Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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Inmerso en un nuevo proyecto

Del 24 al 29 de abril estuve en Lorca (Murcia) en una formación sobre la Educación Global y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Algo que así de primeras supongo que no sabréis ni lo que es, pero que realmente es algo que todos buscamos y deseamos. Creo que la mejor forma de explicároslo es poniendo un vídeo con el que se disiparán todas las dudas.

La formación forma parte de un proyecto de 3 años de duración llamado “La Educación Global empieza en tu pueblo” que ha organizado Cazalla y que además está financiado por la Unión Europea (así que imaginad el nivel). En él participan también otros países como Bulgaria, Austria, Chipre, Eslovenia y Lituania.

El proyecto consiste en acercar todo esto a los jóvenes de nuestras localidades (las nueve que hemos sido seleccionadas) y hacerles partícipes de diferentes talleres, actividades o cualquier cosa que se nos pueda ocurrir relacionadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (en este caso se eligieron el 5, el 11 y el 12). Es más, la idea es que sean ellos los que propongan lo que más les guste según sus intereses (sin perder nunca de vista los ODS).

Ahora que os he puesto en contexto me gustaría hablaros de mi experiencia durante esos 5 días tan intensos. Para empezar, yo iba con dos personas de mi pueblo que ya conocía: la primera es la que me propuso formar parte de todo esto y la segunda persona es alguien que conocí hace relativamente poco, pero con la cual tengo una conexión bastante curiosa (todos creían que nos conocíamos varios años y en realidad no nos conocemos ni uno).

A parte de ellos dos, conocía a una persona más que también fue a la formación. Con ella coincidí en una gala donde nos premiaron por nuestras iniciativas y proyectos (esta historia ya os la contaré). Pero por lo demás… no sabía a quién me iba a encontrar allí, es más, no sabía ni dónde estaba el hostal, ni nada (bendito sea el Google Maps). Vamos, era uno de esos movimientos a ciegas donde salía de mi zona de confort para conocer muchísimas cosas nuevas. Y así fue.

Al principio estábamos todos con aquellos con los que habíamos venido o con los que más confianza teníamos. Pero al día siguiente, más o menos, parecía que nos conociéramos de hacía bastantes meses. Supongo que se debía a la predisposición que teníamos todos a aprender de los demás, a conocer caras nuevas e indagar en temas que apenas controlábamos (todo esto me recordó a un taller de teatro al que fui donde no llegamos siquiera a conocer nuestros nombres, pero esto es otra historia más que os debo contar).

La dinámica de la formación era muy amena y agradable: actividades en grupo donde compartíamos opiniones y conocimientos con respecto a lo que debíamos trabajar y conocer (la igualdad de género, ciudades y comunidades sostenibles y producción y consumo responsables). Eso de estar frente a la pizarra, tomar apuntes y no movernos del sitio no lo hicimos prácticamente ni una vez. Y esto fue lo que lo hizo tan genial. Todo era un debate constante. Opiniones de todo tipo, algunas incluso muy opuestas. Creo que esa es una de las grandes formas de crecer como persona. Al fin y al cabo, si todos afirman tus palabras sin más, no aportan nada nuevo ni distinto que pueda hacer que te replantees tus ideales. O eso creo…

Y debo admitir que creía que yo me planteaba muchas preguntas o que me hacía las adecuadas, pero allí descubrí que todavía había muchas más que yo no conocía y con las que tuve que crearme una opinión nueva desde cero. Era una de las cosas que más me gustaba.

Hay más historias que os podría contar, por algo fueron 5 días intensos. Pero me reservaré algunas cosillas para mí. Solo os diré que nunca perdáis las ganas de aprender y que os atreváis a conocer algo totalmente nuevo y distinto para vosotros, incluso aunque al principio os dé miedo. Resulta tan enriquecedor que cuando echéis una mirada al pasado os daréis cuenta de la cantidad de peldaños que habéis subido sin siquiera notarlo.

 

#NuncaDejéisDeSonreír


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La experiencia hace al maestro

Hoy he tenido otra charla en mi antiguo instituto y ha sido genial. De verdad, cada vez salgo más contento de mis ponencias.

Creo que había unos 90 alumnos. A muchos de ellos los conozco, pero aun sin conocerlos, los nervios ya no me ganan en estos casos.

Cuando tenía el ordenador en el “taller” decidí ordenar mis ideas, las que voy contando en las charlas. Lo hice para ver cuál era la mejor forma de hilar todo (siempre improvisaba) y lo curioso es que llegué a ese punto en la penúltima ponencia. Hablé, hablé y hablé, y me di cuenta que todo iba rodado; hacía uso de mi blog, iba de una entrada a otra, puse un vídeo que me daba pie a un tema, etc. Todo encajaba tan bien que aproveché para hacer ese esquema en sucio y por ahora, ese orden cronológico, es el mejor de todos.

He dejado atrás algunas historias para inroducir otras que me surgieron de la nada en las charlas más recientes y que resultan mucho más importantes. Mi tono de voz… es interesante, creo que los alumnos no se dan cuenta, pero lo cambio, y mucho. Inicio muy enérgico con un tono posiblemente más agudo del normal y según pasa el tiempo desciendo poco a poco hasta que los tengo a todos poniendo la oreja. Gesticulo más que algunos que tienen manos (a veces hasta me paso, creo yo). Me muevo con mucha naturalidad por todos lados. Y todas estas cosas ha sido en cuestión de días (en las que tuviera charlas, claro). He notado un cambio tremendo en las últimas, es como si de golpe aprendiera de los errores de las demás.

Y por supuesto, tengo cosas para corregir, pero el cambio ha sido tan brutal que en estas últimas ocasiones hubo un par de personas que se esforzaban en no dejar salir la lágrima. El mero hecho de sentirme yo cómodo y ver que he cambiado mucho en la forma de estar frente al público ya me saca una sonrisa, pero eso de que haya personas que se emocionen… eso para mí era impensable.

Solo explico mi vida y mi filosofía, no soy diferente a los alumnos, solo he vivido unos pocos años más que ellos. No me considero para nada alguien que les tenga que dar una lección, solo alguien que les puede ayudar para hacerles ver que no todo es tan negro como parece.

Quise grabar un poco cómo es un día de charla y bueno… aquí tenéis:


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Un par de charlas muy familiares

Estos días han sido de no parar y podría escribir sobre varias cosas la verdad, pero me voy a centrar en la más reciente: la charla que he dado a los de 1º de bachiller (ya vamos subiendo de años) del instituto en el que estudié. En realidad di otra también a los de 4º de la ESO del mismo centro hace un par de días, por lo que voy a tratar de concentrar el tema en estas dos charlas.

Para empezar, gracias a los profesores de mi antiguo instituto, algunos ya me ven más que cuando me daban clase. A mí sinceramente me agrada estar por allí porque veo caras que, cuando salí de allí, apenas tenían pelos en la cara y ahora tienen más barba que yo.

Me he dado cuenta que según voy dando charlas, voy pensando qué cosas de mi filosofía puede interesar más o menos, y cada vez logro condensarlo más para llegar al objetivo que generalmente quiero o que me piden los profesores. Estas dos charlas las traté de centrar en la adolescencia, en la capacidad de lograr superar los obstáculos y de ser capaces de ser feliz con uno mismo. Que en realidad es de lo que hablo siempre, pero en estas dos ocasiones he contado cosas que podían darles qué pensar a los chicos (una de ellas merece una entrada porque interesa bastante, pero eso ya para otro día).

Como siempre digo, con cada charla voy aprendiendo.

Lo que más me encanta son las caras de los chavales. Desde que un profesor me enseñó a mirar a todo el público, he descubierto muchas caras y gran parte de ellas de interés. ¿Recordáis la entrada de “La boca, la reguladora de la concentración“? Pues aquí pasa lo mismo, de vez en cuando veo rostros muy atentos y bocas muy abiertas, algunas por bostezos, pero en cuanto los cazo ya suelto una de mis chorradas para que se les quite el sueño, no es algo que me cueste mucho, ya sabéis lo payaso que soy.

Encima, después de las charlas he podido hablar con alguno de ellos; al ser de mi instituto, tengo trato con gran parte de los alumnos. Así pude saber sus opiniones. Y malas no son, aunque tal vez me estén haciendo la pelota… se creerán que yo los puedo aprobar, pobres insensatos…

Chicos, si leéis esto y algún día necesitáis ayuda, ya sabéis, os echaré una mano (va en serio).


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Se acabó

Lo siento, sé que ayer no publiqué nada, pero es que con lo del vídeo y tal no hay quién escriba nada.

Hoy lunes tuve de nuevo la tutoría con mis críos de 1ºG y les quería enseñar en primicia el vídeo que todavía no está acabado. Me apetecía comentar un poco lo que les gustaba de todo lo que aparecía, si el contenido les agradaba, si la forma de montarlo estaba bien o si podía hacer otra cosa. Y lo más importante, pensar entre todos un final ya que yo no sé cómo hacerlo todavía con exactitud.

El problema de esto es que no llegamos a este punto; les enseñé el vídeo, sí, y también les contesté algunas preguntas, pero es que poco a poco empezaron a hacer lo que ellos querían y empecé a notar como si lo que a mí me llevó tantos días en hacer, no se apreciaba. Sé que sí, porque aunque no lo demostraran como una persona normal y corriente, mostraron cierto interés al preguntar muy a menudo cosas del vídeo durante el tiempo que duraba.

Pero esa falta de respeto que fueron demostrando según pasaban los minutos me molestó. Yo no suelo exigirles silencio, me mantengo callado para que ellos mismos se den cuenta que se tienen que callar. Pues en esta ocasión estuve sin decir una palabra unos 10 minutos más o menos.

Todo esto me resulta un poco triste porque lo estoy haciendo por ellos. Fui pensando muchas cosas para hacer y muy pocas dieron resultado. Incluso cuando hago la clase más divertida, como la de hoy, se comportan como si pasaran del mundo. Y lo peor es que no se respetan ni a sí mismos… por lo tanto, a mí no me van a respetar mucho más así que ya me cansé y les dije que se terminó.

Acabé diciéndoles que solo volvería si ellos de verdad me querían allí, si de verdad querían hacer algo y solo si se les ocurría alguna idea a ellos para que pudiéramos pasar la clase.

A veces es difícil intentar ayudar a alguien que no quiere ser ayudado.

Yo he aprendido mucho con estos críos, les doy las gracias por ello y a los profesores por darme la oportunidad. No me arrepiento de todo esto aunque haya acabado así, bueno… en realidad todo dependerá de si ellos tienen claro lo que quieren o no.