Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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La vida se cuenta por recuerdos

Dejaros de 2015, dejaros de 2016, dejaros de años, dejaros de propósitos, dejaros de esos tópicos que solo llegan por estas fechas. Dejaros de decir cosas solo ahora porque es cuando echamos la vista hacia atrás. Dejadlo ya.

La vida no se cuenta por años, no se cuenta por la buena fe que tenemos diciendo que nos hemos propuesto algo en concreto. No podemos medir nuestras vidas solo cuando hay un día concreto que parece que para muchos es un antes y un después cuando en realidad no es cuestión de fechas sino de actitud.

La vida se cuenta por días, la vida se cuenta por recuerdos, por momentos y experiencias. No malgastéis el tiempo en palabras que solo duran unas semanas, moved el culo de vuestras sillas y cread vuestro camino, construidlo y formad una historia tras otra que para vosotros tenga un valor incalculable cuando para otros apenas tenga sentido.

Compartid vuestros días con las personas que más os apetezcan, decid las gilipolleces que se os ocurran, haced el tonto de vez en cuando, reíd hasta que os duela, escuchad, observad, llorad, amad, conoced personas y descubrid mundo. ¡Pero hacedlo ya!

No dejéis que llegue una fecha determinada para proponéroslo, hacedlo cuando lo sintáis de verdad, de corazón.

Estoy harto de ver como ahora todo son intenciones y buenos deseos. Cuando esto acabe, todo será igual que antes, pero porque vosotros dejáis que así sea.

Y no, yo no pienso dejar que eso ocurra… Pienso seguir construyendo mi camino ladrillo a ladrillo, día tras día. Seguiré viviendo aventuras y poco a poco se crearán recuerdos que iré acumulando.

He tenido la suerte de grabar (literalmente) para siempre algunos momentos de mi vida, fue una decisión que ahora mismo valoro más que nunca. Ya no son recuerdos solo para mí, ahora los puedo compartir con muchos de vosotros y quiero que así sea por mucho tiempo.

Solo pensad que no sabemos siquiera si llegaremos al mañana, por lo que debemos disfrutar de cada día como si fuera el último.

La vida no se cuenta por años, la vida se cuenta por recuerdos…

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Abrir los ojos

Llevo unos meses repitiendo mucho lo mismo una y otra vez a personas que les gusta escucharme. Es algo sobre lo que no había reparado hasta hace poco, algo que era así desde que cambié mi filosofía o más bien, mi visión de la vida.

En un principio vemos lo que nos rodea y vemos el comportamiento de los que están a nuestro alrededor y cuando tenemos algún problema, le echamos el marrón a los demás: si suspendes un examen es por el profesor, si tu pareja está tomando algo con alguien del sexo opuesto empiezan los celos hacia esa persona, si no puedes salir de fiesta la culpa es de tus padres, si no puedes hacer lo que verdaderamente te gusta es porque otros te han dicho que no es lo más adecuado y así muchas otras situaciones.

El problema es nuestro, pero está causado por algo que no somos nosotros. O eso es lo que pensamos, pero no es así. Lo que llevo repitiendo mucho estas semanas es que no nos fijamos en nosotros, no miramos dentro de nosotros, primero lo de fuera y luego ya si eso… Y ahí está la clave de porqué uno no logra mejorar su situación.

Vi un vídeo hace poco y me quedé con una frase que me gustó mucho: “¿Cómo alguien ve una astilla en el ojo de alguien si tiene un tronco en el propio?” No podemos exigir nada de los demás cuando primero tenemos que ver qué actitud tenemos nosotros. Y ya no solo hacia el resto, sino hacia uno mismo. ¿Cuántas lágrimas habrán caído en la almohada antes de dormir…? Esa angustia, esa incomodidad, esa frustración que generamos es porque no estamos bien y se debe a que no nos hemos mirado al espejo… Y si lo hacemos, volvemos a llorar… ¿Por qué? ¿Qué hacemos mal?

Ya os he dicho muchas veces que no soy diferente a los demás, he pasado por la misma edad del pavo que todos, pero hubo una época en la que abrí los ojos, y no miré hacia fuera… miré hacia dentro. Empecé a ver dentro de mí y me di cuenta que tenía que cambiar mi actitud. De repente, los demás dejaron de ser la razón de mi tristeza, ya no eran ellos los que me hacían sentir mal. En realidad era yo el que se sumía a esos estados tan lamentables, y cuando me di cuenta de esto, todo cambió. Las lágrimas en la almohada desaparecieron y se convirtieron en una felicidad constante y aunque os pueda parecer aburrido, no lo es. Sonreír continuamente porque se es feliz sin tener que fingirlo es realmente tranquilizador.

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Y no penséis que desaparecieron los problemas en mi vida solo por haber mirado en mi interior, para nada, todavía surgen cosas que son para tirarse de los pelos. Sin embargo, aquella preciada lección me enseñó a ser capaz de ver cuál es el problema exactamente y a partir de ahí ver qué puedo hacer. Además de enseñarme a no tomarme las cosas tan a pecho como solía hacer antes y que cada uno tiene que vivir su vida.

Lo malo de esto es que creo que uno no llega a verse a sí mismo con facilidad, primero tiene que ocurrir algo para llegar a ese punto. Al menos así ha sido normalmente con las personas que he conocido y que piensan de un estilo parecido al mío.

Pero como suelo decir, a veces hay que darse el porrazo para abrir los ojos y terminar siendo feliz.

Y como hace tiempo que no digo mi super frase, pues lo hago hoy… Nunca dejéis de sonreír.


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Los cines de verano se olvidan

Ayer, después de mucho tiempo, volví a ir al cine. Pero esta vez fui al de verano. Algo que espero con ganas cuando se acerca el calorcito. Y aunque quería comentar las películas que vi (la segunda la vi a trozos porque se me cerraban los ojos, pero bueno), me gustaría hablar de estos cines que están quedando en el olvido.

Yo no sé si tenéis alguno donde vivís, pero de no ser así es una pena. Hay quién se queja de que las sillas son incómodas, pero creo que después de hora y media, cualquiera empieza a removerse en el asiento como si tuviera una guindilla en el culo. Ya no hablemos de aguantar dos películas, eso ya es un poco locura si no se está acostumbrado. También está el problema de si acabas con un gigante delante, sin embargo, sigue valiendo la pena, al menos para mí.

En los pueblos vecinos también había cines de verano, pero poco a poco los fueron quitando, creo que por esta zona ya solo quedan dos. Y en realidad, en el nuestro ya no se ve tanta gente como antes… Supongo que influyen muchísimas cosas, que ahora mismo no vienen a cuento. Pero sinceramente me entristecería pensar que me quitasen mi bonito cine de verano. Valoro mucho el sentarme allí y estar a la intemperie. ¿Que no te gusta la película? No pasa nada, mira hacia arriba, te asombrará saber la de cosas que podrás encontrarte. Ayer mismo a mitad de la segunda película empezaron a tirar cohetes. Y no estoy seguro de si vi una estrella fugaz también (creo que ahí me pilló con medio ojo cerrado). He llegado a ver hasta murciélagos pasar cerquita de las cabezas. Cada vez que vas, sucede una cosa totalmente diferente.

Y es que encima pagas el mismo precio que en los cines normales, pero por dos películas. Además, cuando hablas de cine de verano, lo primero que te dice alguien que ha ido es: “Ah, sí y me llevaba mi bocadillo”. Y las pipas… Cuando encienden las luces te ves el charco de cáscaras de pipas por todos lados (un poco guarro la verdad, pero al menos es biológico). Esto es así. Es de esos placeres de la vida que se está perdiendo.

Mientras nuestro cine de verano sobreviva, yo seguiré aprovechando para ir, incluso aunque acabe durmiendo allí, dormir al aire libre no se hace todos los días.

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Las mascotas

Como ya dije en la entrada anterior, voy a tratar de publicar cada dos o tres días. Y aquí estoy, con ganas de escribir sobre algo que seguramente os vaya a gustar, las mascotas. Aunque también tenga su parte mala…

Esto viene a cuento de que operaron a mi perra hace unos días, tenía infección de útero. Nosotros nos dimos cuenta de que estaba muy apagada y que no comía nada, pero todos decían: “El verano”, por lo que no le dimos importancia hasta que vimos unas gotitas en el suelo que no eran para nada sangre… así que la llevamos al veterinario.

Nos dijo que hay muchos casos en los que los dueños no se dan cuenta y que al final el animal fallece, algo que casi sucede con la mía. Por suerte, todo ha salido bien y ya está en casa.20150710_154953

Esta no es mi primera perra, ya tuve otra hace unos años y hay algo a lo que todavía me cuesta acostumbrarme y es el vacío que causan cuando no están; cuando falleció la primera hubo una temporada en la que estuvimos sin perro y la segunda pasó casi dos días en el veterinario.

Hace mucho tiempo una persona me dijo que la mascota sigue siendo un animal. Al principio no entendí del todo lo que quería decir, hasta que me di cuenta de que la esencia de aquella frase era: “No le cojas demasiado cariño a tu mascota, ellos no duran lo que duramos los humanos y nosotros nos quedaremos para recordar su ausencia y el cariño que nos daban en su momento.”

Además muchas personas se desviven por su animal de compañía: les cepillan los dientes, los peinan todos los días, los lavan cada semana, les dan comida que no es la suya, etc. Todos conocemos el final de esas historias y eso sucede cuando no sabemos ponernos límites. Y es aquí donde la frase de antes puede cobrar mucho sentido. Para empezar, eso no es hacerle un favor al animal, es como tener un hijo y darle todo hecho, al final se vuelve inútil y muy cómodo. Tampoco veo lógico anteponer una mascota a una persona (aunque depende de la persona). Al final todo eso se vuelve en contra del dueño, de un modo u otro.

Yo le puse límites a las relaciones con mis perros porque así me lo enseñaron y porque siento que es lo adecuado. A veces puedo parecer frío, pero es que sé que hay cosas que no se pueden cambiar. Y esto es algo que intento llevar al terreno de las mascotas. He pasado muchas horas con mis perras, he jugado con ellas, hemos paseado y conocido personas y perros, hemos hecho locuras, hemos aprendido trucos. Pero sé que no van a durar los mismos años que yo. Asumir lo que vendrá con el tiempo me ha hecho pasar con más facilidad el momento tan trágico que resulta ser para otros.

Sé que no todos lo ven así, otros ni siquiera se creen capaces de verlo de ese modo, pero para mí ha sido la solución para estas situaciones y me ha sido de mucha ayuda. Asumir las leyes de la vida que no pueden ser cambiadas facilita las cosas.

A pesar de todo, tengo claro que seguiré teniendo perro, viva más o viva menos que yo, eso lo tengo clarísimo. Vale la pena, solo ellos saben hacerte reír sin tener intención de ello y son capaces de transmitirte miles de sentimientos solo con esos ojos tan llenos de vida, algo que a veces nos falta.

 


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La energía de las personas mayores

El viernes hubo un encuentro entre el voluntariado y los del banco del tiempo de aquí. Yo me apunté, soy de los que se apunta a un bombardeo y la verdad es que me lo pasé genial.

A pesar de no conocer a casi nadie, solo a algunos y de vista (tengo que decir que casi todos eran personas mayores del pueblo), disfruté viendo cómo se ponían a bailar y a cantar, ¡y eso es un ferry! Sí, fuimos en un ferry y les pusieron música, una fiesta sin música no es una fiesta. Había momentos que el barco se balanceaba fuertemente y se veía como todos los que estaban de pie bailando, se iban hacia un lado y hacia el otro.

Yo tengo trato con muchas personas mayores, al menos con aquellas que me resultan muy interesantes porque parecen tener una mentalidad joven, de mi edad, aunque tengan un cuerpo muy cascado. Bueno, no todos lo tienen fastidiado, es más, en el encuentro hubo una persona de unos 80 años y bailaba flamenco… Obviamente no como una de 20, pero no se le notaban para nada esos años. Cuando lo dijeron me quedé muy sorprendido.

La verdad es que con todo esto pude llegar a una conclusión: cuando se llega a una determinada edad, uno se vuelve a sentir joven. Y creo que la razón de esto es que los mayores se acaban dando cuenta de que no hay que darle tanta importancia a los problemas y que hay que vivir como si cada día fuera el último (algo que siempre les digo a los chavales en mis charlas). Por eso, la mayoría vuelven a parecer adolescentes.

Lo malo de los años es que tienes mucha experiencia, cuando ya apenas puedes utilizarla…

Quiero acabar dejando un vídeo, ya sabéis que me ha dado por grabarlo todo así que, aquí os lo dejo. Espero que os guste:


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La Muerte

No sé si es que nos estamos haciendo demasiado mayores o es que la Muerte se está riendo de nosotros, pero… ¡ya basta! ¡Ya es suficiente! Ya hay demasiadas víctimas, demasiado dolor… un dolor que resulta como un puñetazo en la boca del estómago, el cual te deja sin aire, te asfixia, te oprime hasta el pecho. Te encoges por la agonía, sin poder articular una sola palabra…

Demasiadas lágrimas derramadas, demasiados llantos, gritos, golpes, silencios… Y todos ellos ahogados para sofocar el dolor que se siente a solas; una lucha interna que uno debe superar. Cada uno busca su modo de hacerlo: sonrisas frente al mundo que después, en casa, se convierten en lluvia que riegan nuestro rostro. Altares que mitigan el sufrimiento de un modo u otro. Hay quién necesita que el alcohol revuelva los recuerdos o mejor aún, que los haga olvidar. Hay tantas formas… Intentamos buscar una manera de matar a la Muerte, qué ironía…

Odio los “Lo siento”, detesto el pésame que solo se dice por educación. No sirve de nada, no alivia el dolor. Todo lo contrario, hace que ese vacío que se intenta aliviar se vuelva más grande todavía. No ayuda que semanas después recordemos lo que estábamos intentando “olvidar”, solo porque los modales se deban anteponer frente al dolor… ¿Qué tal una distracción? Unas bromas que conviertan la falsa sonrisa en una real, no en una que nos pintamos para aparentar ser fuertes. ¿No entendéis que realmente buscamos superar lo que tanto daño nos hizo? Nunca entenderé esa norma de educación y por mi parte, haré como que nunca la aprendí.

La Muerte tiene tantas formas de avecinarse… A veces, las noches se vuelven eternas en un sillón incómodo esperando a esa leve brisa que se lleva consigo el último aliento. Y otras… otras veces suena el teléfono y escuchas una voz que hubieras deseado no haber oído jamás…

Hace mucho comprendí que hacer el idiota, el bobo, el payaso o como lo queráis llamar, cose las heridas que nos dejaron abiertas porque cuando volvemos a estar solos, porque cuando volvemos a nuestro oscuro rincón, todo vuelve a doler…

Y lo peor es que esa angustia aparece por primera vez como un rayo que quema un árbol. Te atraviesa de la cabeza a los pies y arde, todo tu cuerpo arde y nunca dejará de hacerlo. Siempre quedará una leve llama que quemó toda una vida, solo con la intención de recordarnos lo que pasó. De lo que sucedió un día y lo que nos plantó ante nuestras narices: el miedo. Miedo al dolor que nunca podremos dejar atrás y que nos plantea tantos interrogantes, que al final ni siquiera les buscamos las respuestas.

Una vez escuché que no hay que huir de los miedos y que hay que mirarlos a los ojos para afrontarlos. Eso significa que solo hay que aprender a caminar de la mano del dolor, asumirlo. De ese modo, la llama que antes nos quemaba, solo nos dará calor y fuerza para volver a ver la luz que la Muerte un día nos arrebató.


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Resetear mi vida

Aquellos que me conocen ya, aunque sea un poquito, saben lo curioso que soy y lo inquieto que puedo llegar a ser. Es una de las cosas que más me gusta de mí; me ha llevado a conocer cosas muy interesantes y filosofías que ahora forman parte de mi vida, a querer llegar más allá de donde se suponía que quería llegar en un principio, a tratar de no pararme nunca.

Y lo malo es que, y creo que es el motivo por el que no he mantenido el blog a raya, últimamente vuelvo a sentirme un poco estancado, es decir, no hay nada nuevo. He de decir que habrá cosas diferentes, aunque no lo parezca, de vez en cuando surgen algunas llamadas interesantes. Pero es que vivir en un pueblecito con 22 años creo que es como encerrar a un ratón en una caja de cerillas.

Imagino que todos aquellos que me lean y sean mayores habrán vivido como mínimo en dos lugares distintos. Y ya ni hablo sobre viajar, que supongo que de eso ha habido muchas más ocasiones todavía. Esto lo digo porque, a pesar de acabar echando en falta el lugar donde uno crece, se necesita la experiencia de vivir en otros lugares y de conocer mundo, sobre todo si se es un culo inquieto como yo.

Llevo medio año más o menos pensando en salir de aquí y no es porque deteste a mis amigos, jugar a “Pueblo duerme” sin ellos se me hará raro el día que no vea sus caras. Tampoco es porque odie mi pueblo o sus habitantes, para nada, simplemente necesito esa otra experiencia, otra forma de vida. Necesito caras, lugares, ideas, filosofías, opiniones nuevas. Fuera de aquí hay tantas cosas que se saldrían de lo normal, aunque… ¿qué es lo normal? ¿Mi rutina? ¿Mi gente y los del pueblo? Estas preguntas creo que indican que debería de salir de aquí por un tiempo porque lo que hay fuera de este lugar para nada es raro o extraño (hay excepciones), solo diferente a lo que veo cada día.

Todo esto lo llamo reseteo; pienso que es necesario empezar desde cero en algunos momentos de nuestras vidas para descubrirnos a nosotros mismos. Si siempre hacemos lo mismo, estamos con las mismas personas y vemos los mismos lugares día sí y día también, ¿cómo narices vamos a crecer como personas? Es como querer estudiar una carrera y emplear los libros del instituto; nos darán la base, pero tenemos que adquirir más conocimientos y eso se consigue con otros libros.

Si por mí fuera pasaría un año sabático recorriendo mundo, y no en unos meses, lo haría con tranquilidad. Si algún día hiciera algo así, me tomaría mi tiempo para permanecer en cada sitio nuevo durante unos cuantos días, me atrevería a decir una semana.

A pesar de llevar pensando en todo esto ya bastante tiempo, me parece que aún temo dejar ciertas cosas atrás o tal vez es el miedo a lo que me podría esperar. Sinceramente creo que hubiera podido irme a vivir fuera cuando me lo planteé, pero lo estoy atrasando poco a poco sin darme cuenta de que es ahora o nunca. Y sé que si lo sigo dejando acabaré arrepintiéndome, todo tiene su momento en esta vida y me parece que este es el adecuado para cambiar de aire.

Así que he llegado a una conclusión, mover mi culo de esta silla para no quedarme estancado y buscar lo que quiero, es una meta que tengo en mente y que acabaré por cumplir. Y eso va por todos; si sentís esa necesidad de salir del lugar de donde vivís, hacedlo. Tened un poco de cabeza con vuestros actos, no os marchéis sin tener como mínimo un objetivo, pero hacedlo, aunque solo sea durante unos meses. Eso os demostrará si de verdad necesitabais un cambio o no.