Kevin Mancojo

Diario de a bordo

La triste navidad

2 comentarios

Dado que estamos en navidad voy a dedicar una entrada a estas fechas. Posiblemente algunos, tras dar mi opinión, me comáis, me queráis pegar un bocado en la yugular, pero me da igual. Seguro que al final algunos hasta compartiremos la misma idea.

No sé ni desde cuando he dejado de sentir ilusión por estos días en los que estamos. Tal vez desde que me empezó a dar igual lo que me regalaran mis padres. Algo que para ellos fue difícil; ¿qué regalar a alguien que le da lo mismo lo que le compren? Tiene sus ventajas, con cualquier cosa me conformaba, pero también hacía que fuera más extensa la lista de posibles regalos.

Según he ido creciendo, he ido tomando una idea de lo que es la navidad, al menos para mí. La tele me ayudó con ello;  constantemente había anuncios de juguetes, colonias, ropa… Era una sed insaciable para todas aquellas empresas y sigue siéndolo. Es más, recuerdo haber visto un rato la televisión por finales de octubre y ver esos típicos anuncios. Si siguen así empezarán en verano para que el ansia nos coma por dentro durante varios meses.

Yo no entiendo de marketing, pero es más que evidente que de una manera u otra este sector se abalanza sobre nosotros como un manto oscuro. Es como si nos metieran en el saco de Papá Noel y estuviéramos rodeados de todas esas cosas que nos gustaría tener. Miremos donde miremos habrá algo llamativo que nos susurre al oído: “cómprame…”. Y no hace falta que sea para nosotros, puede ser para algún otro familiar o algún niño o para varios. Sea como sea, el subconsciente nos hace una mala jugada y en mi opinión, todo por culpa del marketing, supongo que ese es el objetivo que tienen. Nos van metiendo en la cabeza que es hora de comprar, ya ha llegado la navidad y toca buscar regalos.

Lo absurdo de esto es que se convierte en un compromiso y eso lleva a que hagamos las cosas sin corazón. Esto es exactamente lo contrario al verdadero concepto de la navidad. Para empezar, no creo que haga falta quedar con la familia solo en estas fechas. Más me gustaría a mí tener familia cercana a mí pueblo para poder verlos más a menudo. Y lo mismo ocurre con los regalos, ¿tan difícil es hacerle un detalle a otra persona en otra época del año? ¿Qué hace que estos días sean diferentes a los días de verano por ejemplo? ¿Las luces que vemos en las calles? ¿Acaso no hay campos de flores que también nos dejan con la boca abierta en primavera? Sean los adornos, sean plantas, sean los rayos de sol, sea lo que sea, todo ocurre a lo largo de los 365 días que tiene un año ¿y le damos más valor a estas fechas? Y encima un valor imaginario porque como dije, todo acaba en un simple compromiso.

No por ser navidad debemos aparentar ser mejor personas. Si alguien no nos agrada, no nos agrada y punto, no debemos ponernos la máscara de la hipocresía. Con mantener distancias llega.

Sinceramente, estos días solo lo pueden alegrar los niños; su ilusión, sus caras de sorpresa, su inocencia. Y justo por esto último, la inocencia, es por lo que nos sacan sonrisas a los adultos. Ellos todavía no ven lo que nosotros vimos tiempo atrás.

Decidí dejar de creer en Papá Noel para creer en mí y tomar mis propias decisiones. El día que me apetezca haré un regalo a quien a mí me plazca. Y disfrutaré de las luces y los villancicos igual que disfruto del resto del año.

Debemos disfrutar de cada día y no de unos pocos. Debemos sacar sonrisas siempre y no solo ahora.

Felices fiestas a todos.

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2 pensamientos en “La triste navidad

  1. Bastante de acuerdo en casi todo lo que dices, pero quería matizar algunas cosas. En mi opinión, la navidad ciertamente se ha convertido en un monstruo del marketing que nos obliga a comprar como descosidos regalos por compromiso, pero también es verdad que a veces queremos hacer un regalo a cierta persona, y nos esperamos a esos días para dárselo, por tradición. Creo que el tema regalos está muy bien siempre y cuando sea una excusa para hacer un detalle especial a nuestros seres queridos, pero se pervierte cuando son regalos hechos por hacer, sin cariño. Lo mejor de hacer un regalo, sea en navidad o en pleno Agosto, es ver la cara de felicidad e ilusión de quién recibe el detalle.
    Lo mismo vale para las reuniones familiares, se deben hacer por que quieres y no por que debes. Si por situación geográfica solo podéis juntaros una vez al año, pues que sea en navidad si queréis, me parece perfecto. El problema es cuando vivimos un tiro de piedra y nos juntamos en navidad “por que es lo que toca”. Si uno no quiere juntarse con alguien, no lo hace, y si disfruta de la compañía de esas personas debería verlos siempre que pueda.

    • Gracias por el comentario. Y sí, por supuesto hay que hacer las cosas porque uno quiera, porque le sale de dentro y no porque es lo que toca como bien dices. Cuando uno hace algún detalle por gusto no se arrepentirá de ello.
      Felices fiestas

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