lo siente en el alma. Como aquel que arranca los preciados pétalos a la margarita. Una vida sin vida…

Días negros, porque aquello que nos nubla, nos arrebata la más tenue luz.

No hay que olvidarlos; esos sentimientos nocivos, ese dolor, significan que seguimos vivos. Vivos para aprender de ello y para que pasen los días, volviendo a ver el sol para llenarnos de valor. Y aunque esos momentos de gloria nos lo pueda arrebatar la tormenta, ya habremos dado un paso al frente, pues ya sufrimos por algo que al final quedó atrás y que nos demostró que, a pesar de todo, supimos levantarnos cuando nos dimos de bruces contra el suelo. Solo hay que recordar que nosotros tenemos la luz de aquella estrella a la que llamamos Sol dentro de nosotros y que podemos utilizarla siempre.

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