Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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La gran charla

Perdonad mi ausencia estos días. Quería reservarme un poco para hoy, bueno, en realidad para ayer, pero al final no pude. Tuve un gran día, de esos que se necesitan de vez en cuando para desconectar.

La charla de la que os hablé fue ayer y lo primero que debo decir es que ha sido una experiencia nueva a pesar de haber hablado ante un público con anterioridad. Ya dije en la otra entrada que iba a ser un reto y así fue. Todos eran adultos salvo mis amigos y eso influía. De esta ocasión puedo sacar bastantes detalles para mejorar aunque a la gente le haya gustado y haya quedado satisfecha.

Ya sabéis que suelo ser muy autocrítico en determinados momentos y al acabar la charla de ayer revisé un poco en mi memoria algunas situaciones. Los diez primeros minutos he de admitir que no me gustaron para nada, los nervios me duraron demasiado. De haber estado el profesor de técnicas de comunicación y expresión hubiera acabado con muchas correcciones creo yo.

Eso sí, tras esos minutos, por arte de magia o simplemente porque empecé a notar que todo era como de costumbre, volví a ser yo. De nuevo aparecieron mis bromas absurdas tanto sobre mi físico como sobre la anécdota que estaba contando en ese momento. Fue entonces cuando me paseaba más relajado sobre el escenario, cuando incluso me senté en algún que otro momento en el sillón que era más grande que yo. El ave Fénix resurgió de sus cenizas.

A pesar de todo no fue para nada una de mis mejores charlas, había momentos (desde mi punto de vista y el de amigos míos) donde me enrollaba cuando no era necesario. Es lo que tiene un charlatán como yo, que hablamos y hablamos y al final nos desviamos del tema. Pude resumir algunos detalles y centrarme en cosas más importantes. Pero como ya dije, esto fue un reto, de ello he aprendido y sin duda no empezaré igual ni me enrollaré como una persiana si no es necesario.

Vaya… ahora que releo todo parece como si hubiera salido una pésima charla. Sé que no ha sido así, pero prefiero buscar pegas para seguir mejorando, que no creer que todo salió bien y seguir por el mismo camino, que sin duda no fue perfecto para nada.

Al público le gustó, mis amigos disfrutaron también salvo esas pequeñas pegas que hay que pulir y yo disfruté cuando se me pasaron los nervios. No lo pensaría dos veces si quisieran repetir otra vez una charla así, eso sí, una versión un poco mejorada.

Dicho esto, gracias a todos los que se encargaron de organizar la charla, a los que asistieron y gracias a los que me leéis, que de vosotros no me olvido tampoco (perdón por tardar en publicar).


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Que malo es vomitar

Buenas, gente. ¿Alguien me echó de menos ayer? ¿No? Vale, vale… ¡Pues aquí acaba la entrada!

Venga, ya me dejo las tonterías, ahora en serio. No pude escribir nada ayer a pesar de haberlo intentado, el motivo fue una mala noche el sábado y un domingo más o menos igual. Al parecer tengo el virus del estómago que se ha puesto tan de moda… Lo peor de esto es que lo tuve hace unos cuantos meses, ya van dos en menos de un año. Me hago mayor.

Por lo tanto la entrada de hoy será sobre lo que tenía pensado escribir ayer: los síntomas, aunque no sé si definirlo exactamente así. Me explico: la noche del sábado la pasé vomitando (lo siento por aquellos que son de estómago delicado) y creo que es lo que más odio. Ni con la fiebre lo paso tan mal, ni con la garganta inflamada, ni la tos seca, ni con inflamación en el oído (bueno, esta última es dudosa…).

Me paré a pensar y es que cuando empiezas a encontrarte tan angustiado no sabes qué hacer, cuando en realidad es fácil; ir al baño. Pero el agobio y el malestar que se empieza a sentir lo nubla todo. Tuve la suerte de que la primera vez llegara a tiempo.

Aun así, lo que más me fastidia de esto es la parte en la que necesitas un esfuerzo tremendo para echarlo todo. No sé qué porcentaje del cuerpo actúa en este proceso, pero debe ser alto, porque después uno se queda tiradísimo en la taza del váter sin fuerza alguna.

No quiero hablar mucho más sobre esto sinceramente, no es algo muy divertido de leer, pero quería plasmar lo “bonito” que es tener fiebre o tos o alguna otra cosa comparado con el vomitar. A lo largo de toda mi vida lo he podido evitar muy a menudo y ahora que ha resurgido, me ha traído malos recuerdos y encima una reflexión con la que le he cogido más odio todavía.

Lo siento por aquellos que sean más delicados con estos temas, pero me apetecía hablar sobre algo así.

Y por suerte ya estoy mucho mejor, espero estar perfecto para el viernes.


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A por la siguiente charla

Vuelve a ser viernes y la semana se me ha pasado volando. Como siga así voy a mirarme al espejo y tendré arrugas.

Os conté parte del día de ayer, pero no os expliqué lo que vino después del desayuno con mi amiga. Os cuento: hace dos días me llamaron del Banco del tiempo, al que me ofrecí como voluntario, para poder quedar y hablar sobre un asunto que, si habéis leído el título de la entrada, ya sabréis (no vale mirarlo ahora, tramposos).

Sí, me propusieron otra charla. Obvio, ¿verdad? Para eso me ofrecí. Lo curioso es que esta puede llegar a ser a una escala más grande; siempre he tenido delante unas 30 personas, 40 como mucho. Pero me dijo ayer la chica que hay ocasiones que puede llegar a haber hasta 100 y bueno… eso es más del doble de lo normal. Eso fue una de las cosas que más me impactó porque si de verdad llega a esa cifra, esto volverá a ser otro reto.

El público, según me contó, va a ser en parte adulto, incluso ancianos, lo que significa que habrá gente con más años que yo y con más experiencia. Así que posiblemente haya otro reto más; llegar a ellos igual que le he llegado a los de mi edad o más pequeños.

Sin embargo, esto no se queda ahí. También me dijo que podría venir a grabar la televisión. Y no, no vendrán los de Antena 3 o Telecinco. Tan importante no soy. Sé que después de grabar un vlog esto debería ser pan comido, sobre todo teniendo en cuenta que el vídeo ha estado viajando toda una semana sin parar por internet. Pero para nada es lo mismo; mi casa, una cámara, una amiga, yo haciendo el bobo, fin. Un salón de actos, la tele, las cámaras tan grandes, un escenario, posiblemente 100 personas, nervios.

Van a ser unos cuantos retos muy interesantes y sé que los primeros minutos los pasaré mal, pero como decía el profesor del curso de técnicas de expresión: “Eso es normal, incluso son buenos para que liberes esa energía y después fluya todo mejor”. O algo así, no sé.

Pero por encima de todo esto, una de las cosas que más me marcó fue que, hablando con la chica del Banco del tiempo, averigüé que ya sabían de mí en el ayuntamiento. ¿Qué por qué me sorprendió? Uf… no sabéis lo que uno consigue levantando el culo de la silla. Que se hable de mí en un lugar así significa que aquellos que saben en lo que me estoy centrando estos últimos meses ya han hablado sobre ello con otras personas.

Desde hace tiempo llevo pensando que la mejor forma de darse a conocer es haciendo algo que impacte al resto porque solo así hablarán de ti a los demás. Que salgas como tema de conversación quiere decir que tus actos van de boca en boca, uno de los medios que para mí abarca un amplio terreno. Y esto es lo que me ha pasado. Ya han oído hablar de mí en el ayuntamiento y eso siempre es bueno, ¿no?

Sea como sea, mis actos empiezan a ser reconocidos en mi pueblo y quién sabe si no he llegado a mover lenguas en otros lugares. Soñar es gratis, lo sé, pero a veces los sueños se hacen realidad si uno lo intenta.

¡Suficiente por hoy! Ya di muchas noticias en una sola entrada, tal vez sea demasiado para vuestros cuerpos serranos. No explotéis, ¿eh?

Feliz viernes, gente. Y ya sabéis… Nunca dejéis de sonreír 🙂


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Los pueblos

Ya es tarde, pero es que no me apetecía escribir antes y como aquí mando yo, pues se escribe cuando yo lo diga.

No sé si vivís en un pueblo o en una ciudad, pero a los que vivimos en zonas pequeñas acabamos por conocernos entre todos, en especial cuando tenemos una rutina. A mí me conoce medio pueblo (es lógico, mi cuerpo serrano no se olvida) y cada vez que voy acompañado por alguna chica todos me empiezan a mirar; generalmente las personas mayores. En realidad no me preocupa, ya estoy acostumbrado.

Hoy fui a desayunar con una amiga puesto que es su cumpleaños (felicidades de nuevo) y bueno, reconocí miradas que decían: “Pillín… que moza te has buscado, ¿eh?” o “Vaya, que buena compañía trae este chico hoy”. Esas miradas se leen con mucha facilidad, sobre todo si nos conocemos. Los primeros años, cuando ocurría esto, me daba algo de vergüenza, pero como ya dije, me fui haciendo a ello.

Incluso la relación que tengo con una de las personas mayores se basa prácticamente en las chicas que llevo al pueblo (aunque últimamente ya no son solo esas tonterías y hablamos sobre otros temas). En cierto modo fue con él con quién se me pasaron esos momentos bochornosos. Como suelo decir: “haz de lo amargo algo dulce” y eso fue lo que pasó: transformé la timidez y el miedo que sufría por estar con una amiga a bromas absurdas o simplemente lo dejaba pasar.

Es una de las “desventajas” de vivir en un pueblo, ¿a quién no le ha pasado eso? Vale, ya lo sé, los que vivís en una ciudad no padecéis de estos “problemas”. No os voy a decir que sois unos afortunados, que todo el mundo te conozca tiene su gracia y más cuando te saludan y ni siquiera sabes quién es. A mí me ha pasado; me conocen por el chico del patín o el de la perra y os aseguro que se me hace raro saludar o hablar a completos desconocidos. Pero como siempre, terminé acostumbrándome y ahora les ofrezco mi sonrisa porque ya sabéis lo que digo… Nunca dejéis de sonreír.

Me parece que este tema tiene para varias entradas y creo que voy a reservarme cositas para otro día…

Feliz juernes para algunos y para los demás, os felicitaré mañana.


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Nuestra zona de confort

Descubrí ayer un vídeo muy interesante. Sí, otra vez, ya sabéis que internet para mí es como una fuente de vida, un medio (uno de los tantos) de aprender y reflexionar. Y  lo hice de nuevo con dicho vídeo.

Trata sobre la zona de confort, él no lo define como tal, pero ya he oído hablar sobre ello y hoy me apetecía escribir al respecto. Ahora me toca a mí explicaros de qué va eso que he llamado “zona de confort”.

En realidad es muy simple de definir; no hacer nada nuevo ni diferente a lo normal. ¿Y qué es lo normal? La rutina de cada uno de nosotros. Es como una burbuja y dentro de ella estamos nosotros, dentro nos encontramos con nuestra casa, nuestra familia, nuestros amigos, nuestras mascotas, nuestros estudios, nuestros trabajos, nuestras citas y miles de cosas que hacemos día tras día. Es un lugar seguro que nos transmite confianza, una zona en la que prácticamente nada puede salir mal y en el caso de ser así, tendríamos a  mano alguien que nos apoye. Todo está más o menos calculado; en determinados días y en distintas horas se hace unas cosas u otras De ahí el nombre, zona de confort, nos encontramos a gusto, es como el mar para un delfín o la jungla para los monos.

Pero esta burbuja no nos hace ver más allá de ella, solo vemos el interior. No digo que esto sea malo, si uno está cómodo con su vida, perfecto, que siga así. Sin embargo, las mejores experiencias a veces están en el exterior de esa zona de confort y es lógico; fuera de nuestro pueblo o ciudad hay mucha más gente y miles de culturas que no tenemos porqué conocer y eso es algo que nos puede enriquecer como persona: tener conversaciones con personas totalmente nuevas para nosotros nos puede ofrecer otros puntos de vista sobre algún asunto en concreto. O a lo mejor nos plantea algo que no se nos pasó por la cabeza. Y las costumbres de otros lugares, las creencias, todo esto también nos aporta algo nuevo que podemos incorporar a nuestras vidas de un modo u otro para que sea mucho más plena y nos sintamos mejor con nosotros mismos.

A veces creemos que lo que hacemos día sí y día también es lo mejor, es lo más adecuado, pero es que en ocasiones, no hemos probado algo diferente por lo que no podemos juzgar si nos gusta o no. Es algo parecido a cuando me preguntan si no me gustaría tener manos; nunca he tenido, no puedo decir si prefiero tenerlas hasta que (ahora viene la broma) me crezcan milagrosamente. Tampoco me he parado a pensar en ello porque he estado bien así desde hace mucho tiempo (vaya forma de desviarme del tema, oye).

El chico, Lytos, hace otra comparación mejor que la mía, él pone de ejemplo la comida. Los niños siempre dicen: “-Mamá, no me gusta la verdura”. ¿Acaso el crío la ha probado para decir eso? Sé que hay ocasiones que sí, pero la primera excusa siempre es esa cuando algo que vemos no nos atrae.

Sé que el salir de nuestra burbuja es “peligroso”, pues corremos riesgos impredecibles que tal vez, en un principio no sepamos enfrentar o posiblemente cometamos un error tras otro. En cierto modo ahí está la gracia de todo esto, a base de equivocarnos podremos corregirnos y aprender de ello para mejorar.

A lo que quiero llegar con todo esto es que la zona de confort es cómoda, segura y calculada en su gran mayoría y por eso nos da miedo salir de ella, pero es que a veces nos perdemos tantas experiencias, tantas historias, tantos lugares, tantas aventuras y tantas personas, que poco llegaremos a conocer de nosotros mismos si no conocemos el resto del planeta.

Demasiado mundo para tan poco tiempo. Solo queda aprovecharlo al máximo.

Os dejo el vídeo:


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Cuadernos

Cuadernos, cuadernos y más cuadernos, llevo una temporada de necesitar cuadernos para todo. No es porque las cosas se me olviden, que también, es para tenerlo todo plasmado en algún sitio. Las ideas, las necesidades, las citas, etc, pueden marcharse tan pronto como han aparecido y por eso decidí emplear libretas para todo aquello que, tarde o temprano, se me escaparía de mi memoria.

Tengo una gran variedad: desde el que se ha convertido en mi diario de las cosas positivas, como el de las ideas que se me ocurren para mis críos de 1ºG o incluso para otras posibles charlas. Hay un cuadernito pequeñito que uso para el blog, escribo en él cosas sobre las que puedo escribir, aunque más tarde se convirtió en la libreta de los proyectos. Decidí que fuera pequeña porque de esa forma podía llevármela a cualquier lado sin que ocupara apenas espacio.

Otro cuaderno, que en realidad antes era un diario (con antes me refiero a cuando todavía estaba en el cole…). En esta anoto los libros que quiero leer, me di cuenta que la lista se hacía larga como para recordarlos y los apunté. Y ahora ha llegado la libreta de Youtube. Claro, ¿cómo si no voy a hacer vlogs? Tendré que escribir las diferentes locuras que se me vayan ocurriendo. La he estrenado hoy porque, de nuevo, se me estaban acumulando los pensamientos y no se me podían escapar, estas no…

Desde que empecé con este tema, me siento más a gusto. Yo nunca entendía a la gente que tenía libretas y apuntaba todo, yo en el instituto ni usaba agenda y aun así, en ocasiones me preguntaban a mí que había de deberes. Supongo que por aquella época mi memoria estaba en auge, ahora… bueno, uno se va haciendo viejo.

Pero es que además de que así no se te olvidan las cosas, otra buena razón de esto es el poder coger estos cuadernos el día de mañana y ver lo que ha llegado a pasar por tu vida y por tu mente a lo largo de tus años. Me entretiene, le he cogido el gusto a esto y creo que voy a seguir así. Y aunque pueda sonar absurdo, da satisfacción.

Creo que uno va buscando sus propias libretas según pasan los años…


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Mil gracias

La entrada de hoy será breve, no por nada, es que después de lo que habéis hecho estos dos días no tengo muchas palabras para ofreceros.

Ha sido muy alucinante el movimiento que ha habido desde que subí el vídeo, muchas personas lo han compartido en Facebook y sus amigos a su vez compartiéndolo también. Por Twitter hubo retweets y le han dado a favorito a los links del vídeo. Sinceramente no me esperaba esto…

Solo dos días y pico para llegar a las 638 reproducciones y el blog se superó; ¡casi 300 visitas! Yo lo difundí varias veces por mis redes sociales, pero vosotros fuisteis (y seguís siendo) los que lo habéis hecho llegar mucho más allá. En un principio creía que solo llegaría a mis amigos, a los que yo se lo pasara y poco más, pero no…

Estuve todo el día de ayer emocionado, como cuando sacaba notazas en aquella época moza de 1º y 2º de la ESO (qué tiempos más bonitos aquellos). Esa euforia no la había sentido en mi vida, al menos no tan exagerada.

Lo mejor de todo esto es que solo es el principio del camino que quiero recorrer… Aunque no lo parezca, sois vosotros los que vais a hacer que quiera seguir. Ya estoy intentando ver cómo y con qué grabar el siguiente vlog así que estad preparados.

Mil gracias por el apoyo, por compartirlo y por todo en general.