Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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Manías de madres

¡Viernes! ¿Y qué pasan los viernes? ¡Y yo que sé lo que hacéis el “último” día de la semana! A mí no me miréis, yo fui al cine, quería ver “Birdman”. No me comentéis respecto a este película por favor os lo pido, me han dicho rotundamente que nada de opiniones, ni comentarios, ni leches sobre ella.

El problema es que al final no la echaban… claro, es viernes, estrenaban “Chappie”, que listo soy… Así que miré la cartelera y busqué otra que dieran sobre la misma hora y acabé viendo “Kingsman” que en mi opinión es normalita, es para pasar la tarde, nada más.

Y de camino a casa pensé: “Oye, Kevin, ¿y si haces una categoría para comentar películas?”. Y, bueno, ahí os lo dejo, si os parece bien y en los comentarios me decís que sí, pues la hago.

Volviendo a lo de que hoy es viernes, llevo desde ayer hablando con la monitora del gimnasio (sí, vuelvo a ir al gimnasio por fin, que ganas tenía, ya hablaré de esto en otro momento) sobre la sobreprotección de las madres con sus hijos en la edad adolescente, o más bien, cuando empiezan a salir de fiesta. Me hizo gracia todo lo que me contó que hacía, imagino que es lo típico: llamadas y mensajes, entre otras cosas.

Más curioso me parece que la preocupación sea en vano, es decir, tu hijo puede salir de fiesta y si le tiene que aterrizar un avión en la cabeza, le aterrizará, lo llames cada hora o no. Y otra cosa interesante, aunque no se puede generalizar tanto en este caso: los padres son más despreocupados. No sé qué tenéis las madres con esa sobreprotección, imagino que es genética pura y dura, como le sucede a cualquier animal (no, no os estoy llamando animales aunque en realidad los humanos somos mamíferos así que teóricamente lo somos).

El problema de esto es que vais a estar incómodas durante toda la noche sin motivo alguno, ya os digo que si tiene que pasar algo, pasará. Y cuando empezáis a preguntar determinadas cosas (lugar, amigos, lo que hacen, hora de regreso…), los hijos acaban mintiendo según les convenga. ¿Quién no ha suavizado la “verdad” para despreocupar a una madre? Además de que al final se hace pesado ese interrogatorio, del cual los chavales acaban pasando y hacen oídos sordos.

¡Ah! ¡Y otra cosa! Recordad que también fuisteis adolescentes… No voy a meter a todas las personas en el mismo saco, pero en la edad del pavo, muchos hemos hecho alguna que otra locura y seguro, segurísimo, que peores que las que hacen vuestros hijos actualmente.

Ya, sé que el día que sea padre veré todo esto distinto, al menos eso me diréis algunos. No os lo puedo negar porque por ahora no veo el futuro, pero creo que soy muy simple como para no dormir a gusto.

A pesar de todo, esto no es un reproche, ni una bronca, ni nada de nada. Solo es gracioso como los papeles se terminan cambiando y como al final todo sigue su cauce: las madres preocupadas, los hijos de fiesta, llamadas perdidas, etc.

Para las que sean principiantes, os diré que cuando pasan unos añitos os acabáis acostumbrando, lo sé porque la mía, que es de las que se asusta con nada, ya está medio acostumbrada. Aunque supongo que este miedo nunca se irá del todo.

Yo solo os puedo decir que… nunca dejéis de sonreír.

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Seguro que se me ha olvidado algo

Como ya sabéis algunos, me fui de viaje. Todavía no estoy muy al día, aunque sí he visto que hay bastante gente nueva siguiendo el blog y he recibido un montonazo de visitas estos días a pesar de no haber podido publicar cada dos días, como de costumbre. A los nuevos, gracias y bienvenidos.

Volví ayer y creo que, como nos ha pasado a todos alguna vez, cuando subí al autobús para volver tenía la sensación de que me dejaba algo en el hotel. Que levante la mano aquel a quién no le haya sucedido nunca. Ya, nadie, ¿verdad? Normal. Es curioso que pase esto, será que desconfiamos de nosotros mismos.

Tal vez mi buhardilla esté un poco desordenada, pero al menos cuando viajo no soy tan desastre. Yo personalmente soy muy metódico en este sentido, es decir, coloco las cosas en determinados sitios, los meto en bolsillos concretos y siempre en los mismos lugares, de esa forma no me muero buscando nada y encima para recoger las cosas es muy práctico; tardé unos 5 minutos para hacer la maleta y porque la ropa no se doblaba sola que sino…

A pesar de todo eso, sentí como si algo se me olvidara. Encima apenas revisé la habitación del hotel. Confié mucho en mi método y espero que funcione, ya os lo contaré cuando saque todas las cosas (no, todavía no me puse con ello, soy demasiado vago para hacer algo así el mismo día).

Lo gracioso de esto es que me he vuelto tan metódico a lo largo del tiempo. Ya os conté lo del DNI caducado en la entrada anterior. De errores se aprende. Si es que con la cabeza que tengo en algunas ocasiones, ¡se me debería de olvidar hasta ponerme la pierna! Aunque eso lo notaría rápidamente y no a mitad de camino.

La verdad es que, por muy ordenado y sistemático que uno sea, la sensación esa que se tiene es una ley no escrita del ser humano, como lo del móvil al agua, pues lo mismo. Lo que pasa es que aquel que es más cuidadoso tiene menos probabilidades de olvidar algo frente a aquel que busca el móvil bajo el montón de ropa. Si le tenéis aprecio a vuestras cosas ya sabéis: zona A para ropa, zona B para objetos varios, zona C para… bueno, ya me entendéis, ¿no? Suerte con los próximos viajes.

Cambiando de tema y para terminar la entrada, como os habréis dado cuenta (que espabilados que sois) no he hablado de adonde fui (o eso me parece), ni con quién, ni nada de nada. En unos días sabréis porqué, al menos si todo sale bien, de lo contrario os contaré parte del viaje, que si cuento todo da para mucho.


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¡Móvil al agua!

¡Sabía que algo pasaría al final del día! Por eso no escribí hasta ahora; me estaba reservando por si pasaba algo importante y ¡aquí está! Móvil al agua.

¿A quién no se le ha caído el suyo alguna vez? A mí me daba rabia cuando le sucedía a otra persona, lo veía como algo muy torpe el hecho que cayera al agua. Y al final me ha pasado, por bocazas. Siempre he tenido cuidado con algo así, pero la lección me tenía que llegar tarde o temprano.

¿Veis? Lo malo viene solo. Al principio me he preocupado, hasta que pensé: “Bien, ya tengo motivo para comprarme otro, a este ya se le iba la cabeza muy a menudo”.

Hemos intentado secarlo, pero por ahora no da buenas respuestas. Y sinceramente no me preocupa.

Es todo tan irónico que hasta me he empezado a reír. Como dije, me resultaba muy torpe y descuidado por parte de los demás que el móvil se les cayera al agua, ya fuera en el retrete, en la piscina, en el mar o dónde fuera. Y ahora me ha tocado sufrirlo en mis propias carnes. Ha sido en plan: “¿Te crees que a ti no te podía pasar? ¡Pues toma!”

Es curioso como algo tan absurdo nos ha pasado a todos. Sí, a todos, a los que creéis que no os sucederá también os pasará tarde o temprano, ya lo veréis… No sois los únicos que pensaban así, yo también lo hacía y mirad. La vida nos da a todos la oportunidad de vivir una experiencia así, tan divertida y graciosa. Y Esto no es ni cosa del karma ni nada, esto es solo que, como buenos humanos que somos, somos tontos y punto. Una ley de esas no escritas.

Hoy toca aprender una bonita lección: mantened vuestros móviles alejados del agua, recomiendo que sea como mínimo a cuatro metros o pedid una orden de alejamiento, tal vez funcione. Y si no conseguís que eso suceda ya sabéis: nunca dejéis de sonreír 😉


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Lo rápido que se estropean las cosas

¿Cómo va el primer lunes de febrero? Aquí andamos de fiesta y yo ni me he asomado por ahí porque no quiero correr el riesgo de acabar cargándome mi pierna artificial (ya os dije que estaba fastidiada). La explanada donde se ha montado todo no es una superficie decente para mis actuales condiciones.

Hay que ver… es como si hablara de un coche. Y hablando de coche (pero que bien hilo todo por dios), llevamos ya casi un mes sin el nuestro. Parece que al mecánico le está costando solucionarlo. Un problema tras otro.

El viernes hablé con una amiga sobre cómo iba mi pata chula, le dije que seguía igual y dije algo como: “Lo rápido que se rompen las cosas y lo que cuesta arreglarlas”. Ya veis, esta frase me dio para una entrada y aquí está.

Primero fue mi pierna y después el coche. ¿O fue al revés? Ni idea, se me va la cabeza a ratos. Sea como sea, cuando algo se nos rompe, lo hace de un modo inesperado, salvo esos despistes de meter una cuchara metálica al microondas (a mí no me miréis, a mí no me ha pasado). Al pillarnos por sorpresa nos empieza a agobiar, al menos los primeros minutos; toca pensar en alguna solución y eso es tarea para pensadores. Con lo a gusto que se está cuando no hay percances…

Yo tengo la suerte de que generalmente mantengo la mente fría cuando surge algún problema, pero a veces es que no viene uno sino varios. En este caso son dos cosas que, aunque sean una putada (perdón por la palabrota), no me quitan el sueño, a pesar de que si al final me quedase sin pierna no habría quién me moviera. No, no estoy tan gordo como para sacarme de casa en grúa, pero es que ir a la pata coja no mola.

Sé que tendrá solución con un viajecito a Alemania (allí es donde me hacen la pata) ¡Y qué leches! Si me sirve de “excusa” para ir allí pues mejor, ¿no? Además, ahora que estoy con Youtube podré traer vídeos del norte.

Bueno, que me desvío del tema. Los problemas me vinieron de golpe, sin previo aviso y me fastidiaron un poco. Si mi pierna está medio rota no puedo andar bien, pero si no hay coche tampoco puedo desplazarme mucho. Por desgracia no sé para cuándo se irán esos problemas. El mecánico tarde o temprano llamará y dirá que ya está solucionado y yo para mi pierna he de llamar y moverme un poco para organizarlo. Un futuro algo incierto, pero he de conformarme.

Siempre digo que todo tiene solución y si no, pues me la invento. Será por eso por lo que estoy calmado cuando surgen estas cosas.

Como os decía: lo malo llega solo, sin alertarnos de que viene y después, para llegar al estado en el que estábamos, debemos hacer algo contra ello. Solo os puedo decir que le busquéis el lado bueno, no hay más. Y siempre existe uno, aunque no os lo creáis. Yo por ejemplo me iré a Alemania.


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La sauna del verano

Ahora que acaba el verano voy a recordaros a todos algo que nos ha pasado alguna vez en la vida, especialmente los días de calor por desgracia.

¿Qué tal dormís en verano? En ropa interior sin duda y algunos hasta con un ventilador puesto. Pero un par de veces a la semana más o menos tenéis visita por la noche (y no es vuestra pareja ni vuestra mascota) como la tengo yo. ¡El adorable mosquito!

Estáis en la fase REM y soñáis con un helicóptero acercándose a vosotros, sin embargo os despertáis y es un mosquito. De un salto os levantáis y cogéis la manta a toda prisa y os tapáis por completo hasta no ver nada.

A lo lejos escucháis el aleteo del insecto y poco a poco sentís que se va acercando. Os acurrucáis más sobre vosotros mismos y os tapáis mucho más. Todo esto mientras las gotas de sudor os recorren todo el cuerpo y vuestras ganas de dormir se desvanecieron. Vuestro propio aliento os empieza a asfixiar y os volvéis a estirar un poco. La manta la bajáis un poquito de tal manera que solo sobresalen los pelos de la cabeza, el mosquito no se atrevería a picar ahí.

Suena de nuevo cerca de vosotros y os removéis para espantarlo, pero no surte efecto. Así varias veces.

Seguís pasando calor y todo está empapado de sudor. Ahora os atrevéis a dejar la cabeza fuera y soltáis todo el aire de vuestros pulmones para poder respirar oxígeno por fin.

Ahora que revolotea por vuestra cabeza sacáis un brazo y lo agitáis con fuerza. Surge el silencio de repente y os destapáis un poco más, hasta el pecho o más abajo. Tratáis de dormir creyendo que habéis ganado la batalla, pero el ruido vuelve de nuevo. Intentáis matarlo a ciegas y parece que ya lo habéis conseguido, pues no se escucha nada, así que os quitáis la calurosa manta de encima de una vez por todas.

Al día siguiente estáis llenos de picotazos.

Espero que os haya gustado, quería cambiar un poco la manera de relatarlo y meteros un poco en el papel. Sé que algunos no se sentirán identificados, pero otros sin duda lo verán ante sus ojos al leerlo.