Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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Desde hace milenios, existía un tenedor de tan solo dos puntas…

¿Recordáis “El creador de historias”? Para aquellos que no sepan de qué hablo, os invito a darle al enlace para informaros bien. Yo haré un breve resúmen de todas formas: la idea consistía en que yo debía iniciar una historia muy fantasiosa (cualquier cosa, por más subrealista que pareciera valdría). Solo tenía que escribir el inicio, algo simplón con lo que vosotros, los que estáis al otro lado, pudierais seguir la historia mediante comentarios. Cada comentario necesita tener relación con los anteriores, creando así algo único puesto que cada uno tiene su forma de escribir y su forma de imaginar.

No vale que una persona escriba dos comentarios seguidos y tampoco es interesante escribir una parrafada, quitaría un poco la gracia de la “sencillez”. Además, al final se hace un poco pesado si hay que leerse todo lo anterior.

Hoy quería retomar esta idea que tuve porque ahora somos más y me encantaría ver hasta dónde podemos llegar con algo así.

Esta vez no pondré límites de comentarios, pero sí que seré yo quien acabe la historia comentando yo cuando lo crea conveniente.

Ahora que está todo listo (o tonto), iniciaré la historia:

Desde hace milenios, existía un tenedor de tan solo dos puntas al que nadie quería por su extraña forma hasta que…


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El escorpión y el pato

Hace tiempo me contaron una historia que hoy me apetecía compartir con vosotros. Aquí va:

Había una vez un escorpión que estaba caminando sin parar y se encontró con un río que necesitaba cruzar. Miró a su alrededor y no encontraba el modo de hacerlo hasta que divisó un animal en el agua.

-Pato- llamó el escorpión-, ¿podrías venir un momento?

-¿Para qué? ¿Qué es lo que quieres?- preguntó cauteloso el ave, mientras se mantenía a una distancia segura.

-Necesito cruzar el río y tú me podrías ayudar- suplicó.

-¿Y cómo quieres que lo haga?

-Déjame montar a tu espalda y después solo debes nadar hasta la otra orilla. Allí me bajaré- le explicó.

-Tú sabes que eres un escorpión, ¿no?- nadaba en círculos frente a él.

-Sí, ¿y qué?- preguntó.

-Que si te dejo subir, me picarás, me envenenarás y moriré- contestó.

-De hacerlo, yo también moriría. ¿De verdad crees que busco mi muerte?

Estas palabras hicieron reflexionar al pato y poco a poco se fue acercando a la criatura.

-¿Estás seguro que no me harás nada? No quiero morir- insistió.

-Te repito que yo tampoco.

-De acuerdo, sube.

El escorpión le hizo caso y se puso a la espalda del pato. Este nadaba como siempre, al principio con gran temor por lo que pudiera ocurrir debido a su pasajero, pero según avanzaba ese miedo se marchaba hasta que de repente notó un pinchazo.

-¡¿Qué haces?! ¡¿No decías que no me ibas a picar?! ¡Ahora moriremos los dos!- el terror se apoderó del ave, mientras notaba como se le iban las fuerzas con rapidez.

-Pe-perdón… de veras que lo siento- apenas le salían las palabras-. Yo no quería, pero… mi naturaleza… no podía controlarla, no podía detenerla- se lamentaba mientras sentía como llegaba su hora, junto a aquel que trató de ayudarlo segundos antes…


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Creador de historias

Como algunos ya sabéis, tenía una idea pensada desde hace ya un par de meses (desde que cree la categoría “Las mil y una noches”). Os explicaré cómo funcionará esto, aunque habrá pocas reglas; cuanta más libertad, más divertido será.

La idea es simple: yo escribiré el comienzo de una historia (una muy informal, no será para nada serio como la de “El periodista“). Cualquier cosa que se me pase por la cabeza la plasmaré brevemente y después debéis continuar vosotros. ¿Cómo? Muy simple: con los comentarios. Cuando yo inicie, dejaré la historia inacabada para que vosotros comentéis y continuéis.

Podréis escribir lo que queráis, siempre y cuando se entienda y tenga coherencia con lo que se está contando. Tendréis libertad para introducir y crear personajes, matarlos, revivirlos y miles de cosas que se os pueda ocurrir. Lo mismo con los escenarios, la ambientación, los objetos, los seres vivos y lo que se os pueda pasar por la mente. En un principio no habrá límite de palabras por ahora, pero tampoco debéis alargarlo mucho.

Cuanta más gente participe en esto, más divertido será. Y que no os dé vergüenza por el modo de escribir que tengáis o porque no tengáis imaginación suficiente, todo sirve. Tal vez vuestro comentario dé pie a otra persona a crear alguna locura con la que podamos reírnos y disfrutar.

Cuando vea conveniente seré yo quien acabe cerrando la historia con un comentario mío para que así no se haga infinito.

Después de haber dejado las cartas sobre la mesa, solo me queda decir que estéis preparados sobre el medio día, será cuando comience el Creador de historias.


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Capítulo 7: La sorpresa

¡Le debo una muy grande a Víctor! Me salvó el cuello ayer. Después de que entrara aquel grandullón lo pasé fatal. Creía que iba a recibir la paliza de mi vida. En cambio, apareció mi amigo con otros compañeros de clase. Y para mi sorpresa, con el jefe del departamento. Según me explicó Víctor, vio que alguien se quedó cerca del aula cuando se fue (el que me iba a sacar las palabras a golpes) y pensó que no iba a ser alguien que tuviera buenas intenciones. Decidió buscar la forma de sacarme de aquel embrollo y tuvo una genial idea: buscó a unas personas de clase y les propuso ir al departamento para quejarse de la inmensa cantidad de trabajos que nos mandaba el profesor. En un principio no querían, preferían hacerlo en otra ocasión, sin embargo, les dijo que era el mejor momento porque todos estaban presentes en aquel momento; todas las piezas del puzle encajaban. Buscaron al jefe del departamento, se lo comentaron y le dijeron que el profesor estaría en el aula porque estaba conmigo.

Poco después aparecieron en tromba, salvándome el pellejo. Suspiré con fuerza y me calmé tras ver que al final no iba a salir tan desamparado. A mitad del reproche entre alumnos y profesor, Víctor y yo nos marchamos para que no nos pudieran seguir.

Me despierta una pesadilla; todavía imagino qué habría pasado si no me hubiera sacado de aquel lío mi amigo. Puñetazos, golpes con incontables objetos, amenazas… Me levanto sudoroso por el agobio de hace unos segundos, me dirijo al baño y trato de volver a relajarme echándome agua a la cara. Aunque la mejor solución es la ducha. Me quedo bajo el chorro caliente un buen rato, intentando aclarar mis pensamientos. ¿Qué pasará ahora? No podré librarme de ellos constantemente…

Salgo de la ducha y un instante después el móvil suena.

-¿Qué planes tienes para hoy?- Víctor. Me alegra oír su voz. Por su tono, puedo suponer que quiere hacer algo interesante. Querrá distraerme de todo lo que ha pasado esta semana.

-Nada que yo sepa. ¿Qué tienes pensado?

-Ir a recogerte en unos diez minutos para pasar el día fuera de aquí. ¿Te parece?

-Venga. Te espero fuera cuando esté listo- hace un día espléndido. El sol calienta y no hay nubes en el cielo. Es de esos momentos en los que prefieres estar en la calle, cerrar los ojos y disfrutar del calorcito. Supongo que Víctor tiene pensado aprovecharlo.

-De acuerdo. No tardaré. Tal vez hasta menos de diez minutos- noto como sonríe tras el móvil.

Después de colgar, me preparo las cosas: monedero, llaves y el móvil, aunque dudo en si llevar esto último. Prefiero desconectar por completo. Aun así decido cogerlo, tal vez mi abuela quiera algo en algún momento. Mi abuela… ella no sabe nada de lo que ha pasado y espero que siga así, no quiero que le dé un infarto.

-Me voy con Víctor- busco a mi abuela-. No hace falta que cocines para mí- está en el salón, leyendo un libro. Es la primera que se despierta en todo el vecindario. Creo que ella es la encargada de apagar las farolas cada mañana, aunque me lo intenta ocultar.

-¿Y qué vais a hacer?- pregunta curiosa dejando el marca páginas en la hoja por la que se ha quedado, después lo cierra.

-Ni idea. Tampoco me preocupa mucho- le doy un beso en la mejilla-. Ya me contarás como acaba- digo indicando el libro con el dedo y me dirijo hacia la puerta.

-Pasadlo bien- alza un poco la voz para que la escuche.

A pesar del mal comienzo, el día sigue por buen camino. Como tenía pensado, me siento en el borde de la acera disfrutando del sol. Cierro los ojos y…

-¡¿Qué narices…- no consigo articular ni una palabra más. Tras sentir un pinchazo, mis párpados pesan toneladas y se cierran poco a poco. En un ligero momento consigo ver una furgoneta oscura y un hombre con los brazos extendidos hacia mí. Alguien me está llevando al interior. Después…

El edificio abandonado, la silla, las ataduras, las sirenas, el tiroteo, la mesa metálica, el arma… el asesino. El profesor está ante mí apuntándome.

-¿Por qué?- pregunto intentando mostrarme seguro, aunque sea en balde. Alguien como él sabe lo que hay en estas situaciones.

-Lo sabes, no creo que sea necesario explicártelo- a diferencia de mí, no tiembla. Su pulso es firme y tiene claro lo que tiene que hacer-. Cuanto antes lo haga mejor- parece que aquí acaba todo.

Cierro los ojos con fuerza, esperando mi muerte. Oigo un disparo y después un golpe seco, también parece sonar algo metálico deslizándose por el suelo. No estoy muerto, o eso creo. Abro los ojos temerosamente y veo el cuerpo inerte del profesor delante de mí. Un charco de sangre se está acumulando a su alrededor. Detrás del cadáver veo unas piernas, alzo la mirada y…

-¡Tío Johnny!- grito lleno de alivio. Tras el primer vistazo veo que tiene un arma en la mano. ¿Lo ha matado él?- ¿Has sido tú?- pregunto lentamente y en un susurro.

-¿Quién iba a ser sino?- su tono resulta indiferente. Esto me deja casi más desconcertado que todo lo que ha pasado esta semana- Vamos, te ayudaré- se guarda el arma en la parte de atrás y me levanta con la silla incluida. Me desata- ¿Estás bien?- ahora sí noto algo de sentimiento.

-¡¿Cómo voy a estar bien?!- levanto la voz- ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Qué quiere de mí exactamente esta gente?! ¡¿Qué está pasando ahí abajo?!- le atormento a preguntas y me detiene poniéndome su mano en mi boca. En el primer momento casi me asfixio, mi agitada respiración por poco me mata.

-Tranquilízate- me dice en un murmullo sin permitirme aun hablar-. Abajo está la policía. Están intentando detener a uno de tus acosadores, bueno, al que queda vivo- dice en un tono de humor mientras hace un gesto con la cabeza hacia el cadáver del profesor o quién fuera realmente. Me quita la mano lentamente de mi boca-. Dudo mucho que siga aquí, seguro que ya haya escapado.

-¿Los has llamado tú? La policía digo- estoy menos alterado, aunque mis manos siguen temblando. A pesar de querer estirar las piernas, prefiero seguir sentado hasta estar más tranquilo.

-No. Ha sido tu amigo, pudo seguir la furgoneta con el coche- se levanta tras llevar un rato de cuclillas. Es más alto de lo que recordaba.

-¿Y dónde está ahora? ¿Está bien?- pregunto rápidamente.

-Alex…- su voz no da buenas noticias.

-¡Dímelo!- exijo de nuevo, volviendo a tener el corazón acelerado.

-Lo han cogido. Vi como lo sacaron del coche.

-¿Quiénes?

-Otros miembros de la organización.

Mi cabeza está a punto de estallar. Mi amigo, Víctor, el que hace apenas un día me salvó el cuello está a punto de… ¿de qué? ¿De ser encarcelado? ¿De morir? ¿De ser torturado?

 

 

 

NOTA: fin de la primera temporada de “El periodista” (título que le he puesto). Quiero preparar mejor la historia y creo que vosotros necesitáis un descanso también. Dentro de un mes más o menos volveré con más.