Kevin Mancojo

Diario de a bordo

Aprendiendo a andar

4 comentarios

¿Cuánto tiempo llevo sin contar algo de mi infancia? Esta memoria mía… algún día me pasará factura.

Me apetecía preguntaros algo, tal vez os resulte estúpida la pregunta, pero en breves lo entenderéis: ¿cuántas veces habéis aprendido a andar? Sin contar las operaciones que posiblemente hayáis tenido o algún tipo de lesión, supongo que una, ¿verdad? Cuando eráis pequeños.

Pues bien, yo tuve que aprender… ni idea la cantidad de veces. Que me hicieran una pierna artificial por año (por aquello de crecer y tal, aunque yo no haya crecido mucho) daba para aprender a andar cada vez que eso sucedía. Adaptarme a una nueva siempre era difícil las primeras semanas. Había dolores por un lado, roces por otro, problemas con la articulación (la de la pierna lógicamente), la posición del pie que, si estaba mal ajustado, hasta podía darme el porrazo del siglo.

Encima llegaron un par de años en los que se hacían pruebas; que si una nueva articulación, que si un nuevo modo de agarre, que si un pie de carbono o yo que sé de qué material era, pero tenía que ser resistente (esto fue porque me cargué todos los anteriores con mis acrobacias y payasadas). En estas ocasiones era cuando más notaba los cambios y donde sin duda tenía que aprender a caminar de nuevo. Pero aquellos que ya me conocéis os estaréis imaginando que era otro reto más que tenía que superar en mi vida y sí, estáis en lo cierto (que bien me conocéis).

Por suerte me acostumbré rápido a esta última que me hicieron, que además debe resistir varios años en comparación a las anteriores, salvo que seas yo, acabes mojándola en el mar y la dejes tan destrozada que un día de estos se desmontará sola.

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4 pensamientos en “Aprendiendo a andar

  1. Cada vez las hacen mejores, mi padre tuvo que utilizarlas, es un mundo de paciencia y con mi corazón en un hilo, porque es cierto, el porrazo es de categoría, en realidad nada serio pero aparatoso y sé que la paciencia es lo que se necesita para poder sentirse seguro, y en tu caso ya desde niño, pues me imagino que muy mosqueado diría yo, pero ya ves, aquí estás y me alegro que a pesar de todo hay tanto por lo que sonreir y crecer en esta vida.

    • Sí, la verdad es que es una lata. En lo que piensas casi todo el rato es en el final del recorrido, cuando ya todo es normal y no hay ningún problema. Pero llegar hasta ahí se necesita paciencia como dices tú. Yo me fui acostumbrando poco a poco como todo en esta vida 🙂

  2. Eres todo un ejemplo de superación, pero lo que más me gusta es con el humor que tienes. ⭐

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