Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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La magia de la simpleza

Hoy estaba editando un vídeo, pero no estaba muy inspirado. Con cualquier cosa me estaba distrayendo. Encima me apetecía probar mi nuevo patín motorizado (en el canal de Youtube lo tenéis si queréis verlo). Sí, motorizado, tiene un motor que se carga y ¡hala! A correr. Y lo quería probar, pero con mi perra. Decidí coger ambas cosas y dar una vuelta.

Llevaba tiempo sin disfrutar tanto me parece a mí, porque mientras íbamos hacia un descampado inmenso me estaba sintiendo más feliz que un niño pequeño.

Toda aquella zona es preciosa cuando está llena de flores; ves un terreno gigante inmerso de un color amarillo fuerte, eso, combinado con el cielo azul despejado se crea algo bello.

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Hoy estaba así y es una zona preciosa para pasear con tu perro para que se sienta a gusto y pueda corretear por ahí libremente sin molestar a nadie.

Ya he ido en varias ocasiones, pero nunca ha sido tan mágico como en esta ocasión. El primer momento en el que empecé a asombrarme de que algo tan simple pudiera crear tanta magia fue cuando quise echar una foto a la perra y al patín:

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He de admitir que la muy perra (chiste malo, lo sé) sabe posar, siempre termina saliendo bien. Pero aun así, transmite mucho esa imagen y si llegáis a estar allí, sin apenas ruido, disfrutando de la brisa y del paisaje…

Sin embargo, lo que nos ha llegado a cautivar tanto a Lila (así se llama mi perra) como a mí han sido las cabras (u ovejas, no sé diferenciarlas, lo siento). Estábamos en un camino de tierra y al terminarlo vimos esto:

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No me preguntéis porqué, pero nos hemos tirado los dos embobados unos 10-15 minutos. Supongo que el ver como todas pastaban, las aves que se posaban en el lomo de algunas cabras, además de sus graznidos, el sonido de como arrancaban la hierba todas juntas, algunas que estaban tan solo a unos metros de nosotros… todo eso me tuvo allí quieto un buen rato observando y disfrutando. Creo que la curiosidad que tenemos mi perra y yo (va en serio, ella es más curiosa que yo y todo) nos ancló allí para ver cómo funcionaba aquel espectáculo.

Sí, siempre se ha visto algo así, pero desde el coche o a distancia, pero vivirlo tan cerca… Puede sonar raro, pero todo aquello me transmitió magia. Imagino que la propia naturaleza es mágica si la sabes observar y sentir y yo hoy lo hice.

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El verano y la torpeza

Aprovecho ahora que tengo algo de tiempo para hablaros de algo que sucede año sí y año también; cuando llega el verano, la gente cambia.

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Llega el calor, los sudores, las ganas de beber agua fría, el ansia de ir a la playa, tomar el sol a pesar de acabar sudando como locos… Miles de cosas llegan con el verano, pero algo que llega y me saca de quicio en algunas ocasiones es lo tonta que se vuelve la gente. En otra entrada más específica ya conté que surgían las prisas y que todo el mundo iba corriendo a todos lados (El verano y las prisas). Pero es que además de eso, empiezan a no saber conducir. Me he encontrado con personas que van a 20 o 30 kilómetros por hora cuando pueden ir a 50. Algunos se paran en medio para que se baje toda la familia y busque sitio en la playa. Gente en medio de la calzada, otros que parece que van a cruzar y al final no cruzan (aunque estas cosas pasan el resto del año también). Luego están los que ocupan toda la acera entre el carrito del niño, las sombrillas y ellos mismos, lo mismo ocurre con los que tienen perro y tienen los 4 metros de cuerda; el perro acaba en una punta de la acera y el dueño en la otra. Los que, por unas causas que jamás entenderé, empiezan a correr en pleno verano y te los ves subiendo y bajando aceras para no chocar con nadie (un día algún coche se los llevará por delante) o algunos ni eso y van esquivando a todos y te llevas algún empujón. Las bicicletas que van por la acera…

Así miles de situaciones que empiezas a pensar: “¿Pero se les han fundido las neuronas o cómo va esto?” Es decir, el resto del año no ves esos casos tan puñeteramente raros. Es como si llegara el verano y muchos se volvieran un poco más torpes (un poco bastante). Es montar en el coche o pasear por ahí y ver cada minuto algo distinto, por suerte ya me lo tomo a risa.

Y como digo, esto ocurre cada año. No sé si es que el asfalto con el calor suelta sustancias alucinógenas, pero vamos… Posiblemente no ocurra en todos los sitios, pero aquí sin duda que sí. Las altas temperaturas que trae el verano no son buenas y eso que vuelven las sonrisas, las ganas de hacer cosas con los demás, tomar helados con amigos, etc. Pero si eso conlleva tanta torpeza… por favor, llevadme al polo norte ¡YA!


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La energía de las personas mayores

El viernes hubo un encuentro entre el voluntariado y los del banco del tiempo de aquí. Yo me apunté, soy de los que se apunta a un bombardeo y la verdad es que me lo pasé genial.

A pesar de no conocer a casi nadie, solo a algunos y de vista (tengo que decir que casi todos eran personas mayores del pueblo), disfruté viendo cómo se ponían a bailar y a cantar, ¡y eso es un ferry! Sí, fuimos en un ferry y les pusieron música, una fiesta sin música no es una fiesta. Había momentos que el barco se balanceaba fuertemente y se veía como todos los que estaban de pie bailando, se iban hacia un lado y hacia el otro.

Yo tengo trato con muchas personas mayores, al menos con aquellas que me resultan muy interesantes porque parecen tener una mentalidad joven, de mi edad, aunque tengan un cuerpo muy cascado. Bueno, no todos lo tienen fastidiado, es más, en el encuentro hubo una persona de unos 80 años y bailaba flamenco… Obviamente no como una de 20, pero no se le notaban para nada esos años. Cuando lo dijeron me quedé muy sorprendido.

La verdad es que con todo esto pude llegar a una conclusión: cuando se llega a una determinada edad, uno se vuelve a sentir joven. Y creo que la razón de esto es que los mayores se acaban dando cuenta de que no hay que darle tanta importancia a los problemas y que hay que vivir como si cada día fuera el último (algo que siempre les digo a los chavales en mis charlas). Por eso, la mayoría vuelven a parecer adolescentes.

Lo malo de los años es que tienes mucha experiencia, cuando ya apenas puedes utilizarla…

Quiero acabar dejando un vídeo, ya sabéis que me ha dado por grabarlo todo así que, aquí os lo dejo. Espero que os guste:


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El último vídeo

Sé que algunos ya habéis visto mi último vídeo, pero cree la categoría de Youtube para esto, para cuando empezara a crear este tipo de contenido. Así que, cada vez que tenga un vídeo, lo publicaré y lo tendréis en ese apartado. A veces publicaré algo más al respecto y otras pues seré más breve, tanto que tal vez sea suficiente con lo que os diga en el vlog.

Ahora os dejo con el último vídeo que fue de hace casi una semana y espero poder traeros muchos más así porque, sinceramente, lo disfruto muchísimo.


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Las cartas de la sonrisa

Tengo más noticias, pero no es sobre el tema de la televisión. Es una pequeña idea que derivé de una idea que me contó una amiga que vio hace tiempo (suena lioso, pero da igual, lo importante viene ahora).

Cuando se me ocurrió quería que fuera a lo grande, es decir, nada de por mi pueblo y ya. No, yo no quiero eso, el objetivo de la idea es muy positivo y creo que puede sacar sonrisas como para que sea algo aislado. Así que, todos los que me lean, que sé que no sois pocos, me gustaría que buscarais la forma de llevar a cabo el plan (me falta la risa malvada y ya sonaría a malo de película).

Yo hablé con el chico de la biblioteca y hoy hablé con la mujer del “Banco del tiempo” porque sé que les gustan estas cosas y podrían ayudarme con ello. Hemos quedado en planearlo y empezar a organizarlo a lo largo de mayo para que en junio se inicie todo el proyecto. Intentaremos que los bares y las tiendas del pueblo nos ayuden para que todo sea más fácil. Además quiero ver si puedo incluir algunos institutos en esto.

La idea es sencilla, no tiene misterio: en unos sobres en los que ponga: “¿Has sonreído hoy?” se meterán cartulinas pequeñas y en ellas se escribirán frases motivadoras y positivas. El sobre se dejará en algún lugar público y aquel que lo encuentre y le llame la atención, leerá la tarjetita que hay dentro y así posiblemente le hayamos alegrado el día.

Habrá muy pocas normas y encima opcionales, me explico: detrás del sobre o en una de las cartulinas se escribirá algo como: “Si quieres puedes escribir otra frase que te haya motivado o que te haya hecho sonreír. Y puedes dejar el sobre en el mismo sitio en el que lo encontraste o en otro lugar público.”

Es algo simple que podría alegrar a alguien mientras desayuna en su bar favorito o tal vez le saque una sonrisa a alguien que va hacia el trabajo.

Como os digo, me gustaría que todos los que me leáis formarais parte de esto e iniciar el proyecto de manera más global. Incluso para los que estáis al otro lado del charco (no me olvido de vosotros).

Y este es el proyecto, “Las cartas de la sonrisa”. Espero que os guste y si tenéis alguna pega o alguna idea, serán bienvenidas.

Ya sabéis… Nunca dejéis de sonreír.


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Los pueblos

Ya es tarde, pero es que no me apetecía escribir antes y como aquí mando yo, pues se escribe cuando yo lo diga.

No sé si vivís en un pueblo o en una ciudad, pero a los que vivimos en zonas pequeñas acabamos por conocernos entre todos, en especial cuando tenemos una rutina. A mí me conoce medio pueblo (es lógico, mi cuerpo serrano no se olvida) y cada vez que voy acompañado por alguna chica todos me empiezan a mirar; generalmente las personas mayores. En realidad no me preocupa, ya estoy acostumbrado.

Hoy fui a desayunar con una amiga puesto que es su cumpleaños (felicidades de nuevo) y bueno, reconocí miradas que decían: “Pillín… que moza te has buscado, ¿eh?” o “Vaya, que buena compañía trae este chico hoy”. Esas miradas se leen con mucha facilidad, sobre todo si nos conocemos. Los primeros años, cuando ocurría esto, me daba algo de vergüenza, pero como ya dije, me fui haciendo a ello.

Incluso la relación que tengo con una de las personas mayores se basa prácticamente en las chicas que llevo al pueblo (aunque últimamente ya no son solo esas tonterías y hablamos sobre otros temas). En cierto modo fue con él con quién se me pasaron esos momentos bochornosos. Como suelo decir: “haz de lo amargo algo dulce” y eso fue lo que pasó: transformé la timidez y el miedo que sufría por estar con una amiga a bromas absurdas o simplemente lo dejaba pasar.

Es una de las “desventajas” de vivir en un pueblo, ¿a quién no le ha pasado eso? Vale, ya lo sé, los que vivís en una ciudad no padecéis de estos “problemas”. No os voy a decir que sois unos afortunados, que todo el mundo te conozca tiene su gracia y más cuando te saludan y ni siquiera sabes quién es. A mí me ha pasado; me conocen por el chico del patín o el de la perra y os aseguro que se me hace raro saludar o hablar a completos desconocidos. Pero como siempre, terminé acostumbrándome y ahora les ofrezco mi sonrisa porque ya sabéis lo que digo… Nunca dejéis de sonreír.

Me parece que este tema tiene para varias entradas y creo que voy a reservarme cositas para otro día…

Feliz juernes para algunos y para los demás, os felicitaré mañana.