Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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Un vídeo con un mensaje muy potente: el racismo

Hoy no me voy a enrollar, no quiero porque lo que os voy a enseñar ahora merece toda la atención del mundo. Cualquier cosa que yo pudiera escribir al respecto le quitaría la inmensa fuerza que tiene.

Hacía mucho tiempo que no veía algo de este calibre:

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La ausencia de una conversación

Ya estoy de nuevo ante mi escritorio, encima de la silla que tiene la forma de mi culo y mi espalda (no estoy de broma). Mientras iba en el avión y observaba a la gente me di cuenta de una cosa: apenas había conversaciones.

Voy a ser sincero, prefiero tirarme gran parte del vuelo durmiendo. Es muy eficaz y se te pasa volando, nunca mejor dicho. Encima lo paso un poco mal si estoy haciendo algo: me duele la cabeza, me mareo o ese tipo de cosas. Pero cuando estoy despierto me gusta escuchar conversaciones de dos personas que no se conocen para nada. Y eso me ha faltado esta vez.

A la ida no hablé con el que tenía a mi lado y miré a mi alrededor y casi nadie lo hacía salvo los que viajaban juntos y algunas excepciones. Todos tenían su libro, su música, su tableta, su móvil o cualquier cosa con la que entretenerse.

Hoy por suerte tuve a un padre de unos 30 años con su hijo y pude intercambiar algunas palabras con él, además era muy agradable.

Pero lo peor de esto es que observé las caras de muchos de ellos y era como: “Si no me muevo seguro que no me habla”. Y me parece un poco triste. A mí me encanta hablar, a ser posible en español, pero si hay que hacerlo en alemán pues se hace, como lo hice hoy. Y que yo recuerde nadie me ha pegado un bocado por dirigirle la palabra o inentar entablar una conversación.

La gracia de viajar solo es conocer gente nueva y opiniones totalmente diferentes a las que normalmente escuchamos a nuestro alrededor. Pero no, la gente prefiere quedarse dentro de su burbuja, la de la zona de confort. Ellos se lo pierden.

Ese miedo que tienen de dirigirle la palabra a un desconocido no lo entiendo. ¿Qué puedes hacer mal? Si le has caído como una patada en el culo o no es una persona de conversación te darás cuenta de ello rápidamente y dejas de hablar. Como dije, dormir es una muy buena opción también.

Supongo que la tecnología también ha afectado en este asunto, pero sobre eso ya hablaré en otro momento. Por hoy llega que tengo un día de esos de no querer hacer absolutamente nada. Es lo que tiene viajar.


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El escorpión y el pato

Hace tiempo me contaron una historia que hoy me apetecía compartir con vosotros. Aquí va:

Había una vez un escorpión que estaba caminando sin parar y se encontró con un río que necesitaba cruzar. Miró a su alrededor y no encontraba el modo de hacerlo hasta que divisó un animal en el agua.

-Pato- llamó el escorpión-, ¿podrías venir un momento?

-¿Para qué? ¿Qué es lo que quieres?- preguntó cauteloso el ave, mientras se mantenía a una distancia segura.

-Necesito cruzar el río y tú me podrías ayudar- suplicó.

-¿Y cómo quieres que lo haga?

-Déjame montar a tu espalda y después solo debes nadar hasta la otra orilla. Allí me bajaré- le explicó.

-Tú sabes que eres un escorpión, ¿no?- nadaba en círculos frente a él.

-Sí, ¿y qué?- preguntó.

-Que si te dejo subir, me picarás, me envenenarás y moriré- contestó.

-De hacerlo, yo también moriría. ¿De verdad crees que busco mi muerte?

Estas palabras hicieron reflexionar al pato y poco a poco se fue acercando a la criatura.

-¿Estás seguro que no me harás nada? No quiero morir- insistió.

-Te repito que yo tampoco.

-De acuerdo, sube.

El escorpión le hizo caso y se puso a la espalda del pato. Este nadaba como siempre, al principio con gran temor por lo que pudiera ocurrir debido a su pasajero, pero según avanzaba ese miedo se marchaba hasta que de repente notó un pinchazo.

-¡¿Qué haces?! ¡¿No decías que no me ibas a picar?! ¡Ahora moriremos los dos!- el terror se apoderó del ave, mientras notaba como se le iban las fuerzas con rapidez.

-Pe-perdón… de veras que lo siento- apenas le salían las palabras-. Yo no quería, pero… mi naturaleza… no podía controlarla, no podía detenerla- se lamentaba mientras sentía como llegaba su hora, junto a aquel que trató de ayudarlo segundos antes…


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Manías de madres

¡Viernes! ¿Y qué pasan los viernes? ¡Y yo que sé lo que hacéis el “último” día de la semana! A mí no me miréis, yo fui al cine, quería ver “Birdman”. No me comentéis respecto a este película por favor os lo pido, me han dicho rotundamente que nada de opiniones, ni comentarios, ni leches sobre ella.

El problema es que al final no la echaban… claro, es viernes, estrenaban “Chappie”, que listo soy… Así que miré la cartelera y busqué otra que dieran sobre la misma hora y acabé viendo “Kingsman” que en mi opinión es normalita, es para pasar la tarde, nada más.

Y de camino a casa pensé: “Oye, Kevin, ¿y si haces una categoría para comentar películas?”. Y, bueno, ahí os lo dejo, si os parece bien y en los comentarios me decís que sí, pues la hago.

Volviendo a lo de que hoy es viernes, llevo desde ayer hablando con la monitora del gimnasio (sí, vuelvo a ir al gimnasio por fin, que ganas tenía, ya hablaré de esto en otro momento) sobre la sobreprotección de las madres con sus hijos en la edad adolescente, o más bien, cuando empiezan a salir de fiesta. Me hizo gracia todo lo que me contó que hacía, imagino que es lo típico: llamadas y mensajes, entre otras cosas.

Más curioso me parece que la preocupación sea en vano, es decir, tu hijo puede salir de fiesta y si le tiene que aterrizar un avión en la cabeza, le aterrizará, lo llames cada hora o no. Y otra cosa interesante, aunque no se puede generalizar tanto en este caso: los padres son más despreocupados. No sé qué tenéis las madres con esa sobreprotección, imagino que es genética pura y dura, como le sucede a cualquier animal (no, no os estoy llamando animales aunque en realidad los humanos somos mamíferos así que teóricamente lo somos).

El problema de esto es que vais a estar incómodas durante toda la noche sin motivo alguno, ya os digo que si tiene que pasar algo, pasará. Y cuando empezáis a preguntar determinadas cosas (lugar, amigos, lo que hacen, hora de regreso…), los hijos acaban mintiendo según les convenga. ¿Quién no ha suavizado la “verdad” para despreocupar a una madre? Además de que al final se hace pesado ese interrogatorio, del cual los chavales acaban pasando y hacen oídos sordos.

¡Ah! ¡Y otra cosa! Recordad que también fuisteis adolescentes… No voy a meter a todas las personas en el mismo saco, pero en la edad del pavo, muchos hemos hecho alguna que otra locura y seguro, segurísimo, que peores que las que hacen vuestros hijos actualmente.

Ya, sé que el día que sea padre veré todo esto distinto, al menos eso me diréis algunos. No os lo puedo negar porque por ahora no veo el futuro, pero creo que soy muy simple como para no dormir a gusto.

A pesar de todo, esto no es un reproche, ni una bronca, ni nada de nada. Solo es gracioso como los papeles se terminan cambiando y como al final todo sigue su cauce: las madres preocupadas, los hijos de fiesta, llamadas perdidas, etc.

Para las que sean principiantes, os diré que cuando pasan unos añitos os acabáis acostumbrando, lo sé porque la mía, que es de las que se asusta con nada, ya está medio acostumbrada. Aunque supongo que este miedo nunca se irá del todo.

Yo solo os puedo decir que… nunca dejéis de sonreír.


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Pueblo duerme

Ayer fue el cumpleaños de un amigo mío y le hicimos una fiesta sorpresa. Todo salió de lujo, incluso se nos emocionó porque no esperaba nada de nada y encima conseguimos reunir unas 20 personas (algo difícil cuando hay carreras y trabajos de por medio).

Tras picotear, sacar los regalos y comer tarta, me apetecía jugar al pueblo duerme, un juego de cartas que es jodidamente entretenido. Para aquellos que no sepan de que va, aquí la explicación (os advierto, soy malo explicando el maldito juego a pesar de ser fácil):

Tiene que haber más o menos unas 10 personas y alguien que haga de “madre”. A cada una las personas que juega se le reparte dos cartas (nadie puede ver las de los demás), pero antes se debe decidir qué carta va a ser la que designe al asesino o asesinos, esto ya depende de la cantidad de participantes que haya (nosotros usamos el as). Una vez hecho el reparto, la “madre” da unas consignas: “pueblo duerme” y todos cierran los ojos. “Asesinos despiertan” y los que lo sean abren los ojos, señalan a un jugador para “asesinarlo”. “Asesinos duermen, pueblo despierta” y todos abren los ojos. La “madre” dice a quién han asesinado, la víctima debe levantar una de las dos cartas (se elige por mayoría) y comienza el debate, pues se empieza a buscar al asesino.

Aquí viene lo divertido, ya que es donde se involucran las dotes de cada uno de los asesinos para mentir, disimular, culpar, etc. y evitar que lo cacen. Yo personalmente no es que sea muy bueno, aunque en la última partida me cargué a unos cuantos. Luego teníamos a un amigo que cazaba a todos los asesinos, tenía tan buen ojo que terminamos por matarlo constantemente. Y la verdad es que es una chulada de juego porque influyen muchísimas cosas y se discuten miles de tonterías que al final a lo mejor no son nada o lo son todo. A veces los asesinos acaban enfrentando a ciertas personas mediante asesinatos muy específicos o simplemente matan para eliminar jugadores, eso depende de cada uno. Tuve momentos de dolor de barriga de las veces que me reía, viendo como algunos se peleaban por culpar a uno u a otro.

Y esto viene a cuento de que me encantan las tardes-noches de casa y juegos de mesa. Al principio nadie quería jugar, yo fui preguntando y muchos me ponían cara de que no les apetecía y al final éramos casi todos los que acabamos jugando. Lo mejor de esto es que pasamos dos horas con el juego y nadie se enteró de ello.

Con esto quiero decir que estos momentos normalmente se hacen inolvidables y encima provocan ganas de más, al menos a mí me pasa. Son momentos de competitividad, de risas, de piques…

Posiblemente hubiéramos seguido jugando gran parte de la noche de no ser porque había personas que les apetecía salir a tomar algo, y eso hicimos.

Dicho esto, viene la lección del día: ¡no juguéis juegos de mesa que las horas se os pasan volando y al final no hacéis las tareas que teníais que hacer! Es broma, solo puedo decir que disfrutéis de esos momentos cuando surjan y que los apreciéis. Yo hubiera seguido jugando la verdad, prefiero eso antes que salir, pero siempre viene bien dosificar un poco y variar.


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El tiempo se pasa volando

¡Vaya! ¡Casi se me olvida publicar algo hoy! Que rápido pasa el tiempo cuando uno hace algo que le gusta.

Estuve editando durante horas el próximo vídeo y cuando me decidí a descansar me puse a ver mi youtuber favorito, Luzu, hasta que de repente me acordé de que no había publicado nada en el blog. Y justo de eso quería venir a hablar, de la velocidad con la que se nos va cada segundo cuando disfrutamos.

Hay veces que vas a alguna tienda o a algún lugar en el que te despacha la típica persona amargada, la que ni se esfuerza por sonreírte, ni siquiera se preocupa por venderte algo. Además de transmitir esa sensación al cliente, el cual no volverá con casi toda seguridad, la persona que lo ha despachado no disfruta con lo que hace y eso provoca que el tiempo se estire, como si fuera una goma. Menos ganas, más horas. Aunque solo sea en el sentido metafórico, puesto que realmente seguirá trabajando la misma cantidad.

Alguien me dijo una vez que cuando despertabas tenías que decir: “Que bien, hoy toca trabajar”. Y no, no es ironía, lo decía en serio. Y es lógico; algo que va a formar parte de tu vida durante varios años, no puede ser tu enemigo. Encima el rival es el tiempo… Ese sí que es duro de roer, no vale la pena querer enfrentarlo.

Así que, ¿por qué no tratamos de disfrutar con lo que hacemos para que se nos pasen las horas volando? Al fin y al cabo salimos ganando todos: el cliente, que si ha sido bien atendido volverá, el jefe, que si ve que le vendes media tienda no te echará, sería un poco idiota si lo hiciera. Y el más importante de todos, nosotros mismos, que acabaremos “antes” y llenos de alegría.

Obviamente esto tiene muchos matices como por ejemplo un cliente coñazo (los hay, más de lo que os imagináis). Y claro está que no todos los días pueden ser iguales, pero que no sea por no intentarlo, un pequeño esfuerzo puede cambiar el rumbo de una mala jornada.

Creo que la vida está para disfrutarla, para que un día nos veamos llenos de arrugas y postrados en la cama, con las articulaciones doloridas y diciendo: “El tiempo se pasa volando”. No para amargarse y fastidiar a los demás.

Como siempre os digo… Nunca dejéis de sonreír.


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La inspiración

Miércoles ya… que rápido pasa la semana. Hoy os traigo una de las sorpresas, con la otra ya me he puesto manos a la obra (algún día dedicaré un vídeo y una entrada solo a chistes de mancos, ya lo veréis).

¿Cómo os inspiráis vosotros? Es decir, ¿os sirve un poco de música para tener ideas o mejor un descansito tomando un café? Os pregunto esto porque la sorpresa es el vídeo que os voy a dejar a continuación. El tema del que hablo es la inspiración y creo que todos tenemos algún momento o alguna actividad en la que se nos ocurren miles de ideas. Yo muchas veces me desvelo a las tantas de la madrugada y me tiro unas dos horas despierto pensando en qué hacer para el próximo vídeo o alguna actividad para mis críos de 1ºG o algún tema para escribir en el blog. Es una lata estar tanto tiempo en vela la verdad, pero creo que me ha merecido la pena porque muchas de las ideas, las buenas ideas, me venían de esas noches tan… ¿amargas? Que en realidad al final no lo son, pero bueno.

No quiero extenderme mucho con esto porque prefiero que veáis el vídeo. Es más rápido y eficaz, además, no es lo mismo escribir aquí las chorradas, que representarlas. Ya veréis lo absurdo que puedo llegar a ser a veces. ¡Ah! Y perdón por no ser tan fino en determinados momentos, después del vídeo anterior parezco una bestia hablando.

De todos modos, como ya sabéis, me podéis dejar comentarios con vuestras opiniones o mejor aún, con vuestro modo de inspiraros. Espero que no sea el único que lo haga cagando… vale, creo que esto no lo debería haber dicho por aquí.