Kevin Mancojo

Diario de a bordo


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Tan simple

Las sensaciones que pueden aflorar en una persona con cosas tan banales como unos árboles en flor.

Este fin de semana me tocó otra excursión con amigos para ir a ver la floración de Cieza (Murcia). Yo no sabía de su existencia hasta que hace un año o dos, en las redes sociales, vi muchas fotos de los diferentes árboles repletos de unas flores rosáceas que llamaban mucho la atención. En aquel momento lo anoté en mi lista de cosas para ver antes de morir y al fin pude pisar aquellas tierras.

¿Sabéis esos viajes en coche donde el paisaje comienza a cambiar poco a poco y deja de tener unos colores para acabar teniendo otros? Pues algo parecido ocurrió según nos íbamos acercando a Cieza. La ciudad en sí no la había visitado nunca y, aunque la recorriéramos en coche, me llamó bastante la atención. Pero es que cuando descubrimos los campos en flor ya me terminé enamorando del todo. Es curioso como algo tan simple es capaz de generar tantas emociones.

Me podría haber tirado horas entre los árboles paseando. Además, mi ojo fotográfico me pedía fotos, muchísimas fotos, pero no tenía cámara (la mía se me fastidió). Así que tiré de lo que tenía: el móvil. Mis amigos y yo nos empezamos a hacer una mini sesión aunque fuera con nuestros móviles. Tengo claro que he de volver con cámara y hacer fotografías súper elaboradas.

Los colores son capaces de generar emociones en las personas (hay tablas y gráficos sobre ello) y el de estas flores provocaba una sensación muy bonita, de dulzura, de estar muy a gusto. Recuerdo que había muchísimas abejas y, a pesar de que mis amigos y yo solamos evitar a estos bichos, estábamos muy tranquilos haciéndonos las fotos. No nos molestaban, ni nosotros a ellas. Todo era calma.

Siempre he tenido debilidad por la naturaleza. Suelo decir que tengo sensibilidad por y para el mundo, lo cual hace que una experiencia de lo más simple provoca en mí una reflexión o que me emocione o tal vez ambas. Así que imaginad cómo me puse aquel día al ver los campos tan rositas. No necesitas nada más para tenerme entretenido un día entero.

Encima se sumaba el solazo que tuvimos. Digan lo que digan, el sol da vida (literalmente incluso). Daban ganas de pasearse, de descubrir rincones nuevos y simplemente pasar las horas fuera de casa.

Tener un buen día a veces solo surge si decides salir a la calle a dar una vuelta. En ocasiones, si todo cuadra, podrás acabar con una sonrisa de oreja a oreja con muy poco. En mi caso fue suficiente con ver la floración de Cieza.

#NuncaDejéisDeSonreír


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La rutina

La rutina, la cruel asesina de los culos inquietos como yo. Y supongo que para muchas otras personas. Al fin y al cabo, repetir lo mismo un día tras otro te termina devorando por dentro sin que te des cuenta.

He de decir que, aunque la vida se vuelva repetitiva, siempre hay pequeños detalles que la hacen distinta, para bien o para mal. Vamos, que aunque tengas una rutina, al final hay pequeñas variaciones entre un día y otro, ya sea una llamada inesperada, un desvío para volver a casa a causa de unas obras o las personas con las que te cruzas.

Sin embargo, a rasgos generales, todo se repite día sí y día también. Llegamos a automatizar tantísimos movimientos que no tenemos ni que pensar. Parecemos zombis o un robot ya programado.

Eso no es vida desde mi punto de vista, pero eso es otro tema que da mucho de sí. A lo que he venido hoy a contar es que yo necesito cambios cada cierto tiempo. Recuerdo que antes viajaba un par de veces al año, si es que viajaba. Ahora viajo como mínimo tres veces al año (aunque este 2020 pinta mucho más tranquilo). Sentía, y siento, como si estuviera entre cuatro paredes que cada vez se encogen más y más hasta asfixiarme. Me agobiaba pensar que no había cambios en mi vida, que no la estaba aprovechando. No crecer (a todos los niveles) me generaba malestar. No descubrir nada nuevo me mataba poco a poco. Sabía que, con mi forma de ser, los viajes me servirían para renovar energías y encontrar mejores versiones de mí mismo.

Reseteo, así lo llamo yo. Cada cierto tiempo necesito resetear mi vida, cortar por lo sano, desconectar de todo (amigos y familia incluidos) y empezar a descubrir mundo.

Llegué a apuntarme al curso de monitor y tiempo libre sólo para conocer gente nueva y aprender cosas distintas. Me sirvió. Conseguí resetear.

Y el sábado tuve la oportunidad de ir con dos amigos a Orihuela, una ciudad a la que nunca había ido, para visitar su mercado medieval. Además, aprovechamos la situación para pasar por el embalse de la Pedrera, un lugar precioso y con un agua turquesa que me enamoró.

A pesar de que con mis amigos cada día es una aventura, a veces necesitamos cambiar de aires, y ese “viajecito” (echamos la tarde allí) nos sentó genial. Llevaba bastante tiempo sin pisar lugares desconocidos para mí y me volví a sentir vivo una vez más.

Encontrarme con el embalse y la tranquilidad que lo rodeaba hacía que tuviera ganas de quedarme allí, al sol, observando el turquesa del agua. Y el mercado medieval ya ni os cuento… Había una barbaridad de puestos que cruzaban casi la ciudad entera. Todo muy ambientado, tanto los puestos como la decoración de las calles. Incluso pudimos ver un torneo medieval en el que acabé inmerso. Y según íbamos recorriendo los diferentes lugares en el que se celebraba el mercado, podíamos ver pequeños espectáculos como unos malabaristas disfrazados de bufones. Fue increíble. No dudaría en volver otro año.

Soy de esas personas que abre los ojos como platos cuando ve algo que no sea su pueblo, flipando con todo lo que le rodea, igual que un niño pequeño. También tengo mucha sensibilidad con y para el mundo y eso hace que viva con mucha fuerza las experiencias nuevas (y las no tan nuevas). Así que, imaginad lo fácil que es sacarme de mi rutina. Como si me llevas a un bar nuevo al que no había ido nunca. Con eso es suficiente para mí.

No necesito que me propongas un gran plan, simplemente uno que me saque de mi casa y poco más. Con eso yo normalmente ya rompo con mi rutina.

En ocasiones me toca a mí mismo buscarme la vida y termino aprovechando oportunidades. Como cuando me fui a Peralta (Navarra) tras la invitación de una amiga que estaba viviendo allí.

Y hasta hace poco tenía en mente viajar a Italia solo, mi intuición me decía que debía hacerlo por mi propia cuenta. Pero ha surgido otro viaje mucho más grande y que posiblemente me vaya a marcar mucho, así que toca aplazar la visita a Roma por ahora.

Sea como sea, tengo la suerte de que en mi vida hay muchas oportunidades para salir de mi día a día. Ya sea por proyectos, por propia iniciativa, por amigos o por familia, al final, justo cuando necesito desconectar, llega algo que me da un buen chute de energía con el que reseteo una vez más.

Ojalá pudiéramos cambiar la situación según se nos antojara, según lo necesitáramos y ya está. De estar hasta las narices de todo a desaparecer una temporada para encontrarte a ti mismo. Devolvernos la humanidad con la que vinimos al mundo y perder esa sensación de autómata que nos fue invadiendo con los años.

Por ahora tocará aprovechar las vacaciones para desconectar un poquito, aunque sean unos días. Más vale eso que nada.

#NuncaDejéisDeSonreír


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El tiempo

Cómo vuela el tiempo…  En menos de 24 horas ya cumplo 27 años y, aunque aún se me considere joven, me siento mayor, muy mayor…

Parece que no, pero vivir más de un cuarto de vida no es poco y mucho menos si echas la mirada para atrás y la comparas con el presente. Sólo con pensar que los que han nacido en el 2000 ya van a cumplir 20 años me parece una locura. Más aun teniendo en cuenta que no han llegado a conocer algunas cosas que para mí fueron significativas. Ahora entiendo a las personas mayores cuando nos cuentan sus historias y nos tienen que explicar algunos detalles para ponernos en contexto.

Además, veo reflejado el paso de los años en algunas amigas mías, donde pasaron de ser niñas a ser mujeres. Incluso los chicos que llevo tiempo sin ver y que no los reconozco por esas barbas tan pobladas que llevan algunos. Han sufrido la transición, dejaron de ser esos pequeñajos que yo un día conocí y se han convertido en adultos con responsabilidades, con problemas, con su propia historia…

También la idea de que mucha gente de mi generación comienza a tener cierta estabilidad en todos los aspectos posibles y acaban casándose o teniendo hijos o ambas. Eso, ¡hace unos años era impensable! Era algo que quedaba muy lejos, muy en el futuro. Ahora en cambio es un tema que sale cada dos por tres. Es más, mis amigos y yo queremos una boda por el tema de la ropa elegante, la fiesta y todo lo que conlleva.

Yo por mi parte he descubierto que me he hecho mayor cuando los niños, inocentes ellos, le dicen a sus padres: “Mamá, ese señor no tiene manos”. ¿Señor? Perdona, pero solo tengo 26 años, ¿vale? Esto cada vez se vuelve más recurrente, yo creo que llevo escuchándolo desde que me dejé el bigote y la perilla (unos 6 años más o menos). Supongo que también es por no moverme ya por los mismos sitios que se mueven los niños. Lo de ir a parques infantiles a charlar y comer pipas es algo que caducó hace ya tiempo. Sea como sea, muchos de los más peques todavía no saben de mi existencia así que me toca oír lo de señor más veces de lo que me gustaría. Tocará acostumbrarse.

La tecnología también se ha convertido en un punto clave para descubrir lo rápido que pasa el tiempo. A día de hoy, lo normal es que los adolescentes tengan un móvil, cuando yo lo tuve sólo para excursiones y casos muy específicos para poder comunicarme con mis padres, en caso de urgencia. Ahora nacen con un móvil debajo del brazo y no se despegan de él. Creo que es una fase por lo que todos los chavales deben pasar para después darle prioridad a otras cosas (también yo tuve mi época de estar más pendiente del móvil que de mis amigos).

Y la parte que más me gusta de esto del paso del tiempo, es la de la experiencia. Siempre admiraba a los adultos por la cantidad de historias que podían contar y por toda la sabiduría que transmitían. Que me respondieran a todas mis preguntas cuando yo era un enano me fascinaba, yo quería saber hacer lo mismo. Aparte de la visión tan amplia que tenían ellos del mundo. Ahora es mi turno, muchas personas dicen que sé de todo y que rezumo sabiduría. Sea cierto o no, he cumplido con mi sueño de querer ser mayor, no para poder salir por ahí a beber, sino para tener mucho conocimiento y saber responder muchas preguntas, además de dar consejos y también a adelantarme a los acontecimientos. La de veces que habré podido decir “te lo dije”.

Evidentemente el mundo está en constante cambio y toca adaptarse, el problema es asimilarlo al mismo ritmo. Mientras procesas todo lo que está ocurriendo, la sociedad ya ha sufrido otra metamorfosis que tendrás que volver a asimilar. Lo externo a nosotros cambia rápido, sin embargo, hacer introspecciones requiere su propio ritmo por lo que muchas veces terminamos perdiendo el hilo.

Es un tema agridulce porque tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Yo pretendo quedarme con las buenas, como siempre. Quiero que me merezca la pena hacerme mayor, pretendo utilizarlo a mi favor. No me gustaría estancarme, no me apetece ser uno de esos que tienen una mentalidad que no corresponde con la década que está viviendo realmente. Me encantaría conocer lo viejo y lo nuevo y sacar de ello mis propias conclusiones para seguir creciendo.

#NuncaDejéisDeSonreír

 


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“Si quieres, puedes”

Yo era una de esas personas que creía en las típicas frases que puso de moda Mr. Wonderful. Frases como: “si quieres, puedes”, “si de verdad lo deseas, al final se cumplirá”, “no hay nada imposible”, etc. Yo predicaba con ellas y las creía ciertas, hasta que la vida te demuestra lo contrario.

Cuando te mueves por internet o viajas muy a menudo, al final descubres muchas historias, las cuales se alejan mucho de la tuya; llena de privilegios y donde tienes todo a tu alcance. Así que poco a poco descubres como las frases que he mencionado anteriormente dejan de tener sentido para muchas personas. Es más, en algunas ocasiones hasta llevan a la frustración. ¿Cuántas personas que se han quedado en silla de ruedas tras un accidente no querrían volver a caminar? O ¿cuántos jóvenes hoy en día se dejan la piel en algunas asignaturas estudiando durante semanas, y al final terminan suspendiendo? Imaginad que en el trabajo tratáis de hacer todo lo mejor posible, de ser un empleado ejemplar, con la intención de poder ser ascendido o recibir un sueldo más alto. Pero por algún motivo ajeno a vosotros no os llevará a vuestro objetivo. Teniendo en cuenta que de verdad queréis cumplir vuestros sueños, que le echáis horas y lo deseáis con todas vuestras fuerzas, frustra ver como no llegáis a ellos por algo que no depende solo de vosotros. El esfuerzo, las ganas, el empeño, el deseo o cómo lo queráis llamar al final no siempre son determinantes por desgracia.

En la vida hay muchos otros factores que, en ocasiones, te impiden llegar a cumplir tus metas: la suerte, la situación económica, la etapa por la que estás pasando, la causalidad, la casualidad y una de las más importantes, tu lugar de nacimiento. Parecerá una tontería, pero ¿os habéis parado a pensar cuántos niños en alguna tribu de África acaban muriendo por no tener comida o por alguna enfermedad? Y sin duda que alguno de todo ellos podría ser un médico de éxito o un científico con renombre. Sin embargo, algunos no tienen ni la oportunidad de llegar a la adolescencia. Es fácil decir que con esfuerzo todo se consigue cuando tienes un plato puesto en la mesa a la hora de comer.

La meritocracia y el clasismo han hecho mucho daño en este aspecto. Personas que lo tenían bastante fácil y que ahora están en la cima lo achacan todo al sudor de su frente durante las noches en vela. Lo que no nos paramos a pensar es que Steve Jobs no hubiera alcanzado el éxito sin Steve Wozniak, ni viceversa (el azar cruzó sus caminos, no su esfuerzo). Es más, ninguno de los dos hubiera tenido un garaje donde diseñar un ordenador si hubiesen nacido en algún lugar recóndito de África.

Llegar al pico de la montaña a veces nubla la vista, hace creer que todo viene de uno mismo, cuando hubo muchos factores que llevaron a la persona a lo más alto. Evidentemente duele que te digan: “oye, que no ha sido sólo tu esfuerzo, también ha sido la casualidad, tu lugar de nacimiento, tu situación económica…” pero es así. Si por nosotros fuera, chasquearíamos los dedos para que nos cayera dinero del cielo y poder comprarnos varias mansiones. Sería una bonita forma de tener la vida resuelta. En cambio, por mucho que los chasquemos, no llegaremos nada más que a un dolor de dedos.

Lo importante en este tema es tener los pies en el suelo, tener una buena actitud y un buen conocimiento sobre tu propia persona. Saber de lo que eres capaz y de lo que no, de saber afrontar las adversidades y sacar lo mejor de ellas. Saber que en ocasiones, por más ganas que le pongas, deberás buscar una alternativa porque, al fin y al cabo, es algo que no podrás enfrentar de una manera directa.

Como dije al principio, yo era uno de esos ingenuos que creía ciegamente en el poder de los sueños sin tener en cuenta otras tantas cosas. Al final, leyendo, descubriendo mundo, conociendo gente y escuchando historias terminé por abrir los ojos.

Si algún día llego lejos, si algún día tengo éxito, espero no menospreciar a toda la gente que he tenido a mi lado y que, en cierto modo, comparten conmigo la gloria. Ellos me han hecho ser quién soy y ellos han formado parte de mi vida como para decir que el camino hacia la cima lo recorrí yo solo.

#NuncaDejéisDeSonreír

(mi frase va más allá de que no dejéis de sonreír en el sentido literal, va con la idea de que afrontéis las cosas de la mejor manera posible y que os quedéis con lo positivo de todo)


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Los peques

Sé que hace poco ya estuve hablando de las charlas que doy y que cada vez son más y a más colectivos. Pero es que hace muy poco tuve otra en un colegio y quería hablaros de los peques.

Cuando das una ponencia debes saber llegar, no solo con la historia, también en la manera en que la cuentas. Al fin y al cabo, a un adulto no le sorprenden tantas cosas por todo lo que ha podido vivir y al adolescente le importan tres cominos todo lo que no tenga que ver con su propia vida. Sin embargo, los que son de primaria han vivido tan poquito que con nada ya les sorprendes.

Por norma general, antes de que yo vaya, los maestros les ponen al día: les cuentan quién soy, les ponen mis vídeos, les hablan de la discapacidad, etc. Y claro, llega Kevin Mancojo, ese chaval que sale en Youtube, que ha cruzado el Mar Menor nadando, que aparece en internet, y los peques alucinan a colores cuando me ven aparecer. Me tratan como si fuera un famoso.

Me emociona, me emociona pensar que puedo calar muy hondo en los más peques. Aquellos que se quedan hasta con el más mínimo detalle me hacen vivir con más fuerza las charlas que les doy. Saber que les descubro un mundo nuevo (la discapacidad) hace que vaya con muchas ganas, aunque sepa que tenga que repetir lo mismo a dos, tres o cuatro cursos distintos. Ver las caras de asombro, notar como dejan de tener prejuicios según les muestro algunas de las cosas que soy capaz de hacer, sentirme un ser extraordinario para ellos… Paso de ser alguien que era incapaz de coger una pelota, a alguien que mola mucho y que hasta se ha cruzado el Mar Menor nadando.

Sensibilizar desde tan temprana edad es algo a su favor. Yo no pretendo demostrarles que el mundo es de rosa, sino que aunque a veces las cosas parecen estar muy jodidas, aun se puede seguir adelante. La actitud, las ganas, la constancia, el apoyo de los demás y otros factores hacen que uno siga tirando del carro aunque pese.

Además, me hacen dibujos, me escriben cositas o me piden que les firme en un papel por la admiración que sienten hacia mí. Pero es que yo me quedo con su curiosidad, con sus preguntas y su interés por conocer mi mundo. Es increíble ver cómo llegan a preguntarme si conduzco, si vivo solo, si he sufrido bullying o, incluso, si he llegado a plantearme quitarme la vida en algún momento.

Al final de la charla también me llega al alma saber que quieren un abrazo, donde descubro el desbordante amor que tienen en ese cuerpo tan pequeñito. Ahí ya cogen confianza y empiezan a estar pegados a mí y a preguntarme de manera más privada y, sobre todo, a tocar mis manos. Soy consciente que, así de primeras, debe dar una sensación rara el pensar en tocarlas. Pues imaginad la alegría que me da cuando se atreven a algo así. Yo se las ofrezco en el momento en el que veo que tienen curiosidad y no tardan ni dos segundos en tocar mis manos.

Con todo lo que os he contado, pensad lo que ocurrirá cuando vean a otra persona como yo. No tendrán miedo, confiarán en sus capacidades y sabrán que puede ser tan independiente como cualquier otro ser humano. Vamos, lo que viene siendo no juzgar a nadie por las apariencias. De ahí la ilusión con la que voy a los colegios, es mi forma de quitar a tiempo la venda de los ojos y evitar el desconocimiento por algo tan natural como la discapacidad.

Por suerte no soy el único que trata de sensibilizar a la gente y es una labor gratificante que tendrá su beneficio en próximas generaciones. Ojalá se eliminen de una vez por todas los prejuicios hacia las personas, sea por la condición que sea. Al fin y al cabo simplemente somos humanos.

#NuncaDejéisDeSonreír


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Lo sano requiere sacrificio

¿Sois de los que cuidáis vuestra alimentación o pasáis del tema y cogéis para merendar la primera bolsa de patatas que veis en el armario?

En mi caso es más bien por épocas. Hay momentos en los que evito comer alimentos procesados (lo cual requiere mucha fuerza de voluntad) y otros… bueno, simplemente no me paro a pensar lo que meto al estómago.

El deporte, sin cuidar lo que comes, no sirve de mucho. Y a pesar de no ser de los que beben batidos, ni crea una dieta estricta, sí que comienzo a introducir más alimentos naturales. Ya me jodería tirarme casi todo el año en el gimnasio para que luego acabe engordando, y no en masa muscular.

Por desgracia, soy el típico al que las verduras no le convencen mucho. Al menos, aquellas que sí me gustan, me las como con ganas y muy a gusto. Además trato de compensarlo con la fruta y los frutos secos, que en este caso sí que me gustan un montón. Y encima me sirven como tentempié.

La cosa es que desde hace unos meses descubrí una cuenta en Instagram de un chico (Carlos Ríos), el cual estudió Nutrición Humana y Dietética. Se mueve por las redes sociales promoviendo el realfooding, es decir, la comida “real”, la que no está procesada y que, por norma general, es natural.

Hay quién considera su comunidad una secta porque, a decir verdad, habla de los alimentos procesados y de los supermercados como si fueran el mismísimo satanás. Y es lógico cuando sabes que muchos de los productos vienen con trampa. Por mucho que aparezca ese típico 0% al final hay truco y te la cuelan por otro lado. Así es el marketing.

Tengo que admitir que, a pesar de no haber llegado al nivel de un realfooder (alguien que come realmente sano), he ido tomando referencias de Carlos Ríos y a menudo miro las etiquetas para no caer en la trampa. Aunque lo más sencillo siempre es comer productos naturales: fruta, verduras, frutos secos (ojo con estos últimos, que si son fritos ya no vale), etc.

Y así llevo ya un tiempo, metiendo en mi dieta muchas manzanas, junto a los anacardos, las nueces y las uvas, entre muchos otros alimentos de ese estilo. Además, apenas ingiero azúcar salvo la taza de leche con Cola Cao por las mañanas (alguna que otra cae como merienda, pero no suele ser lo normal) y de vez en cuando unos churros con azúcar (solos no me gustan) en uno de los puestos que hay en el mercadillo.

Este tema cobró más importancia en mí en unos talleres donde conocí gente nueva gracias a un proyecto en el que estaba y aún estoy metido. Allí escuché hablar a una chica sobre este tema, sobre lo poco que cuidamos lo que comemos y la repercusión que puede tener. Nuestro organismo responde de la mejor manera que puede, pero cuando ya no da para más llegan los sustos…

No somos conscientes de que el cuerpo nos da señales muy a menudo indicando que algo va mal (en este caso podría ser dolor de articulaciones por ejemplo). Supongo que por desconocimiento, al fin y al cabo, “escuchar” a nuestro organismo no es fácil. Si nos paramos a pensar, la frase “somos lo que comemos” no se aleja tanto de la realidad.

Entre la chica, Carlos Ríos y el tratar de cuidarme de cara al futuro ha hecho que me tome más en serio este tema en esta ocasión. Me lo he tomado como un reto personal con el que trataré de cuidarme un poquito más. Mi hermano incluso bromeó diciendo que me iba a dar una sobredosis de fructosa.

Como dije al principio, esto es cuestión de fuerza de voluntad y de coger el hábito. Lo sano requiere sacrificio, pero al final merece la pena y te sientes orgulloso por conseguir tus objetivos. En mi caso, me vale con no comer porquería día sí y día también como hacía antes. Mis amigos hasta me compraban una bolsa de Doritos cuando quedábamos porque sabían que me los comería yo, y ya llevo bastantes meses sin comerme ni uno.

No sé a dónde me llevará esto, ni si será para siempre. Al final, a la parca le da igual que hayas comido bien o no que si quiere te recoge igualmente, pero mientras, le voy dando largas.

#NuncaDejéisDeSonreír


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La vida se cuenta por recuerdos

Dejaros de 2015, dejaros de 2016, dejaros de años, dejaros de propósitos, dejaros de esos tópicos que solo llegan por estas fechas. Dejaros de decir cosas solo ahora porque es cuando echamos la vista hacia atrás. Dejadlo ya.

La vida no se cuenta por años, no se cuenta por la buena fe que tenemos diciendo que nos hemos propuesto algo en concreto. No podemos medir nuestras vidas solo cuando hay un día concreto que parece que para muchos es un antes y un después cuando en realidad no es cuestión de fechas sino de actitud.

La vida se cuenta por días, la vida se cuenta por recuerdos, por momentos y experiencias. No malgastéis el tiempo en palabras que solo duran unas semanas, moved el culo de vuestras sillas y cread vuestro camino, construidlo y formad una historia tras otra que para vosotros tenga un valor incalculable cuando para otros apenas tenga sentido.

Compartid vuestros días con las personas que más os apetezcan, decid las gilipolleces que se os ocurran, haced el tonto de vez en cuando, reíd hasta que os duela, escuchad, observad, llorad, amad, conoced personas y descubrid mundo. ¡Pero hacedlo ya!

No dejéis que llegue una fecha determinada para proponéroslo, hacedlo cuando lo sintáis de verdad, de corazón.

Estoy harto de ver como ahora todo son intenciones y buenos deseos. Cuando esto acabe, todo será igual que antes, pero porque vosotros dejáis que así sea.

Y no, yo no pienso dejar que eso ocurra… Pienso seguir construyendo mi camino ladrillo a ladrillo, día tras día. Seguiré viviendo aventuras y poco a poco se crearán recuerdos que iré acumulando.

He tenido la suerte de grabar (literalmente) para siempre algunos momentos de mi vida, fue una decisión que ahora mismo valoro más que nunca. Ya no son recuerdos solo para mí, ahora los puedo compartir con muchos de vosotros y quiero que así sea por mucho tiempo.

Solo pensad que no sabemos siquiera si llegaremos al mañana, por lo que debemos disfrutar de cada día como si fuera el último.

La vida no se cuenta por años, la vida se cuenta por recuerdos…