Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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El tiempo

Cómo vuela el tiempo…  En menos de 24 horas ya cumplo 27 años y, aunque aún se me considere joven, me siento mayor, muy mayor…

Parece que no, pero vivir más de un cuarto de vida no es poco y mucho menos si echas la mirada para atrás y la comparas con el presente. Sólo con pensar que los que han nacido en el 2000 ya van a cumplir 20 años me parece una locura. Más aun teniendo en cuenta que no han llegado a conocer algunas cosas que para mí fueron significativas. Ahora entiendo a las personas mayores cuando nos cuentan sus historias y nos tienen que explicar algunos detalles para ponernos en contexto.

Además, veo reflejado el paso de los años en algunas amigas mías, donde pasaron de ser niñas a ser mujeres. Incluso los chicos que llevo tiempo sin ver y que no los reconozco por esas barbas tan pobladas que llevan algunos. Han sufrido la transición, dejaron de ser esos pequeñajos que yo un día conocí y se han convertido en adultos con responsabilidades, con problemas, con su propia historia…

También la idea de que mucha gente de mi generación comienza a tener cierta estabilidad en todos los aspectos posibles y acaban casándose o teniendo hijos o ambas. Eso, ¡hace unos años era impensable! Era algo que quedaba muy lejos, muy en el futuro. Ahora en cambio es un tema que sale cada dos por tres. Es más, mis amigos y yo queremos una boda por el tema de la ropa elegante, la fiesta y todo lo que conlleva.

Yo por mi parte he descubierto que me he hecho mayor cuando los niños, inocentes ellos, le dicen a sus padres: “Mamá, ese señor no tiene manos”. ¿Señor? Perdona, pero solo tengo 26 años, ¿vale? Esto cada vez se vuelve más recurrente, yo creo que llevo escuchándolo desde que me dejé el bigote y la perilla (unos 6 años más o menos). Supongo que también es por no moverme ya por los mismos sitios que se mueven los niños. Lo de ir a parques infantiles a charlar y comer pipas es algo que caducó hace ya tiempo. Sea como sea, muchos de los más peques todavía no saben de mi existencia así que me toca oír lo de señor más veces de lo que me gustaría. Tocará acostumbrarse.

La tecnología también se ha convertido en un punto clave para descubrir lo rápido que pasa el tiempo. A día de hoy, lo normal es que los adolescentes tengan un móvil, cuando yo lo tuve sólo para excursiones y casos muy específicos para poder comunicarme con mis padres, en caso de urgencia. Ahora nacen con un móvil debajo del brazo y no se despegan de él. Creo que es una fase por lo que todos los chavales deben pasar para después darle prioridad a otras cosas (también yo tuve mi época de estar más pendiente del móvil que de mis amigos).

Y la parte que más me gusta de esto del paso del tiempo, es la de la experiencia. Siempre admiraba a los adultos por la cantidad de historias que podían contar y por toda la sabiduría que transmitían. Que me respondieran a todas mis preguntas cuando yo era un enano me fascinaba, yo quería saber hacer lo mismo. Aparte de la visión tan amplia que tenían ellos del mundo. Ahora es mi turno, muchas personas dicen que sé de todo y que rezumo sabiduría. Sea cierto o no, he cumplido con mi sueño de querer ser mayor, no para poder salir por ahí a beber, sino para tener mucho conocimiento y saber responder muchas preguntas, además de dar consejos y también a adelantarme a los acontecimientos. La de veces que habré podido decir “te lo dije”.

Evidentemente el mundo está en constante cambio y toca adaptarse, el problema es asimilarlo al mismo ritmo. Mientras procesas todo lo que está ocurriendo, la sociedad ya ha sufrido otra metamorfosis que tendrás que volver a asimilar. Lo externo a nosotros cambia rápido, sin embargo, hacer introspecciones requiere su propio ritmo por lo que muchas veces terminamos perdiendo el hilo.

Es un tema agridulce porque tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Yo pretendo quedarme con las buenas, como siempre. Quiero que me merezca la pena hacerme mayor, pretendo utilizarlo a mi favor. No me gustaría estancarme, no me apetece ser uno de esos que tienen una mentalidad que no corresponde con la década que está viviendo realmente. Me encantaría conocer lo viejo y lo nuevo y sacar de ello mis propias conclusiones para seguir creciendo.

#NuncaDejéisDeSonreír

 


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“Si quieres, puedes”

Yo era una de esas personas que creía en las típicas frases que puso de moda Mr. Wonderful. Frases como: “si quieres, puedes”, “si de verdad lo deseas, al final se cumplirá”, “no hay nada imposible”, etc. Yo predicaba con ellas y las creía ciertas, hasta que la vida te demuestra lo contrario.

Cuando te mueves por internet o viajas muy a menudo, al final descubres muchas historias, las cuales se alejan mucho de la tuya; llena de privilegios y donde tienes todo a tu alcance. Así que poco a poco descubres como las frases que he mencionado anteriormente dejan de tener sentido para muchas personas. Es más, en algunas ocasiones hasta llevan a la frustración. ¿Cuántas personas que se han quedado en silla de ruedas tras un accidente no querrían volver a caminar? O ¿cuántos jóvenes hoy en día se dejan la piel en algunas asignaturas estudiando durante semanas, y al final terminan suspendiendo? Imaginad que en el trabajo tratáis de hacer todo lo mejor posible, de ser un empleado ejemplar, con la intención de poder ser ascendido o recibir un sueldo más alto. Pero por algún motivo ajeno a vosotros no os llevará a vuestro objetivo. Teniendo en cuenta que de verdad queréis cumplir vuestros sueños, que le echáis horas y lo deseáis con todas vuestras fuerzas, frustra ver como no llegáis a ellos por algo que no depende solo de vosotros. El esfuerzo, las ganas, el empeño, el deseo o cómo lo queráis llamar al final no siempre son determinantes por desgracia.

En la vida hay muchos otros factores que, en ocasiones, te impiden llegar a cumplir tus metas: la suerte, la situación económica, la etapa por la que estás pasando, la causalidad, la casualidad y una de las más importantes, tu lugar de nacimiento. Parecerá una tontería, pero ¿os habéis parado a pensar cuántos niños en alguna tribu de África acaban muriendo por no tener comida o por alguna enfermedad? Y sin duda que alguno de todo ellos podría ser un médico de éxito o un científico con renombre. Sin embargo, algunos no tienen ni la oportunidad de llegar a la adolescencia. Es fácil decir que con esfuerzo todo se consigue cuando tienes un plato puesto en la mesa a la hora de comer.

La meritocracia y el clasismo han hecho mucho daño en este aspecto. Personas que lo tenían bastante fácil y que ahora están en la cima lo achacan todo al sudor de su frente durante las noches en vela. Lo que no nos paramos a pensar es que Steve Jobs no hubiera alcanzado el éxito sin Steve Wozniak, ni viceversa (el azar cruzó sus caminos, no su esfuerzo). Es más, ninguno de los dos hubiera tenido un garaje donde diseñar un ordenador si hubiesen nacido en algún lugar recóndito de África.

Llegar al pico de la montaña a veces nubla la vista, hace creer que todo viene de uno mismo, cuando hubo muchos factores que llevaron a la persona a lo más alto. Evidentemente duele que te digan: “oye, que no ha sido sólo tu esfuerzo, también ha sido la casualidad, tu lugar de nacimiento, tu situación económica…” pero es así. Si por nosotros fuera, chasquearíamos los dedos para que nos cayera dinero del cielo y poder comprarnos varias mansiones. Sería una bonita forma de tener la vida resuelta. En cambio, por mucho que los chasquemos, no llegaremos nada más que a un dolor de dedos.

Lo importante en este tema es tener los pies en el suelo, tener una buena actitud y un buen conocimiento sobre tu propia persona. Saber de lo que eres capaz y de lo que no, de saber afrontar las adversidades y sacar lo mejor de ellas. Saber que en ocasiones, por más ganas que le pongas, deberás buscar una alternativa porque, al fin y al cabo, es algo que no podrás enfrentar de una manera directa.

Como dije al principio, yo era uno de esos ingenuos que creía ciegamente en el poder de los sueños sin tener en cuenta otras tantas cosas. Al final, leyendo, descubriendo mundo, conociendo gente y escuchando historias terminé por abrir los ojos.

Si algún día llego lejos, si algún día tengo éxito, espero no menospreciar a toda la gente que he tenido a mi lado y que, en cierto modo, comparten conmigo la gloria. Ellos me han hecho ser quién soy y ellos han formado parte de mi vida como para decir que el camino hacia la cima lo recorrí yo solo.

#NuncaDejéisDeSonreír

(mi frase va más allá de que no dejéis de sonreír en el sentido literal, va con la idea de que afrontéis las cosas de la mejor manera posible y que os quedéis con lo positivo de todo)


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La familia

Ahora que estamos en navidad y es el momento de que los familiares se reúnan quería hablar de algo que he descubierto estos últimos dos o tres años: la familia no siempre tiene que ser de sangre.

A veces nos toca nacer en un entorno complicado, en el que no encajamos, donde no hay amor ni apoyo por parte de la familia o vete tú a saber (yo tuve mucha suerte con este tema y mis padres y mi hermano fueron pilares muy importantes en mi vida). Y por desgracia llega un momento en el que no te sientes parte de esa comunidad en la que, en cierto modo, estás obligado a permanecer hasta que, de repente, las cosas cambian.

Hay miles de situaciones por las que se puede sufrir ese cambio. Pero yo me quiero centrar en el que de la nada aparecen unos amigos, pasas tiempo con ellos, os pasáis las horas riendo, os contáis vuestras mierdas, vivís aventuras, van pasando los años y llega un momento en el que habéis formado una familia. ¡Ni te das cuenta! No te das cuenta de que tienes ganas de estar con ellos, de buscar hueco aunque sea para pasar la tarde. Quieres crear recuerdos. Y es que encima sientes que a su lado estás viviendo de verdad. Estás disfrutando del momento, las cosas malas se marchan entre las risas, puedes ser quién eres en realidad y te querrán igual. Vives, simplemente vives.

Aunque parezca mentira, esos vínculos de amistad tan fuertes como para pasar fechas relevantes con ellos se vuelven muy poderosos y muy bonitos. Creo que compartir tiempo con las personas que de verdad quieres es de las mejores cosas que podemos hacer.  Se convierten en tu refugio, en tu hogar. Te sientes querido y arropado. Ellos sí que saben quererte bien.

Encajar en este mundo a veces es complicado, incluso estando rodeado de gente puedes sentirte solo. Formar parte de algo y tener tu propio rol en tu nueva familia es algo a lo que no todas las personas pueden aspirar. Esa confianza de saber quién se encarga de qué, de saber callar, de hacer reír a quién está mal, de cambiar de aires sin decir palabra… Todo va surgiendo según pasan los años y cuando menos te lo esperas te han acogido personas que sienten lo mismo que tú.

Y evidentemente no todo es color de rosa, no todo es perfecto, alguna que otra situación complicada puede aparecer, pero no nos lo tomamos a pecho, se nos pasa a los cinco minutos y ya está. De nada sirve estar cabreado para siempre, y mucho menos cuando no hay ninguna maldad en nuestros actos.

Después de años y descubrir todo esto, llegué a la idea de que la familia no siempre tiene que ser de sangre. La familia, a veces, simplemente te encuentra para darte una segunda oportunidad para vivir.

#NuncaDejéisDeSonreír


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Recuerdos

Sé que soy joven aun. Tengo 26 años y en principio me quedan muchos años por vivir (nunca se sabe dónde nos acecha la muerte, sin embargo no la temo). Pero ya voy notando los años cuando echo la mirada hacia atrás y también cuando me cruzo con niños y adolescentes (que no son pocos por todo lo que hago y por el terreno en el que me muevo).

Hace unos meses recibí el correo de una maestra que tuve en la guardería cuando todavía vivía en Alemania. Al abrirlo y leerlo me emocioné un montón. Hay etapas en la vida en las que se nos cruzan personas de las que no volveremos a saber nunca más y en la infancia, en ocasiones, hay muchas de ellas. Recibir aquel mensaje me alegró el día e inmediatamente contesté.

Terminamos hablando por Whatsapp y poniéndonos un poco al día. Tras unos 21 años había muchas cosas para contar. Lo que me pareció increíble y de valorar era de la cantidad de cosas de las que aún se acordaba. Sabía el nombre de mis padres, de mi hermano, que él era mucho más mayor que yo, el pueblo en el que vivía en Alemania, etc. Supongo que cuando tu trabajo es pura vocación las cosas se recuerdan mejor.

Y es que en la guardería en la que estuve, los niños con discapacidad (que no éramos pocos) tenían su lugar y su atención cubierta. Ninguno era más que los demás, todos participábamos en las actividades y jugábamos los unos con los otros. Y esto era gracias a las personas como mi maestra que se desvivían para que simplemente fuéramos niños pasándolo bien.

Por circunstancias de la vida (casualidades de la vida lo llamo yo) iba a hacer un viajecito a Alemania, a ver a mi hermano. Evidentemente se lo conté y los dos teníamos claro que queríamos vernos para tomar algo. Ambos estábamos ilusionados con la idea de seguir contándonos cómo nos iba la vida y recordar viejos momentos.

Estando ya donde mi hermano me avisó de que se vendría otra maestra más que también estuvo en el mismo grupo. Cada vez estaba más contento. Me alegraba el pensar que tras tanto tiempo, podría ver a dos personas que formaron parte de mi infancia y que aportaron su granito de arena para que me convirtiera en quién soy hoy.

Después de vernos, abrazarnos, estar en el bar y pedirnos la cena, empecé a explicarles cómo llegué a las charlas de motivación, lo involucrado que estoy con la discapacidad y el cómo llevamos ese tema en España (en Alemania van por detrás de nosotros en algunos aspectos). Y ambas, como muchas otras personas que me conocieron siendo más chiquillo, ya veían en mí ese potencial de ayudar a otros, de inspirar a la gente, de ser capaz de sonreír frente a las adversidades, aprender de ellas y de no poner mala cara a nada ni nadie.

Me contaron lo rebelde que era ya de pequeño frente a las herramientas que me daban en los hospitales y ortopedias para facilitarme el día a día (cualquier cosa que me pusieran en mis manos terminaba lanzándolo). Y también me dijeron que tuvieron que apretar los dientes innumerables veces para dejarme hacer a pesar de querer saltar al “rescate”. Explicaron el gran trabajo que hicieron mis padres y la fuerza de voluntad que tuvieron para hacerme lo más independiente posible.

Pero aquí no acabó la cosa. Evidentemente, ellas me hablaron de sus vidas, sus trabajos y sus familias. Sin embargo, lo más nostálgico vino después. Las dos trajeron fotos de aquellos años. Mi cabeza comenzó a inundarse de recuerdos de los demás niños, de las actividades, las excursiones, los juegos… Empezaron a hablarme de unos, de otros, de lo que estábamos haciendo en la fotografía, de lo que ocurrió ese día, de lo que había sido de aquel chiquillo y del otro, del resto de maestros y un largo etcétera. Yo, por desgracia, no recordaba tanto, pero sí lo suficiente como para acabar quedándome con una de las fotos que me enseñaron en la que salía con Ali, un niño con síndrome de down. Ambos parecíamos uña y carne (nótese el chiste). Siempre le he tenido muy presente a lo largo de mi vida. Tanto, que cuando veía a alguien con síndrome de down, a mis padres les decía que era un Ali (una persona con síndrome de down). Sentí que aquella fotografía se convertiría en mi puente para llegar a nuestra infancia y nuestras aventuras.

También se abrió una puerta en el momento en el que vi otra imagen y volví a recordar a uno de los maestros que más quería, uno de los que siempre quería tener cerca y al que recuerdo con muchísimo cariño. Supongo que, aparte de que se pareciera a mi hermano por aquel entonces, se debía al hecho de que me dedicara mucho tiempo y atención, pues era el que siempre me llevaba a caballito cuando tocaba andar mucho.

Sentí lástima por no poder recordar más, de no recordar caras ni nombres. Pero aquello de lo que sí me acordaba me sacaba una sonrisa que iluminaba mi rostro.

Los tres vibramos en la misma frecuencia, sentíamos mucha nostalgia, ganas de saber de los demás, de escuchar sus historias como hicimos esa noche. Sabíamos que fue una época preciosa en la que pudimos vivir infinidad de cosas y donde le sacamos el jugo a cada experiencia.

Definitivamente pienso tener un encuentro así cada vez que vaya a visitar a mi hermano. Fue una situación preciosa y que no quiero dejar marchar. Más aún si sé que hay más maestras y maestros que podría volver a ver en otras ocasiones gracias a ellas dos que a día de hoy todavía organizan reuniones de antiguos compañeros.

Tengo que admitir que he tenido suerte con la gente que me ha rodeado, siempre me han apreciado y valorado tal y como soy. Ya desde pequeño tenía las cosas claras y en cierto modo eso hacía que las personas me apoyaran. La infancia es una etapa muy relevante para el devenir del niño en muchos aspectos y a mí me han sabido llevar por el buen sendero. Gracias de corazón.

#NuncaDejéisDeSonreír


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La vida se cuenta por recuerdos

Dejaros de 2015, dejaros de 2016, dejaros de años, dejaros de propósitos, dejaros de esos tópicos que solo llegan por estas fechas. Dejaros de decir cosas solo ahora porque es cuando echamos la vista hacia atrás. Dejadlo ya.

La vida no se cuenta por años, no se cuenta por la buena fe que tenemos diciendo que nos hemos propuesto algo en concreto. No podemos medir nuestras vidas solo cuando hay un día concreto que parece que para muchos es un antes y un después cuando en realidad no es cuestión de fechas sino de actitud.

La vida se cuenta por días, la vida se cuenta por recuerdos, por momentos y experiencias. No malgastéis el tiempo en palabras que solo duran unas semanas, moved el culo de vuestras sillas y cread vuestro camino, construidlo y formad una historia tras otra que para vosotros tenga un valor incalculable cuando para otros apenas tenga sentido.

Compartid vuestros días con las personas que más os apetezcan, decid las gilipolleces que se os ocurran, haced el tonto de vez en cuando, reíd hasta que os duela, escuchad, observad, llorad, amad, conoced personas y descubrid mundo. ¡Pero hacedlo ya!

No dejéis que llegue una fecha determinada para proponéroslo, hacedlo cuando lo sintáis de verdad, de corazón.

Estoy harto de ver como ahora todo son intenciones y buenos deseos. Cuando esto acabe, todo será igual que antes, pero porque vosotros dejáis que así sea.

Y no, yo no pienso dejar que eso ocurra… Pienso seguir construyendo mi camino ladrillo a ladrillo, día tras día. Seguiré viviendo aventuras y poco a poco se crearán recuerdos que iré acumulando.

He tenido la suerte de grabar (literalmente) para siempre algunos momentos de mi vida, fue una decisión que ahora mismo valoro más que nunca. Ya no son recuerdos solo para mí, ahora los puedo compartir con muchos de vosotros y quiero que así sea por mucho tiempo.

Solo pensad que no sabemos siquiera si llegaremos al mañana, por lo que debemos disfrutar de cada día como si fuera el último.

La vida no se cuenta por años, la vida se cuenta por recuerdos…

 


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Abrir los ojos

Llevo unos meses repitiendo mucho lo mismo una y otra vez a personas que les gusta escucharme. Es algo sobre lo que no había reparado hasta hace poco, algo que era así desde que cambié mi filosofía o más bien, mi visión de la vida.

En un principio vemos lo que nos rodea y vemos el comportamiento de los que están a nuestro alrededor y cuando tenemos algún problema, le echamos el marrón a los demás: si suspendes un examen es por el profesor, si tu pareja está tomando algo con alguien del sexo opuesto empiezan los celos hacia esa persona, si no puedes salir de fiesta la culpa es de tus padres, si no puedes hacer lo que verdaderamente te gusta es porque otros te han dicho que no es lo más adecuado y así muchas otras situaciones.

El problema es nuestro, pero está causado por algo que no somos nosotros. O eso es lo que pensamos, pero no es así. Lo que llevo repitiendo mucho estas semanas es que no nos fijamos en nosotros, no miramos dentro de nosotros, primero lo de fuera y luego ya si eso… Y ahí está la clave de porqué uno no logra mejorar su situación.

Vi un vídeo hace poco y me quedé con una frase que me gustó mucho: “¿Cómo alguien ve una astilla en el ojo de alguien si tiene un tronco en el propio?” No podemos exigir nada de los demás cuando primero tenemos que ver qué actitud tenemos nosotros. Y ya no solo hacia el resto, sino hacia uno mismo. ¿Cuántas lágrimas habrán caído en la almohada antes de dormir…? Esa angustia, esa incomodidad, esa frustración que generamos es porque no estamos bien y se debe a que no nos hemos mirado al espejo… Y si lo hacemos, volvemos a llorar… ¿Por qué? ¿Qué hacemos mal?

Ya os he dicho muchas veces que no soy diferente a los demás, he pasado por la misma edad del pavo que todos, pero hubo una época en la que abrí los ojos, y no miré hacia fuera… miré hacia dentro. Empecé a ver dentro de mí y me di cuenta que tenía que cambiar mi actitud. De repente, los demás dejaron de ser la razón de mi tristeza, ya no eran ellos los que me hacían sentir mal. En realidad era yo el que se sumía a esos estados tan lamentables, y cuando me di cuenta de esto, todo cambió. Las lágrimas en la almohada desaparecieron y se convirtieron en una felicidad constante y aunque os pueda parecer aburrido, no lo es. Sonreír continuamente porque se es feliz sin tener que fingirlo es realmente tranquilizador.

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Y no penséis que desaparecieron los problemas en mi vida solo por haber mirado en mi interior, para nada, todavía surgen cosas que son para tirarse de los pelos. Sin embargo, aquella preciada lección me enseñó a ser capaz de ver cuál es el problema exactamente y a partir de ahí ver qué puedo hacer. Además de enseñarme a no tomarme las cosas tan a pecho como solía hacer antes y que cada uno tiene que vivir su vida.

Lo malo de esto es que creo que uno no llega a verse a sí mismo con facilidad, primero tiene que ocurrir algo para llegar a ese punto. Al menos así ha sido normalmente con las personas que he conocido y que piensan de un estilo parecido al mío.

Pero como suelo decir, a veces hay que darse el porrazo para abrir los ojos y terminar siendo feliz.

Y como hace tiempo que no digo mi super frase, pues lo hago hoy… Nunca dejéis de sonreír.


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Los cines de verano se olvidan

Ayer, después de mucho tiempo, volví a ir al cine. Pero esta vez fui al de verano. Algo que espero con ganas cuando se acerca el calorcito. Y aunque quería comentar las películas que vi (la segunda la vi a trozos porque se me cerraban los ojos, pero bueno), me gustaría hablar de estos cines que están quedando en el olvido.

Yo no sé si tenéis alguno donde vivís, pero de no ser así es una pena. Hay quién se queja de que las sillas son incómodas, pero creo que después de hora y media, cualquiera empieza a removerse en el asiento como si tuviera una guindilla en el culo. Ya no hablemos de aguantar dos películas, eso ya es un poco locura si no se está acostumbrado. También está el problema de si acabas con un gigante delante, sin embargo, sigue valiendo la pena, al menos para mí.

En los pueblos vecinos también había cines de verano, pero poco a poco los fueron quitando, creo que por esta zona ya solo quedan dos. Y en realidad, en el nuestro ya no se ve tanta gente como antes… Supongo que influyen muchísimas cosas, que ahora mismo no vienen a cuento. Pero sinceramente me entristecería pensar que me quitasen mi bonito cine de verano. Valoro mucho el sentarme allí y estar a la intemperie. ¿Que no te gusta la película? No pasa nada, mira hacia arriba, te asombrará saber la de cosas que podrás encontrarte. Ayer mismo a mitad de la segunda película empezaron a tirar cohetes. Y no estoy seguro de si vi una estrella fugaz también (creo que ahí me pilló con medio ojo cerrado). He llegado a ver hasta murciélagos pasar cerquita de las cabezas. Cada vez que vas, sucede una cosa totalmente diferente.

Y es que encima pagas el mismo precio que en los cines normales, pero por dos películas. Además, cuando hablas de cine de verano, lo primero que te dice alguien que ha ido es: “Ah, sí y me llevaba mi bocadillo”. Y las pipas… Cuando encienden las luces te ves el charco de cáscaras de pipas por todos lados (un poco guarro la verdad, pero al menos es biológico). Esto es así. Es de esos placeres de la vida que se está perdiendo.

Mientras nuestro cine de verano sobreviva, yo seguiré aprovechando para ir, incluso aunque acabe durmiendo allí, dormir al aire libre no se hace todos los días.

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