Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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La rutina

La rutina, la cruel asesina de los culos inquietos como yo. Y supongo que para muchas otras personas. Al fin y al cabo, repetir lo mismo un día tras otro te termina devorando por dentro sin que te des cuenta.

He de decir que, aunque la vida se vuelva repetitiva, siempre hay pequeños detalles que la hacen distinta, para bien o para mal. Vamos, que aunque tengas una rutina, al final hay pequeñas variaciones entre un día y otro, ya sea una llamada inesperada, un desvío para volver a casa a causa de unas obras o las personas con las que te cruzas.

Sin embargo, a rasgos generales, todo se repite día sí y día también. Llegamos a automatizar tantísimos movimientos que no tenemos ni que pensar. Parecemos zombis o un robot ya programado.

Eso no es vida desde mi punto de vista, pero eso es otro tema que da mucho de sí. A lo que he venido hoy a contar es que yo necesito cambios cada cierto tiempo. Recuerdo que antes viajaba un par de veces al año, si es que viajaba. Ahora viajo como mínimo tres veces al año (aunque este 2020 pinta mucho más tranquilo). Sentía, y siento, como si estuviera entre cuatro paredes que cada vez se encogen más y más hasta asfixiarme. Me agobiaba pensar que no había cambios en mi vida, que no la estaba aprovechando. No crecer (a todos los niveles) me generaba malestar. No descubrir nada nuevo me mataba poco a poco. Sabía que, con mi forma de ser, los viajes me servirían para renovar energías y encontrar mejores versiones de mí mismo.

Reseteo, así lo llamo yo. Cada cierto tiempo necesito resetear mi vida, cortar por lo sano, desconectar de todo (amigos y familia incluidos) y empezar a descubrir mundo.

Llegué a apuntarme al curso de monitor y tiempo libre sólo para conocer gente nueva y aprender cosas distintas. Me sirvió. Conseguí resetear.

Y el sábado tuve la oportunidad de ir con dos amigos a Orihuela, una ciudad a la que nunca había ido, para visitar su mercado medieval. Además, aprovechamos la situación para pasar por el embalse de la Pedrera, un lugar precioso y con un agua turquesa que me enamoró.

A pesar de que con mis amigos cada día es una aventura, a veces necesitamos cambiar de aires, y ese “viajecito” (echamos la tarde allí) nos sentó genial. Llevaba bastante tiempo sin pisar lugares desconocidos para mí y me volví a sentir vivo una vez más.

Encontrarme con el embalse y la tranquilidad que lo rodeaba hacía que tuviera ganas de quedarme allí, al sol, observando el turquesa del agua. Y el mercado medieval ya ni os cuento… Había una barbaridad de puestos que cruzaban casi la ciudad entera. Todo muy ambientado, tanto los puestos como la decoración de las calles. Incluso pudimos ver un torneo medieval en el que acabé inmerso. Y según íbamos recorriendo los diferentes lugares en el que se celebraba el mercado, podíamos ver pequeños espectáculos como unos malabaristas disfrazados de bufones. Fue increíble. No dudaría en volver otro año.

Soy de esas personas que abre los ojos como platos cuando ve algo que no sea su pueblo, flipando con todo lo que le rodea, igual que un niño pequeño. También tengo mucha sensibilidad con y para el mundo y eso hace que viva con mucha fuerza las experiencias nuevas (y las no tan nuevas). Así que, imaginad lo fácil que es sacarme de mi rutina. Como si me llevas a un bar nuevo al que no había ido nunca. Con eso es suficiente para mí.

No necesito que me propongas un gran plan, simplemente uno que me saque de mi casa y poco más. Con eso yo normalmente ya rompo con mi rutina.

En ocasiones me toca a mí mismo buscarme la vida y termino aprovechando oportunidades. Como cuando me fui a Peralta (Navarra) tras la invitación de una amiga que estaba viviendo allí.

Y hasta hace poco tenía en mente viajar a Italia solo, mi intuición me decía que debía hacerlo por mi propia cuenta. Pero ha surgido otro viaje mucho más grande y que posiblemente me vaya a marcar mucho, así que toca aplazar la visita a Roma por ahora.

Sea como sea, tengo la suerte de que en mi vida hay muchas oportunidades para salir de mi día a día. Ya sea por proyectos, por propia iniciativa, por amigos o por familia, al final, justo cuando necesito desconectar, llega algo que me da un buen chute de energía con el que reseteo una vez más.

Ojalá pudiéramos cambiar la situación según se nos antojara, según lo necesitáramos y ya está. De estar hasta las narices de todo a desaparecer una temporada para encontrarte a ti mismo. Devolvernos la humanidad con la que vinimos al mundo y perder esa sensación de autómata que nos fue invadiendo con los años.

Por ahora tocará aprovechar las vacaciones para desconectar un poquito, aunque sean unos días. Más vale eso que nada.

#NuncaDejéisDeSonreír


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El tiempo

Cómo vuela el tiempo…  En menos de 24 horas ya cumplo 27 años y, aunque aún se me considere joven, me siento mayor, muy mayor…

Parece que no, pero vivir más de un cuarto de vida no es poco y mucho menos si echas la mirada para atrás y la comparas con el presente. Sólo con pensar que los que han nacido en el 2000 ya van a cumplir 20 años me parece una locura. Más aun teniendo en cuenta que no han llegado a conocer algunas cosas que para mí fueron significativas. Ahora entiendo a las personas mayores cuando nos cuentan sus historias y nos tienen que explicar algunos detalles para ponernos en contexto.

Además, veo reflejado el paso de los años en algunas amigas mías, donde pasaron de ser niñas a ser mujeres. Incluso los chicos que llevo tiempo sin ver y que no los reconozco por esas barbas tan pobladas que llevan algunos. Han sufrido la transición, dejaron de ser esos pequeñajos que yo un día conocí y se han convertido en adultos con responsabilidades, con problemas, con su propia historia…

También la idea de que mucha gente de mi generación comienza a tener cierta estabilidad en todos los aspectos posibles y acaban casándose o teniendo hijos o ambas. Eso, ¡hace unos años era impensable! Era algo que quedaba muy lejos, muy en el futuro. Ahora en cambio es un tema que sale cada dos por tres. Es más, mis amigos y yo queremos una boda por el tema de la ropa elegante, la fiesta y todo lo que conlleva.

Yo por mi parte he descubierto que me he hecho mayor cuando los niños, inocentes ellos, le dicen a sus padres: “Mamá, ese señor no tiene manos”. ¿Señor? Perdona, pero solo tengo 26 años, ¿vale? Esto cada vez se vuelve más recurrente, yo creo que llevo escuchándolo desde que me dejé el bigote y la perilla (unos 6 años más o menos). Supongo que también es por no moverme ya por los mismos sitios que se mueven los niños. Lo de ir a parques infantiles a charlar y comer pipas es algo que caducó hace ya tiempo. Sea como sea, muchos de los más peques todavía no saben de mi existencia así que me toca oír lo de señor más veces de lo que me gustaría. Tocará acostumbrarse.

La tecnología también se ha convertido en un punto clave para descubrir lo rápido que pasa el tiempo. A día de hoy, lo normal es que los adolescentes tengan un móvil, cuando yo lo tuve sólo para excursiones y casos muy específicos para poder comunicarme con mis padres, en caso de urgencia. Ahora nacen con un móvil debajo del brazo y no se despegan de él. Creo que es una fase por lo que todos los chavales deben pasar para después darle prioridad a otras cosas (también yo tuve mi época de estar más pendiente del móvil que de mis amigos).

Y la parte que más me gusta de esto del paso del tiempo, es la de la experiencia. Siempre admiraba a los adultos por la cantidad de historias que podían contar y por toda la sabiduría que transmitían. Que me respondieran a todas mis preguntas cuando yo era un enano me fascinaba, yo quería saber hacer lo mismo. Aparte de la visión tan amplia que tenían ellos del mundo. Ahora es mi turno, muchas personas dicen que sé de todo y que rezumo sabiduría. Sea cierto o no, he cumplido con mi sueño de querer ser mayor, no para poder salir por ahí a beber, sino para tener mucho conocimiento y saber responder muchas preguntas, además de dar consejos y también a adelantarme a los acontecimientos. La de veces que habré podido decir “te lo dije”.

Evidentemente el mundo está en constante cambio y toca adaptarse, el problema es asimilarlo al mismo ritmo. Mientras procesas todo lo que está ocurriendo, la sociedad ya ha sufrido otra metamorfosis que tendrás que volver a asimilar. Lo externo a nosotros cambia rápido, sin embargo, hacer introspecciones requiere su propio ritmo por lo que muchas veces terminamos perdiendo el hilo.

Es un tema agridulce porque tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Yo pretendo quedarme con las buenas, como siempre. Quiero que me merezca la pena hacerme mayor, pretendo utilizarlo a mi favor. No me gustaría estancarme, no me apetece ser uno de esos que tienen una mentalidad que no corresponde con la década que está viviendo realmente. Me encantaría conocer lo viejo y lo nuevo y sacar de ello mis propias conclusiones para seguir creciendo.

#NuncaDejéisDeSonreír

 


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“Si quieres, puedes”

Yo era una de esas personas que creía en las típicas frases que puso de moda Mr. Wonderful. Frases como: “si quieres, puedes”, “si de verdad lo deseas, al final se cumplirá”, “no hay nada imposible”, etc. Yo predicaba con ellas y las creía ciertas, hasta que la vida te demuestra lo contrario.

Cuando te mueves por internet o viajas muy a menudo, al final descubres muchas historias, las cuales se alejan mucho de la tuya; llena de privilegios y donde tienes todo a tu alcance. Así que poco a poco descubres como las frases que he mencionado anteriormente dejan de tener sentido para muchas personas. Es más, en algunas ocasiones hasta llevan a la frustración. ¿Cuántas personas que se han quedado en silla de ruedas tras un accidente no querrían volver a caminar? O ¿cuántos jóvenes hoy en día se dejan la piel en algunas asignaturas estudiando durante semanas, y al final terminan suspendiendo? Imaginad que en el trabajo tratáis de hacer todo lo mejor posible, de ser un empleado ejemplar, con la intención de poder ser ascendido o recibir un sueldo más alto. Pero por algún motivo ajeno a vosotros no os llevará a vuestro objetivo. Teniendo en cuenta que de verdad queréis cumplir vuestros sueños, que le echáis horas y lo deseáis con todas vuestras fuerzas, frustra ver como no llegáis a ellos por algo que no depende solo de vosotros. El esfuerzo, las ganas, el empeño, el deseo o cómo lo queráis llamar al final no siempre son determinantes por desgracia.

En la vida hay muchos otros factores que, en ocasiones, te impiden llegar a cumplir tus metas: la suerte, la situación económica, la etapa por la que estás pasando, la causalidad, la casualidad y una de las más importantes, tu lugar de nacimiento. Parecerá una tontería, pero ¿os habéis parado a pensar cuántos niños en alguna tribu de África acaban muriendo por no tener comida o por alguna enfermedad? Y sin duda que alguno de todo ellos podría ser un médico de éxito o un científico con renombre. Sin embargo, algunos no tienen ni la oportunidad de llegar a la adolescencia. Es fácil decir que con esfuerzo todo se consigue cuando tienes un plato puesto en la mesa a la hora de comer.

La meritocracia y el clasismo han hecho mucho daño en este aspecto. Personas que lo tenían bastante fácil y que ahora están en la cima lo achacan todo al sudor de su frente durante las noches en vela. Lo que no nos paramos a pensar es que Steve Jobs no hubiera alcanzado el éxito sin Steve Wozniak, ni viceversa (el azar cruzó sus caminos, no su esfuerzo). Es más, ninguno de los dos hubiera tenido un garaje donde diseñar un ordenador si hubiesen nacido en algún lugar recóndito de África.

Llegar al pico de la montaña a veces nubla la vista, hace creer que todo viene de uno mismo, cuando hubo muchos factores que llevaron a la persona a lo más alto. Evidentemente duele que te digan: “oye, que no ha sido sólo tu esfuerzo, también ha sido la casualidad, tu lugar de nacimiento, tu situación económica…” pero es así. Si por nosotros fuera, chasquearíamos los dedos para que nos cayera dinero del cielo y poder comprarnos varias mansiones. Sería una bonita forma de tener la vida resuelta. En cambio, por mucho que los chasquemos, no llegaremos nada más que a un dolor de dedos.

Lo importante en este tema es tener los pies en el suelo, tener una buena actitud y un buen conocimiento sobre tu propia persona. Saber de lo que eres capaz y de lo que no, de saber afrontar las adversidades y sacar lo mejor de ellas. Saber que en ocasiones, por más ganas que le pongas, deberás buscar una alternativa porque, al fin y al cabo, es algo que no podrás enfrentar de una manera directa.

Como dije al principio, yo era uno de esos ingenuos que creía ciegamente en el poder de los sueños sin tener en cuenta otras tantas cosas. Al final, leyendo, descubriendo mundo, conociendo gente y escuchando historias terminé por abrir los ojos.

Si algún día llego lejos, si algún día tengo éxito, espero no menospreciar a toda la gente que he tenido a mi lado y que, en cierto modo, comparten conmigo la gloria. Ellos me han hecho ser quién soy y ellos han formado parte de mi vida como para decir que el camino hacia la cima lo recorrí yo solo.

#NuncaDejéisDeSonreír

(mi frase va más allá de que no dejéis de sonreír en el sentido literal, va con la idea de que afrontéis las cosas de la mejor manera posible y que os quedéis con lo positivo de todo)


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La familia

Ahora que estamos en navidad y es el momento de que los familiares se reúnan quería hablar de algo que he descubierto estos últimos dos o tres años: la familia no siempre tiene que ser de sangre.

A veces nos toca nacer en un entorno complicado, en el que no encajamos, donde no hay amor ni apoyo por parte de la familia o vete tú a saber (yo tuve mucha suerte con este tema y mis padres y mi hermano fueron pilares muy importantes en mi vida). Y por desgracia llega un momento en el que no te sientes parte de esa comunidad en la que, en cierto modo, estás obligado a permanecer hasta que, de repente, las cosas cambian.

Hay miles de situaciones por las que se puede sufrir ese cambio. Pero yo me quiero centrar en el que de la nada aparecen unos amigos, pasas tiempo con ellos, os pasáis las horas riendo, os contáis vuestras mierdas, vivís aventuras, van pasando los años y llega un momento en el que habéis formado una familia. ¡Ni te das cuenta! No te das cuenta de que tienes ganas de estar con ellos, de buscar hueco aunque sea para pasar la tarde. Quieres crear recuerdos. Y es que encima sientes que a su lado estás viviendo de verdad. Estás disfrutando del momento, las cosas malas se marchan entre las risas, puedes ser quién eres en realidad y te querrán igual. Vives, simplemente vives.

Aunque parezca mentira, esos vínculos de amistad tan fuertes como para pasar fechas relevantes con ellos se vuelven muy poderosos y muy bonitos. Creo que compartir tiempo con las personas que de verdad quieres es de las mejores cosas que podemos hacer.  Se convierten en tu refugio, en tu hogar. Te sientes querido y arropado. Ellos sí que saben quererte bien.

Encajar en este mundo a veces es complicado, incluso estando rodeado de gente puedes sentirte solo. Formar parte de algo y tener tu propio rol en tu nueva familia es algo a lo que no todas las personas pueden aspirar. Esa confianza de saber quién se encarga de qué, de saber callar, de hacer reír a quién está mal, de cambiar de aires sin decir palabra… Todo va surgiendo según pasan los años y cuando menos te lo esperas te han acogido personas que sienten lo mismo que tú.

Y evidentemente no todo es color de rosa, no todo es perfecto, alguna que otra situación complicada puede aparecer, pero no nos lo tomamos a pecho, se nos pasa a los cinco minutos y ya está. De nada sirve estar cabreado para siempre, y mucho menos cuando no hay ninguna maldad en nuestros actos.

Después de años y descubrir todo esto, llegué a la idea de que la familia no siempre tiene que ser de sangre. La familia, a veces, simplemente te encuentra para darte una segunda oportunidad para vivir.

#NuncaDejéisDeSonreír


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La música

Soy consciente de que la semana pasada dije que escribiría sobre mi regreso a la piscina, pero es que presencié algo increíble poco después de publicar la entrada.

Si no recuerdo mal, mi primer voluntariado fue con la Fundación de RafaPuede, en el proyecto PIAR (Proyecto de Inclusión en el Área de Recreo), donde debíamos ir a un colegio (dio la casualidad de que era al que fui yo) y llevar a cabo juegos inclusivos. La intención del proyecto es fomentar  las habilidades sociales saludables y la colaboración entre iguales. Además de evitar, en cierto modo, la exclusión de niños o incluso el acoso entre los mismos. Y todo esto mediante el juego.

Fue una experiencia increíble. Aprendí una barbaridad. Conocí todo tipo de chiquillo, y cada uno con sus características que lo hacía único. También descubrí que el juego era una medicina que curaba las diferencias entre los pequeños, llegando al punto, incluso, de ayudarse los unos a los otros si era necesario. Además, en muchos casos, solo necesitaban un poco de atención, que les dedicaras tiempo y demostrarles que de verdad te interesabas por ellos. Era bonito llegar cada semana, que se acercaran ilusionados y preguntaran por los juegos.

Os tenía que poner en contexto porque lo de la semana pasada tenía relación con esto. Yo me apunté a un curso organizado por la fundación: “I Curso Recreos Activos: Estrategias para favorecer la inclusión educativa”. Todo lo que vimos en las clases estaba relacionado, de un modo u otro, con el proyecto PIAR. Y resulta que el último día de clase (el lunes pasado) iba a venir el jefe de estudios del cole en el que desarrollamos por primera vez el proyecto. Ellos lo habían modificado un poco; introdujeron la música. De ahí el nombre que le pusieron: “Con la música a todas partes”.

Explicó que era una forma de captar la atención de los niños. Además, a todos les gusta bailar, sean mejores o peores, más extrovertidos o menos. Conseguía reunir desde los más pequeños hasta los más mayores, solo debía poner la canción adecuada. Se empezó a inventar juegos (por lo general muy simples) que estuvieran relacionados con la música: bailar por parejas, imitar al que baila en el centro del corro, moverse por la pista bailando, etc.

Yo ya sabía que estaban trabajando mucho en ello, pero nunca supe el impacto tan bestia que tenía hasta que llegaron los alumnos el último día de nuestro curso. Me fascinó verles aparecer con muchas ganas de bailar y jugar. Creo que éramos más de 40 personas entre niños y adultos. Y cuando aquello comenzó… me parecía mágico ver como las diferencias quedaban a un lado. Nadie era más, ni menos, simplemente eran. Podían ser ellos mismos, podían ser los protagonistas de su actuación. Y daba igual que bailaran bien, que tuvieran una discapacidad, que fueran más altos o más tímidos. El ambiente propiciaba a que te diera igual absolutamente todo, simplemente debías pasártelo bien y reírte con los demás.

Al principio participé y me lo pasé genial, pero después necesitaba verlo desde fuera (aparte de acabar agotado y necesitar un descanso). Tenía los pelos de punta viéndoles (adultos y niños) bailar como si no hubiera un mañana.

Pensar en el hecho de que la música hiciera algo así me parecía algo precioso, tanto, que se me saltaron las lágrimas. Será que me hago mayor, pero estas cosas me enternecen una barbaridad y me hacen reflexionar sobre la cantidad de cosas buenas que aún hay en el mundo. Un jefe de estudios buscando unir niños y dándoles las ganas de ir al recreo para pasarlo bien. Se desvive por ellos y les transmite la ilusión que él mismo tiene. A cambio los peques solo tienen que disfrutar y ver que para bailar no hace falta nada más que ganas.

Un millón de gracias a todas las personas involucradas en estos proyectos tan bonitos que unen y nos demuestran que solo somos personas que queremos vivir.

#NuncaDejéisDeSonreír


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III Congreso de Locura por Vivir

El martes pasado pude asistir de nuevo al III Congreso de Locura por Vivir. Un congreso del que, una vez terminado, no te quedas indiferente. Sales habiendo llorado y reído, pero sobre todo lleno de energía y con ganas de mover el culo.

Marian y Laura son las organizadoras de estos congresos y cada año consiguen mejorarlo. Se dejan la piel para traer gente con historias y un recorrido increíble. Incluso buscan patrocinadores para que la entrada sea gratuita. No pagas nada para ver a personas como Salva Espín (uno de los ilustradores de Marvel) o Saúl Craviotto (piragüista olímpico). Es algo que se les debe valorar.

Por norma general soy yo el que insufla a la gente las ganas de comerse el mundo. Es más, ellas contactaron conmigo en una ocasión para dar una ponencia en la Jornada “Lánzate”. Fueron unas 850 personas las que tuve ante mí y me ilusioné como un niño pequeño. Nunca tuve una oportunidad tan grande y me sentí lo más vivo que podía sentirse alguien al que le apasiona inspirar a los demás gracias a su historia.

Sin embargo, a veces me convierto en un mortal como el resto del mundo (nótese la broma), y necesito recibir un poquito de inspiración. Ser yo el que se sienta a escuchar a otros me recarga las pilas para seguir avanzando, para darme la motivación suficiente como para empezar con mis proyectos o con lo que sea por lo que esté pasando en ese momento.

Y eso me pasó el martes en el congreso. Salí de allí con ganas de volver a empezar a ir a la piscina (sobre eso hablaremos la semana que viene) gracias a Saúl Craviotto. Empezó a hablarnos del compromiso con uno mismo, de las exigencias que hay que imponerse a veces. Pero a la vez, tener la libertad de desconectar y pasar tiempo con tus seres queridos.

Me entraron muchísimas ganas de comprarme libros por “culpa” de Magdalena Sánchez Blesa  (poeta) y Patricia Ramírez (psicóloga de la salud y del deporte). Esta última hablaba de prácticamente todas las cosas que forman mi filosofía de vida: el valorar hasta el pequeño detalle, despreocuparte por aquello que aún está por llegar, dedicarte tiempo a ti mismo, saber focalizar tu energía, etc. Me veía representado constantemente, de ahí el querer leerme algunos de sus libros. La psicología es algo que me encanta y a menudo leo sobre ello para entender más la mente humana. Sé cómo funciona la mía, pero no sé cómo funcionan todas las demás.

No quiero dejar de lado a Magdalena porque, a decir verdad, con ella se me saltaron las lágrimas con cada poema que recitaba. La intensidad y la vida que le daba a las palabras era algo fuera de lo normal. Sus textos ni siquiera hablaban de algo abstracto o retorcido como la poesía de hoy en día. Al contrario, eran poemas relacionados con cosas muy banales, del día a día de cada persona. El pelo se me erizaba constantemente. Y encima sentí que era una de esas personas a las que podría escuchar durante horas y horas, pero no solo recitando poemas, sino contando su vida y sus experiencias. Magdalena rezumaba sabiduría.

Con la que definitivamente lloré fue con Ángela Molina, hija de Marian (una de las organizadoras) y superviviente, dos veces, de cáncer. Yo ya la conocía con anterioridad, pude conocerla un día que estuve en Murcia. Incluso nos seguimos en redes sociales y charlamos de vez en cuando. Pero lo curioso de ella es que no es conferenciante. Ella está estudiando diseño gráfico. Sin embargo su historia es inspiradora, su madre lo sabe y trata de hacer que nos inspire a los demás. El martes ella hizo magia ante casi 2.000 personas; la música es su salvavidas, su refugio y lo fue más cuando sufrió los dos cánceres. Así que nos cantó una canción que salía de lo más profundo de su corazón. El público la acompañó con las linternas de los móviles y de repente dejamos de estar en un congreso para estar en un concierto suyo.

Me emociona saber que alguien que cree que no inspira, es capaz de darnos vida con su música.

Y eso que estaba nerviosa, se notaba la ausencia de la experiencia. O sea que imaginad lo que hubiera conseguido estando segura de sí misma. Yo ya le he dicho que le terminará cogiendo el gusto y acabará en muchos escenarios motivando a la gente con su historia y su música. Yo, sin ser familia, estoy muy orgulloso de ella y de lo que ha conseguido con tan poquita práctica.

Como dije, salí de allí muy motivado, con ganas de muchas cosas. Ya he empezado a nadar otra vez, falta comprarme los libros de Patricia y Magdalena para aprender un poquito más de psicología y para bañarme en las palabras de la poeta. Quiero seguir subiendo los peldaños de la vida poco a poco, ayudándome de todas las historias que se puedan cruzar en mi camino.

Yo ya estoy impaciente por ver qué tienen en mente Marian y Laura para el futuro y, salvo que tenga algo entre manos (chiste), estaré ahí para apoyarlas y para recargar las pilas. Necesito seguir inspirándome de vez en cuando para inspirar a los demás.

#NuncaDejéisDeSonreír


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El arte de los mil rostros

Lo llaman el arte de los mil rostros, donde cuerpo, mente y alma dejan de ser tuyos para sufrir una metamorfosis, cuyo resultado será una constante interrogante. Tal vez te conviertas en aquello que tanto amabas ser algún día para dejar atrás lo que nunca te podía llenar. O quizá te transformes en ese ser que tanto odias y que jamás pensarías que pudiera formar parte de ti. Pero la clave está en aquella fusión donde tú y el nuevo ser se funden para ser uno solo, para dejar atrás tu vida y asumir una nueva, para desnudar tu alma ante el mundo sin que se percaten de ello…

Lo llaman el arte de los mil rostros porque no saben que hay una sola persona tras la máscara.

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