Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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Pueblo duerme

Ayer fue el cumpleaños de un amigo mío y le hicimos una fiesta sorpresa. Todo salió de lujo, incluso se nos emocionó porque no esperaba nada de nada y encima conseguimos reunir unas 20 personas (algo difícil cuando hay carreras y trabajos de por medio).

Tras picotear, sacar los regalos y comer tarta, me apetecía jugar al pueblo duerme, un juego de cartas que es jodidamente entretenido. Para aquellos que no sepan de que va, aquí la explicación (os advierto, soy malo explicando el maldito juego a pesar de ser fácil):

Tiene que haber más o menos unas 10 personas y alguien que haga de “madre”. A cada una las personas que juega se le reparte dos cartas (nadie puede ver las de los demás), pero antes se debe decidir qué carta va a ser la que designe al asesino o asesinos, esto ya depende de la cantidad de participantes que haya (nosotros usamos el as). Una vez hecho el reparto, la “madre” da unas consignas: “pueblo duerme” y todos cierran los ojos. “Asesinos despiertan” y los que lo sean abren los ojos, señalan a un jugador para “asesinarlo”. “Asesinos duermen, pueblo despierta” y todos abren los ojos. La “madre” dice a quién han asesinado, la víctima debe levantar una de las dos cartas (se elige por mayoría) y comienza el debate, pues se empieza a buscar al asesino.

Aquí viene lo divertido, ya que es donde se involucran las dotes de cada uno de los asesinos para mentir, disimular, culpar, etc. y evitar que lo cacen. Yo personalmente no es que sea muy bueno, aunque en la última partida me cargué a unos cuantos. Luego teníamos a un amigo que cazaba a todos los asesinos, tenía tan buen ojo que terminamos por matarlo constantemente. Y la verdad es que es una chulada de juego porque influyen muchísimas cosas y se discuten miles de tonterías que al final a lo mejor no son nada o lo son todo. A veces los asesinos acaban enfrentando a ciertas personas mediante asesinatos muy específicos o simplemente matan para eliminar jugadores, eso depende de cada uno. Tuve momentos de dolor de barriga de las veces que me reía, viendo como algunos se peleaban por culpar a uno u a otro.

Y esto viene a cuento de que me encantan las tardes-noches de casa y juegos de mesa. Al principio nadie quería jugar, yo fui preguntando y muchos me ponían cara de que no les apetecía y al final éramos casi todos los que acabamos jugando. Lo mejor de esto es que pasamos dos horas con el juego y nadie se enteró de ello.

Con esto quiero decir que estos momentos normalmente se hacen inolvidables y encima provocan ganas de más, al menos a mí me pasa. Son momentos de competitividad, de risas, de piques…

Posiblemente hubiéramos seguido jugando gran parte de la noche de no ser porque había personas que les apetecía salir a tomar algo, y eso hicimos.

Dicho esto, viene la lección del día: ¡no juguéis juegos de mesa que las horas se os pasan volando y al final no hacéis las tareas que teníais que hacer! Es broma, solo puedo decir que disfrutéis de esos momentos cuando surjan y que los apreciéis. Yo hubiera seguido jugando la verdad, prefiero eso antes que salir, pero siempre viene bien dosificar un poco y variar.